Malas hierbas en mi calle

Paseando por el pueblo en el que vivo, en el condado de Wiltshire en Inglaterra, me he fijado en la cantidad de “malas hierbas” que están creciendo en los bordes de la calzada, en las aceras… Supongo que el ayuntamiento, a causa del virus, está falto de personal y no les llega a mantener las calles como antes.

Esto me ha recordado a Tikal, la antigua ciudad Maya que permaneció oculta bajo la vegetación por casi mil años. Una ciudad floreciente durante el primer milenio de nuestra era, que alrededor del año 900 fue abandonada debido a sequías, guerras y enfermedades, y que cayó en el olvido hasta el siglo XIX. Todavía hoy se cree que muchos de los montículos de la selva en la que se encuentra son grandes edificios que están esperando a ser excavados.

Bueno, a lo mejor se me ha ido de madre esta relación entre las malas hierbas de mi calle y las ruinas mayas, pero, la verdad, es sólo cuestión de la escala de tiempo. No creo que el pueblo en el que vivo quede enterrado bajo la maleza en un futuro cercano, pero el coronavirus es un toque de atención acerca de lo frágil que es nuestra sociedad.

Así que no nos despitemos.

Pienso, luego existo

Anoche leía como unos científicos han manipulado los genes de unos primates, insertando ADN humano que está relacionado con el crecimiento de una zona del cerebro. Como resultado el cerebro de estos primates crece en esas zonas, de forma similar a como sucede en los humanos.

Cualquier día de estos, alguno de estos experimentos se nos irá de madre y acabaremos creando conciencia en estos animales.

Y la vamos a liar parda con las consecuencias éticas de semejante embrollo. 

Desencanto Orwelliano

Uno de los libros que más me ha impactado es “Homenaje a Cataluña”. Orwell cuenta en él sus vivencias durante la Guerra Civil española, cuando se unió por unos meses a las Brigadas Internacionales para luchar contra el fascismo.

El contraste entre el día a día en un frente en el que no suceden grandes cosas y el caos en la retaguardia, con diferentes facciones tratando de controlar el poder en el lado Republicano, el contraste entre el idealismo con el que Orwell va a la guerra y la frustración con la que la deja.

En cierto modo todos sufrimos un “reality check” cada vez que nos enfrentamos a la realidad, partimos de ideas e ideales que no son más simplificaciones imperfectas que no encajan con las aristas de lo cotidiano.

Todos somos Orwell.

La gota que colma el vaso

Si el policía que mató a George Floyd hubiera levantado un minuto antes la rodilla que aprisionaba su cuello, éste no hubiera muerto y todas las protestas de las últimas semanas a nivel mundial no hubieran sucedido.

¿O sí?

Las protestas no hubieran sucedido estas semanas, pero el contexto, las condiciones para darse estaban ahí, esperando la chispa para que se propagara el incendio. Y la realidad ofrece multitud de oportunidades para que las chispas salten en éste o aquel lugar. 

Platón vs Twitter

El mundo es muy complejo, es un enrevesado conjunto de influencias y efectos en los que no se sabe dónde empieza o dónde acaba nada.

Todos tratamos de interpretarlo, entenderlo, darle sentido. Yo mismo, en este blog, lanzo ideas sobre cómo asimilar la realidad, pero la sensación es que simplemente estoy interpretando la forma de las nubes. Totalmente subjetivo, totalmente basado en espejismos que nada tiene que ver con la esencia de las cosas.

Es el mito de la caverna, más de dos mil años después de que un tal Platón lo planteara, en un mundo supuestamente menos complejo que el actual.

Pero no, qué espabilado era el tío barbudo ese, que fue capaz de explicar un concepto tan eterno, que lo mismo vale para un contexto con esclavos y persas que para otro con wifi y twitter.

Los últimos de Filipinas

La Historia de España no tienen muchos momentos de los que sentirse orgulloso en su pasado reciente. A falta de de hitos históricos relevantes, el orgullo patrio convirtió una derrota en un hecho memorable: la defensa numantina de un grupo de valientes que resistieron un año al enemigo americano y filipino en una remota iglesia, a pesar de que la guerra ya había acabado.

Este tipo de hechos han sido frecuentes a lo largo de la historia, ya que no existían buenas conexiones a Internet que te informaran al minuto de lo que estaba sucediendo. Los casos de soldados japoneses rindiéndose décadas después del final de la segunda guerra mundial son un ejemplo triste de aquello.

Pero más allá de estas curiosidades que forman parte de la Historia Militar, el concepto de gente que se resiste a una realidad palpable puede trasladarse a la psicología de los individuos. Nuestro cerebro actúa filtrando la información que recibimos, y aunque la recibamos no nos la creemos, como aquellos militares españoles que dudaban que los periódicos que el enemigo les estaba proporcionando, en los que se leía que la guerra había acabado, eran una trampa.

No aceptar las consecuencias de la globalización y el fin del nacionalismo es un ejemplo de pensamiento en modo “Los Últimos de Filipinas”. Siempre existirán un grupo de “últimos”, resistentes heróicos, ante cualquier idea, por muy arcaica o cuestionable que sea.

Re-equilibrar los salarios

Estoy a favor de un capitalismo regulado.

Creo que los incentivos para los emprendedores y los que más contribuyen son necesarios para el sostenimiento de la economía.

Pero creo que el egoísmo subyacente a este sistema tiene que ser controlado, porque tiende al “tó pa mí” con mucha facilidad.

Uno de los efectos indeseados que han crecido en las últimas décadas es la brecha entre lo que reciben los que están en puestos directivos respecto a la mayoría de los trabajadores. Los bonus e incentivos han contribuido a que el ratio de desequilibrio entre estos salarios haya crecido demasiado, algo que no sólo es injusto desde el punto de vista social, sino que no es realista en cuanto a la contribución al resultado de la empresa, más teniendo en cuenta que normalmente los directivos tienen una visión cortoplacista del resultado de la empresa, un “me lo llevo calentito y que me busquen después” que no es beneficioso para el futuro de la empresa.

Identidades

Los medios de comunicación y transporte fueron determinantes en los últimos siglos en la formación de las identidades nacionales.

El ámbito local y “nacional” de estos medios provocaba que leyeras noticias sobre tu entorno geográfico y que fuera más fácil viajar a Madrid que a París o Estocolmo. Con el paso de unas cuantas generaciones este “bias” cognitivo favorece el desarrollo de las identidades nacionales. De hecho las tensiones territoriales e independentistas son fruto del mismo fenómeno.

Pero el alcance de los medios de comunicación y transporte en las últimas décadas ha generado la aparición del “globalismo”, la sensación de que pertenecemos a un mundo más global, al ser capaces de informarse al mismo nivel de lo que ocurre ha 20 km de tu casa o a 2.000.

A su vez, surge un nuevo tipo de identidad, más relacionada con las afinidades e intereses que en ámbitos geográficos. De esta forma tenemos seguidores de Trump en Recoletos o de Ariana Grande en Tanzania.

Unas pocas generaciones más y las identidades nacionales no tendrán la relevancia de hoy, y serán reemplazadas por un mejunje que no será simple de gestionar.

Los drones se acercan

Uno de los efectos de Covid-19 es el incremento de las ventas digitales y, como consecuencia, el incremento en la necesidad de repartir los productos a domicilio.

Las empresas no dan abasto, hay listas de espera en los supermercados para repartir sus productos. Esto puede provocar la aceleración en la adopción de los drones como herramienta de reparto. Hay muchas complicaciones técnicas y prácticas, pero acabarán superándose y es posible que en veinte años sea un servicio cotidiano al que apenas prestamos atención.

Igualdad, no de beneficios, sino de oportunidades

¿Por qué el mundo es tan desigual? La riqueza de unos países contrasta con la pobreza de otros, y dentro de un mismo país también existen desigualdades.

Sólo las sociedades más simples y primitivas no han sido desiguales, por lo que la desigualdad es inherente al crecimiento y al aumento de la complejidad.

Los ideales de igualdad se basan en motivos muy nobles pero luchan contra la esencia misma de la sociedad. La complejidad implica reparto del trabajo, lo que a su vez conlleva diferentes skills, esfuerzos, capacidades, motivaciones. En esa complejidad es muy difícil encontrar el ideal de “igualdad”. ¿Qué es ser iguales? ¿Ganar lo mismo, disfrutar de privilegios sin importar tu contribución al grupo?

Igualdad de beneficios no es lo que realmente necesitamos, lo que necesitamos es igualdad de oportunidades y justicia en el reconocimiento del esfuerzo y la contribución de cada uno.