Leyendas Urbanas con Macacos

Juan Carlos Monedero, en una entrevista en el programa de la Cadena Ser Carne Cruda, describe el experimento realizado con monos en el que algunos de ellos son “castigados” cada vez que otro trata de alcanzar una banana en lo alto de una escalera. Al final del experimento, todos los monos, aunque no hayan sido “castigados” directamente, heredan una especie de miedo a coger la banana (todo el proceso del experimento, explicado en los dibujos que van a continuación).
Juan Carlos Monedero es un polítologo entusiasta, muy buen comunicador, pero parece que peca de dar por buenas ciertas historias que cuadran con su discurso, sin preocuparse demasiado de si estas historias son reales o no. Este experimento, por ejemplo (“creo que lo hizo Harlow”, dice), nunca existió como tal. Se trata de una historia que otros autores han metido en sus libros desde los años 90, y ha ido pasando de boca en boca como una leyenda urbana.
De parcialidad no estamos libres ninguno de nosotros, pero el entusiasmo que tiene este politólogo por el Chavismo también peca de ver sólo las partes que encajan con su discurso idealista, de buenos y malos, de sí, vale, pero los otros más.

Formas de Conocimiento

El Ser Humano, como parte de sus mecanismos de supervivencia, tiene una predisposición a tratar de entender el entorno que le rodea. Esta propensión, a través del pensamiento mágico, se convirtió en Religión: con el fin de dar forma, de conceptualizar, de verbalizar los conocimientos, se crearon unos entes, los dioses, que eran los depositarios de las explicaciones que no terminaban de cuadrar pero que encajaban si los “humanizabas”, a los que se les otorgaba también el rol de guardianes de las reglas de convivencia de la comunidad: si hay una catástrofe es porque el dios tal se ha enfadado, hay que cumplir con las reglas porque si no el dios cual te castigará.

Como forma de conocimiento y convivencia fue una estrategia exitosa, ya que nos permitió sobrevivir durante miles de años.

Por otra parte, hace cientos de años se consolidó una nueva forma de conocimiento, la Ciencia, que le ha comido terreno paulatinamente a la Religión, originando la paradoja de un exceso de éxito que nos puede llevar a la extinción: nos hemos multiplicado tanto que podemos acabar con los recursos del planeta, incluso hemos desarrollado tecnologías que pueden provocar cataclismos.

Estas dos formas de conocimiento, la Religión y la Ciencia, coexisten con fricciones: la primera es un método arcaico que sigue teniendo gran aceptación, ya que la segunda, a pesar de ser una forma de conocimiento más desarrollada, no logra responder a todos los miedos, inseguridades y emociones de las personas.

Pero el tiempo sigue pasando, el peso de la Religión se irá diluyendo, y es posible que un nuevo método de conocimiento, superior incluso al científico, se descubierto.

Vidas pasadas, lecturas olvidadas

Jane Evans es un ama de casa galesa de 32 años que se interesa por el hipnotismo como medio para curar su artritis. El hipnoterapista es Arnall Bloxham, un experto en este tipo de tratamientos que además de tratar enfermedades reumáticas, es capaz de llevar a las personas, mediante hipnosis, no solo al momento de su nacimiento sino más allá, a vidas pasadas.

Son los años 70, y el señor Bloxham graba estas sesiones, cientos de ellas. Jane Evans es su caso más “espectacular”. Por medio de la regresión hipnótica, Jane describe su vida como:
  • Livonia, una mujer que vivió en la época romana en York;
  • Rebecca, una judía que vivió en los tiempos en los que éstos fueron perseguidos en la Inglaterra del siglo XII (en York)
  • Alison, una sirviente egipcia de un burgués francés de la Edad Media;
  • Anna, una sirvienta de Catalina de Aragón;
  • Ann Tasker, una costurera en el Londres de principios del XVIII;
  • y la Hermana Grace, una monja católica que vivió a principios del siglo XX en Iowa, Estados Unidos.
Según Bloxham, investigó los detalles proporcionados por  estas regresiones y su conclusión fue que eran genuinos, no podían ser fantasías. Y varios libros y documentales fueron publicados para communicar al gran público todas estas certezas.

Creer en lo que quieres creer es fácil. Y estas historias de reencarnaciones son tan, tan convenientes, tan razonables, tan oportunas. Cuadran el círculo de una vida que no tiene sentido si la ves desde la óptica cruel de jugártelo todo a una carta. Con una interminable sucesión de vidas los hijos de puta que hay por el mundo acaban pagando, reencarnándose en algún tipo de ser inferior; y los buenazos somos compensados con un upgrade más adelante. No en esta vida, claro, sino en otras futuras. Cosas del karma. En esta vida nos tendremos que apretar los machos y comernos la mierda que nos echen.

Y es que, al final, la reencarnación, más allá de lo poética que puede parecer la idea en un primer momento, es un meme que invita entre lineas a la pasividad, al amuermamiento, a la dejación, a la indiferencia.

Volviendo al caso del señor Bloxham y su aventajada paciente, Jane Evans, su caso no solo fue analizado por investigadores con querencia por el sentido existencial. Mervin Harris investigó este caso desde el punto de vista de la “criptomesia”, que viene a decir que ciertos actividades mentales, como recuerdos o brotes de creatividad con aparente origen paranormal, no son más que recuerdos inconscientes de un material memorizado tiempo atrás. Sus descubrimientos más interesantes son:
  • Lavonia, la mujer romana, podría estar basada en la novela de 1947, “The Living Wood”. Personajes inventados por el novelista aparecen en las memorias de Jane Evans.
  • La vida de Rebecca, la mujer judia, podría estar basada en una emisión radiofónica sobre los hechos del siglo XII.
  • Alison, la sirvienta del burgués frances, es un personaje de la novela The Moneyman, basada en la vida real de Jacques Coeur. Jane Evans describe a Jacques como un hombre soltero, tal y como es descrito en la novela, a pesar de que en la vida real estuvo casado y tuvo 5 hijos.
Otras sospecha de mi cosecha es siempre se reencarnó en mujeres, y de su mismo país o alredores. La reencarnación debe tener su inextricable lógica a la hora de asignar vidas, a saber el algoritmo que rige el reparto, pero con la mayor parte de la población del planeta en otras partes del globo, ya es casualidad que no se reencarnara en nadie de un país musulmán, del sudeste asiático, azteca o de la polinesia. Recordar detalles de culturas realmente diferentes le habría dado cierto glamour al caso.

La conclusión no es que Jean Evans estuviera mintiendo acerca de sus vidas pasadas. Seguramente esta mujer mezcló recuerdos, emociones, una innegable creatividad y manipulaciones hipnóticas para producir el espejismo de la reencarnación.


¿Cuál de las dos opciones creer?
Yo lo tengo claro, pero las personas que quieran creer en la reencarnación, a pesar de la evidente fragilidad de sus fundamentos, pues también.

Y respecto a los orígenes “literarios” de este tipo de sucesos, no es tan raro como pudiera parecer. Los avistamientos OVNIS tiene su origen en las revistas “Pulp” del primer tercio del siglo XX.