Fronteras

Estoy leyendo el libro Sidi, de Pérez Reverte, y lo estoy disfrutando mucho. Cuenta la historia de El Cid, en pleno siglo XI, desterrado por el rey de Castilla y León, buscando un señor al que servir, aunque sea el rey moro de Zaragoza. Una vida de mercenario en la “frontera”. 
Ir hoy en día por zonas de Castilla La Mancha, sur de Castilla y León, o Aragón puede ser interesante por todas las ciudades, pueblos y paisajes que contiene, pero no te da una sensación de estar en un sitio con las connotaciones que tienen las fronteras. Sin embargo durante algunos siglos lo fue, un lugar que determinaba no sólo la diferencia entre reinos pero también entre religiones.
Mi familia es de una pedanía de un pueblo que tuvo sus tiempos de gloria, Alcaraz, en Albacete. En los siglos XII y XIII fue un territorio de frontera, algo que es difícil de vislumbrar hoy, entre cotos de caza, rebaños de ovejas y campos de cultivo. Pero las ruinas de un castillo atestiguan que tuvo su importancia estratégica, algo que siempre me tuvo encandilado de niño.
Hoy las fronteras están en Melilla, en el Río Grande, en los estrechos, en las líneas imaginarias que los seres humanos se auto imponen según las circunstancias del año en que vivamos. 
Mañana estarán en otro lado, pero en un mundo globalizado como en el que vivimos, las fronteras físicas en este planeta acabarán diluyéndose, como dejaron de tener sentido en el pueblo de mis padres, allá por Albacete. Las nuevas fronteras serán, o lo están siendo ya, digitales, virtuales, propias de ese mundo del “Internet de las Cosas”. Y en cuanto seamos capaces de navegar de verdad en el espacio, las fronteras serán interplanetarias.

Complejidad, Simplicidad, Frustración

No sé ya cuantas veces he dicho ya que el mundo es muy complicado. Hoy más que nunca. La globalización y la tecnología lo mezcla todo mucho más que antes. No es lo mismo un problema de criminalidad en un pequeño pueblo de hace siglos que en un barrio de una megaciudad de hoy en día. 
Si habían unos malos-malotes que hacían de las suyas, sólo hacía falta contratar a los 7 Magníficos y ellos ya se encargaban de solucionarlo. Temporadas y temporadas del Equipo A se basaron en esta simple premisa, y aun se utiliza en muchas películas y series, de tal forma que tenemos imbuido en nuestra psique que grandes problemas pueden ser resueltos con soluciones simples.
Pero para erradicar la droga en un barrio de una gran ciudad no basta con fichar a Anibal, Phoenix, MA y Murdock. Te hacen falta sociólogos, trabajadores sociales, buenas escuelas, oportunidades de trabajo, centros de salud… El Equipo A no está preparado para esto. Lo suyo es llenar la furgoneta de armas de gran calibre y disparar a los malos ráfagas que milagrosamente no parecen matar a nadie.
A pesar de las expectativas que tenemos marcadas a fuego en nuestras mentes, no existen soluciones simples a problemas complejos. La consecuencia inevitable es una sensación irremediable de frustración.

El Cisne Negro está acercándose…

Leí hace unos años el libro de Nassim Taleb, El Cisne Negro, en el que desarrolla la idea de la existencias de eventos aparentemente extraordinarios e improbables pero que acaban sucediendo, porque no se trata de si algo va a suceder, sino de cuando va a suceder. Aplica esta idea a los movimientos de los mercados y sus crisis, a la caída de imperios, a guerras…
En estos tiempos de globalización estamos más expuestos que nunca, ya que el efecto multiplicador de cualquier suceso puede ser desastroso. 
Llevamos unos trescientos años con un progreso extraordinario. El claro exponente es la población mundial: de unos 600 millones alrededor de 1700 a 7.600 millones hoy, gracias al desarrollo que ha proporcionado la ciencia.
Las proyecciones ponen muy cerca los 10.000 millones, pero son proyecciones que recuerdan al pavo que ve al granjero como una persona que le cuida y le quiere de forma desinteresada, hasta que viene un día y le corta el pescuezo para servirlo como cena.
En estos días de viruses y brexits, me he levantado algo sombrío, como si escuchara pasos de un granjero acercándose…

Reviews y Pereza

Yo miro las reviews. Bueno, sólo el número final, el 4.2 o el 3.4. Normalmente soy demasiado perezoso como para leer que dicen. Hay muchas, miles, leer unas pocas no me servirá de nada, ¿no?
Supones que estas reviews están escritas por personas objetivas, que se han molestado por dedicarle un tiempo a compartir sus experiencias con el resto de la humanidad, que a pesar de cierta parcialidad, el resultado final será justo.
Pero no es un sistema justo. No lo es. La razón por la que les hacemos caso es básicamente la pereza. Análisis concienzudos requieren esfuerzo y, para el 95% de las compras que hacemos, no nos vamos a esforzar.

Memorias aumentadas

No tengo muchas fotos de cuando era niño. Me da envidia cuando lo comparo con mis hijos, que tienen fotos probablemente de cada mes de su vida. La implicación es que cuando sean mayores esas fotos activaran muchos más recuerdos sobre su vida de los que yo soy capaz de recordar sobre la mía.
Hay gente que tiene una buena memoria y pueden recordar muchos detalles de su pasado. No es mi caso, apenas recuerdo los más relevante. Pero estoy convencido que si algún amigo o familiar viniera con una vieja fotografía que yo nunca había visto, activaría recuerdos sobre lo acontecido alrededor de aquella foto.
Pero no se trata sólo de fotografías. Google Maps tiene un servicio que puedes activar desde el móvil, en el que graba dónde has estado, creando una visualización de la ruta que tomaste en un día determinado. “Gran Hermano” dirán algunos con asco. Pero no es mi caso. No me importa que Google se aproveche de esos datos porque me ofrece la oportunidad de recordar dentro de 40 años donde estuve y de esa forma activar mis recuerdos. ¿Hay algo más importante que los recuerdos? Somos lo que somos y lo que recordamos.
Nuevas tecnologías traerán nuevas formas de registrar nuestros día a día. Hasta que llegará el momento en el que lo registre todo. Otra vez, los más aprensivos verán esto con miedo. Yo lo veo como una oportunidad de ayudar a mi maltrecha memoria.


Fin de la Era del Individuo

Desde Einstein a Goya, Cervantes a Alan Turing. Estamos ante los últimos estertores de la Era del Individuo, donde obras, descubrimientos o invenciones relevantes pueden ser realizadas por una sola persona.
La Era del Ente Colectivo ha llegado con toda su fuerza. Empezó hace centenares, quizás miles de años, y está finalmente ocupándolo todo.
Las nuevas invenciones y avances tecnológicos hace tiempo que son tan complejos que necesitan la colaboración de decenas de personas y organizaciones. Pero también está ocurriendo con las creaciones artísticas: desde películas a la música, son producciones de decenas o centenares de personas. Todavía quedan reductos para la creación individual, como escribir novelas o coger una guitarra y sacar unos versos y unos acordes, pero lo normal es que el resultado sean ecos o variaciones de otros temas. La verdadera creación, la verdadera originalidad, ya no está al alcance de un sólo individuo, sólo puede venir del esfuerzo colectivo y de la ayuda de las nuevas e inteligentes tecnologías.

Salamandras quietas-parás

Unos científicos del Reino Unido y Hungría han estudiado durante años unas salamandras ciegas que viven bajo el agua en la oscuridad de unas cuevas. 
Pueden vivir cien años y son capaces de reducir su metabolismo y permanecer “quietas-parás” durante años. 7 años es el récord por ahora. En su ecosistema no tienen depredadores que les puedan atacar, lo que les permite ese nivel de despreocupación, y la principal causa para desperezarse que tienen es cuando les apetece aparearse, cosa que sólo sucede cada 12.5 años… Vamos, que la libido lo que se dice desaforada no la tienen.
Una muestra más de lo joputa que puede ser la Madre Naturaleza. Millones de años de Evolución para acabar haciendo un un-dos-tres-pollito-inglés durante años. 
Y también digno de destacar a esos científicos que anotan minuciosamente durante ¡décadas! si tal o cual salamandra se ha apareado o ha movido la barbilla. 
Como dijo el torero El Gallo cuando le presentaron a Ortega y Gasset y le dijeron que era filósofo: “Hay gente pa tó”.

Yo he nacido esta mañana

Éstas son las últimas líneas de “Juan Belmonte, matador de toros”, biografía escrita por Chaves Nogales.
Es el mejor final de un libro que he leído nunca. El periodista Manuel Chaves Nogales conoció al mítico torero a mediados de los años 30 y aunque no era aficionado a los toros, congeniaron y decidieron que escribiría su biografía a partir de largas conversaciones en las que el torero rememoraba su vida.
Una vida que empieza como un chaval que torea desnudo a la luz de la luna en la dehesa a una estrella del toreo, en una época en la que los toreros eran auténticas estrellas de rock, aquí y en Latinoamérica.
A mi tampoco me gustan los toros. O más bien no quiero que me gusten por lo que representan, aunque creo reconocer la belleza y el atractivo salvaje que tiene desprende, que me perdonen, pero también lo sintieron personajes como Goya o Picasso. 
Pero más allá de lo que uno pueda sentir por la tauromaquia, es una historia que engancha, por lo bien escrita que está, las peripecias de un personaje que vive de todo y por lo que ayuda a entender el primer tercio de la España del siglo XX.
Por eso sorprende las últimas palabras del torero, plasmadas con maestría por Chaves Nogales. Una persona que lo ha vivido todo, duda de si ha vivido lo que recuerda. Lo que importa es que un nuevo día empieza, todos volvemos a nacer por la mañana.
Aunque reconozco que también me influyó saber de antemano que Juan Belmonte se suicidó poco antes de cumplir los 70 años, en 1962. Parece ser que, él que había tenido una vida tan intensa, no se resignaba a la decadencia física y se pegó un tiro una noche en su despacho.

Las circunstancias

Hace ya algún tiempo vi uno de esos documentales sobre Hitler. Éste no se centraba en él, pero en us círculo de poder: Goebbles, Himmler, Goering… 
La impresión que me dio es que algunos de ellos eran personas ambiciosas y capaces, aunque enfocadas en el mal: la capacidad de organización de Himmler, la manipulación de Goebbles, un “artista” de la comunicación de masas… 
En otras circunstancias podrían haberse convertido en exitosos hombres de negocios, su maldad habría quedado oculta en algún anónimo consejo de administración.
Lo que te lleva a confirmar ese inquietante pensamiento, que hoy en día hay personas ahi fuera, ocupando puestos importantes en la Administración o las empresas con el potencial de convertirse en protagonistas de horrendos crímenes contra la humanidad. La suerte es que las circunstancias no son las adecuadas.
Pero en cuanto el contexto se tuerce, aparecen: la posguerra de Alemania en los años 20, las dictaduras estalinistas, maoístas, Camboya…