Comer diferente para salvar a un planeta.

Soy carnivoro, me encanta la carne. Unas buenas salchichas, un bocadillo de lomo, rodajitas de chorizo, y el jamón, diosss, el jamón, pan con aceite, con tomate…
Y así, en mayor o menor medida, miles de millones de personas. Y para saciar nuestros apetitos existe toda una industria carnicera que sacrifica a miles de millones de animales en todo el planeta.Más allá de las condiciones en las que viven y mueren, que ya esto solo tiene tela, la cantidad de recursos necesarios para que podamos disponer de carne en nuestros platos es ingente. No se trata de matar un cordero que tenemos en el corral para alimentarnos, sino de animales que son criados, alimentados, sacrificados, descuartizados, empaquetados y transportados, a cientos o miles de kilometros de nuestras casas. Y esto tiene un impacto en los recursos y el clima del planeta.
 
Naciones Unidas afirma que es necesario reducir el consumo de carne y productos lácteos “para conseguir una relación más saludable con nuestro planeta”.
 
Cambiar la dieta de miles de millones de personas requiere tiempo, por lo que cuanto antes se den los primeros pasos en este sentido, mejor. Pero claro, nuestro sistema político y nuestros políticos son de cortas miras, pensar en el largo plazo, en políticas intergeneracionales, es algo que les viene grande.