Los Límites de la Ciencia vs La Infinita Tontería

El método científico, con todo el increíble desarrollo que ha producido en los últimos siglos, tiene ciertas limitaciones, ya que depende de la capacidad de medir la realidad. En algunos casos todavía no podemos medir con exactitud ciertos conceptos, como por ejemplo la “conciencia”, porque realmente no hemos sido capaces de definirla con exactitud.

Pero esos límites van cayendo, ya que paso a paso se desarrollan métodos que permiten medir cosas que antes no se podían medir, como la antigüedad de unos restos arqueológicos, la distancia de las estrellas o el número de generaciones que una mutación genética ha estado en el ADN.

Pero, claro, la Ciencia lo tiene mal para competir con las supersticiones, los pensamientos conspiranoicos o la pseudo-ciencia, porque todos estos no tiene límites en sus métodos, como pueden decir lo que quieran sin necesidad de probarlo…

Es que la tontería y la estupidez, estos sí que no tienen límites.

Iraníes en el centeno

J.D. Salinger litigó con un director de cine iraní y un escritor sueco por problemas con los derechos de sus historias. El primero hizo una película basada en uno de sus relatos, el segundo escribió una novela con un personaje que se suponía era el protagonista de “El Guardián en el Centeno”, pero ya con más de 70 años (en el libro original, escrito a principios de los 50, el protagonista tiene 16).

Lo que me sorprende de estos hechos es la actitud de Salinger hacia sus historias y personajes y hacia las creaciones de otros. Todos los autores, todos, por muy originales que sean o se crean, se nutren de lo que han leído de otros. Y es fantástico que hayan otros creadores en lugares tan distantes como Suecia e Irán utilicen las ideas que han sido filtradas por uno. En lugar de sentirse ultrajado por un concepto materialista, muy americano, de los derechos de autor, Salinger debió sentirse honrado de que el filtro de sus creaciones hubieran llegado tan lejos.

Código progresista

Hoy en día la cosa de matar a gente no suele estar bien vista, pero no siempre fue así. No hace tanto la gente se desafiaba en duelos por gilipolleces como el honor o se cogía la escopeta para aclarar malentendidos sobre donde poner un mojón, o porque te habían robado el caballo. Y no hace falta irse a un pasado más o menos reciente para encontrar en algunas culturas, hoy en día, asesinatos de mujeres que son aceptados por la sociedad en la que viven.

Pero la excepción es la mentalidad actual, la violencia ha sido lo normal ha sido durante miles de años. Cuando hace casi cuatro mil años Hammurabi estableció su código, ese del “ojo por ojo”, fue todo un avance progresista para sus coordenadas espacio-temporales. Y eso que decía cosas como “si un hijo niega a su padre se le cortará la lengua” o “si alguien es pillado robando será ejecutado”. Hammurabi quería poner orden en su imperio, que con tanto nuevo territorio y tantas costumbres diferentes, en unos sitios cortaban la lengua, en otros el pie, en otros no hacía nada… un lío, vamos.

Una suerte vivir en los tiempos actuales.

Cosas que resisten

En un mundo en constante cambio es extraño ver cosas que no cambian.

El boli Bic vino al mundo en Francia en 1950 y desde entonces se ha vendido miles de millones en todo el mundo. Todavía hoy, en el mundo de internet, coches eléctricos y populismos virtuales, el diseño de este bolígrafo resiste y se sigue utilizando todos los días.

Y lo que le queda, moreno. 

Jugando con fuego

Lo del Brexit no lo termino de entender del todo. Como concepto estoy en contra. La idea de la Unión Europea es buena, es necesaria, eso de construir organizaciones que vayan más allá de los decimonónicos estados nacionales. Pero reconozco que su implementación es tosca, mal vendida, no lo suficientemente ilusionante y entendida. Así que en el mundo populista en el que vivimos entiendo que haya quien aproveche la confusión para retroceder a las ideas antiguas. Es una especie de momentáneo impulso reaccionario en un mundo que se dirige hacia la globalización de una forma irremediable.

Pero al mismo tiempo creo que todos los estados nacionales, todos, están sucumbiendo gotita a gotita a esa globalización. Las organizaciones supranacionales están en todas partes: desde las empresas multinacionales, a las comunicaciones, a nuestro supermercado. Las legislaciones tienen que adaptarse a este nuevo contexto y, por ejemplo, ante la aceleración de lo de trabajar desde casa que conlleva la aparición del Covid-19, será habitual en pocos años que una pyme tenga entre sus trabajadores gente que viva en diferentes continentes.

Así que lo del Brexit, a corto plazo, es una gotita en un océano, a largo plazo se verá como una anécdota. El problema es que esa gotita está en la parte del océano en la que yo vivo, y más allá de las dinámicas macroeconómicas, nos va a afectar a unos cuantos. Y alarma que los que están negociando por la parte británica son unos descerebrados que no entienden de la misa la mitad.

Así que a ver con qué consecuencias nos vamos a enfrenar, en el corto plazo.

Factor Amor en el desarrollo del Ser Humano

Fisiológicamente los seres humanos somos seres humanos desde hace 200.000 años, miles de años arriba o abajo. La “explosión” cultural llegó hace unos 70.000. Así que requirió su tiempo llegar al punto de que la “gente” se comportara como “gente”.

Puede que una mutación genética que favoreciera el desarrollo del cerebro ayudara, pero en principio es la acumulación de conocimiento, gotita a gotita, la que permitió esta explosión de manifestaciones culturales. En un contexto en el que no había un medio escrito sobre el que transmitir el conocimiento, este pasaba de persona a persona, con las limitaciones de la cantidad de información que puede transmitirse con este sistema.

Y un factor importante en este “boca a boca” es tener el suficiente tiempo para recibir y transmitir información. Si te mueres pronto, no da tiempo a mucho que transmitir, la cadena se rompe.

Por otra parte, la continuidad en el tiempo de las comunidades en las que vivían estos individuos es otro factor relevante. De nada sirve tener a unos tipos superinteligentes en una tribu si la tribu desaparece por una hambruna o comidos por unos tigres.

Y para que la tribu tenga más probabilidades para sobrevivir, esta necesita de un número mínimo de individuos, no vale con que la tribu sea sólo de un par de docenas, seguramente hacen falta algunos más.

Por último, el “vivir lo suficiente para contarlo” implica la posibilidad de equivocarse y rectificar, intentar algo, fallar y aprender de ello. En un contexto en el que equivocarse tiene consecuencias físicas, la conclusión es que necesitas de personas que cuiden de tí cuando te equivocas, cuidarte cuando estás malito, un período esencial para recapacitar y aprender de los errores. Así que uno de los factores esenciales para el desarrollo de la cultura es cuidarse los unos a los otros. Llamemos a este último factor, el Factor Amor.

Tanques y oficinas

¿Tiene sentido invertir miles de millones en que el ejército renueve tanques, aviones o barcos? En la época de los ataques terroristas, de los hackers informáticos, los riesgos no están en una invasión a la antigua usanza. De la misma forma que los fabricantes de espadas dejaron de ser importantes hace más de doscientos años, los ejércitos tienen que repensar si vale la pena en invertir en las armas habituales en el último siglo.

Las empresas tienen desafíos parecidos hoy en día. ¿Invierten en edificios de oficinas donde los trabajadores se concentren para trabajar? ¿O invierten en la infraestructura necesaria para permitir el trabajo en remoto? Los tiempos cambian, y las dueños de las zonas de oficinas en las ciudades ya se están planteando reorientar su uso a viviendas.  

El chocho de ahí fuera

Tras leer un par de artículos sobre una conjetura matemática que no ha sido probada después de más de dos mil años, y sobre la evolución de la Inteligencia Artificial en el mundo del ajedrez, me doy cuenta de que la capacidad del ser humano de crear sus propios mundos virtuales es algo que raya en lo vicioso.

¿Qué es lo que lleva a que unas personas dediquen la mayor parte de su energía a algo que no tiene una evidente aplicación práctica? Porque no me vale que luego se puedan aprovechar los frutos de esos esfuerzos en otras aplicaciones prácticas y provechosas. La realidad es que a esos matemáticos y programadores lo que les pone no es la utilidad práctica de sus esfuerzos, es el desafío de solucionar un problema, un problema imaginario, para más inri. Así que cualquier beneficio que se pueda sustraer de esto es puro efecto colateral.

No sé por qué lo hacen, de la misma forma que no sé porqué yo escribo estas líneas. O quizás sí que lo sé… Lo hago por tratar de entender mejor la realidad de ahí fuera, es un intento de desmadejar todo el chocho en el que nos encontramos. Así que supongo que estos matemáticos y programadores, de alguna forma, también están intentando lo mismo.

Caminos por descubrir

Las hijas de un par de familias amigas nuestras van a empezar la Universidad esta semana. Se van a Londres a vivir en un colegio mayor, se independizan formalmente de sus padres, aunque todavía dependan económicamente de ellos.

Es un cambio brusco para los padres, que sufrirán el síndrome del nido vacío, pero para ellas comienza toda una aventura, la aventura de sus vidas, y no puedo evitar sentir una envidia sana.

Tener la vida por delante, experimentar por primera vez tantas cosas, equivocarte por el camino sin que las consecuencias sean irreversibles… Todo esto no es algo que ellas aprecien a sus 18 años, pero perros viejos como yo lo vemos un momento excitante que tiene que ser exprimido y aprovechado al máximo.

Una pena que cuando eres joven te falta la experiencia, y cuando tienes la experiencia no tienes la libertad, por las obligaciones que contraes al formar una familia, y la reducción de oportunidades que se manifiesta conforme te vas haciendo mayor.

Supongo que es posible encontrar un punto intermedio, y la verdad es que no me quejo de dónde estoy, de dónde me ha llevado la vida. Pero es cierto que no es lo mismo la inercia de una vida satisfactoria que las emociones de una por descubrir.

2020

Uno de los regalos de cumpleaños para mi hija ha sido una máscara con la boca de un oso de peluche. Ha sido sólo una broma, pero es un detalle que no habría tenido sentido hace sólo unos meses.

Este 2020 va a ser un año recordado como un momento de inflexión en el que se aceleraron transformaciones latentes, cambios que redibujarán la sociedad en la que vivimos.

2020 será un año con significado propio, como lo fueron 1989, 1939, 1914, 1969, 2001, 1492, 1789…

Años que sólo con nombrarlos ya te dicen algo.

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