Información

En una pequeña tarjeta de memoria puedes almacenar las obras completas de Shakespeare, Victor Hugo, Beethoven, Bob Dylan, Las Grecas y todas las películas ganadoras de los Oscars.

En algo tan pequeño como la punta de tu dedo puedes almacenar una gran cantidad de información, pero eso no es nada con la información que la vida ha sido capaz de almacenar a nivel microscópico en unas pequeñas tiras de aminoácidos. En nuestro ADN está toda la información que permite construir una nueva versión de nosotros, nuestros potenciales, nuestros debilidades y la historia de nuestra especie, se esconden los secretos de nuestra evolución, de nuestro parentesco con otros seres vivos.

Cagadas inteligentes

Toda la tabarra que nos están dando con lo de la Inteligencia Artificial, lo maravillosa que es, cómo va a cambiar nuestras vidas…

Y sí, tiene gran potencial pero hoy por hoy tiene unas cimientos muy endebles. Todavía no creo que cumpla las expectativas y, siguiendo el ciclo de la sobreexpectación, creo que estamos descendiendo hacia el “abismo de la desilusión”, antes de llegar a la “meseta de la productividad”.

Por el camino espero varias grandes cagadas auspiciadas por la inteligencia artificial. No del tipo “fallar al reconocer una cara” o “accidente provocado por coche autónomo”. Hablo del tipo que puede provocar una crisis económica global por la confianza apresurada y desmesurada en sistemas que tienen un porcentaje pequeño pero relevante de fallos. Un 99% de fiabilidad puede ser catastrófico por el efecto dominó que ese 1% restante puede provocar, unidos a otros 1%´s de otros sistemas “inteligentes”.

Lo peor de una situación así es que todo estará tan imbricado que probablemente nadie será capaz de entender qué puñetas está pasando.

Mente y cerebro

 “La mente es lo que el cerebro hace”.

Esto lo que la mayoría de neurocientíficos dicen, los llamados “materialistas”, porque vinculan la mente a la realidad física del cerebro.

Pero hay otros prestigiosos neurocientíficos que dicen lo contrario, que la mente es algo que puede separarse del cerebro. Para ello ofrecen como pruebas los resultados de estudios científicos que demuestran que operaciones complejas como el cálculo matemático no pueden ser localizados en una parte concreta del cerebro o que las personas a las que se les extirpa una parte del cerebro para evitar ataques epilépticos todavía tienen “consciencia”, todavía “son ellos”.

Yo estoy del lado de los materialistas, supongo que por coherencia con el resto de mi pensamiento. No estoy de acuerdo con las posturas de los no materialistas, pero seguiremos investigando.

Las huellas del Tiempo

Existen cosas que son imposibles de saber. Por ejemplo, el nombre de un campesino que vivió en una pequeña aldea de algún lugar de Europa durante el siglo III DC. Cuántos hijos tenía, como le llamaban sus amigos, las canciones que le cantaba su madre cuando iba a dormir.

Sabemos los nombres de algunos reyes o generales del pasado, nombres de batallas, gracias a la arqueología podremos encontrar vasijas o monedas, huesos de algún anónimo cadáver, podremos saber de qué murió o de qué se alimentaba, pero nunca podremos saber su nombre.

Aunque podemos deducir muchas cosas del pasado, el tiempo ejerce su dictadura con su avance hacia el futuro y ha dejado muchas cosas que nunca podremos saber por el camino.

Pero la tecnología ha abierto una puerta que antes no existía. Un historiador del futuro, de dentro de miles de años podrá saber mi nombre, las canciones que me cantaba mi madre, cuántos hijos tengo, lo que pensé un día como hoy, en el que escribía estas líneas.

Nosotros, las personas que vivimos en esta época que nos ha tocado vivir, tenemos la oportunidad de ser recordados.

Soldados en la trinchera

Un soldado de la Primera Guerra Mundial podía demostrar un valor y un coraje inconmensurable, dejarse literalmente la vida en la toma de una trinchera o una colina, una conquista temporal, inútil, sin ningún sentido.

Salvando las distancias con algo tan dramático como la guerra, en el mundo de la empresa te puedes llegar a sentir como un soldado en una trinchera, frustrado ante las órdenes que recibes, tomadas por ejecutivos que dirigen desde alejados despachos, por burócratas que no han pisado el frente, por personas que sólo ven líneas en unos mapas pero que no las entienden.

Las reglas del juego han cambiado pero los que dirigen no se dan cuenta, mientras los soldados seguimos tiritando de frío en la trinchera.

Cadenas de montaje, no siempre una buena idea

La cadena de montaje es una idea cojonuda. Dividir el trabajo en tareas simples que pueden ser ejecutadas por diferentes personas incrementa la productividad.

Pero no siempre.

Antes de plantear una cadena de montaje como planteamiento para producir algo hay que tener en cuenta la naturaleza de la tareas a ejecutar. ¿Puedes dividir la actividad en tareas independientes? ¿Pueden ser realizadas por personas diferentes? ¿Suceden en un contexto estable o cambiante?…

En el caso del mundo del “data”, que es al que me dedico, los planteamientos “tradicionales” de desarrollo de software no funcionan: una persona que recoge requerimientos, otra que diseña, otra que los desarrolla, otra que lo prueba… Estos planteamientos, que ya se han demostrado anticuados en el mundo del desarrollo de software, fallan considerablemente en el del “data”, porque no es posible producir un producto con esa división del trabajo.

Las personas que recogen los requerimientos, que diseñan los productos, que los desarrollan necesitan “business understanding”, necesitan entender el esfuerzo de hacer algo, necesitan iterar, desarrollar rápidamente “proof of concepts” que tienen que ser testeados rápidamente por los usuarios…

En este contexto, la naturaleza de estas tareas las hacen poco externalizables, no deberían ser “carne de outsourcing”, porque no es trasladable todo este conocimiento a personas ajenas a la naturaleza de las tareas a desarrollar.

Atacar en los tiempos de las ametralladoras

Los generales de la primera guerra mundial utilizaron planteamientos decimonónicos para una realidad de metralletas, tanques y cañones de gran calibre. Lanzar oleadas y oleadas de soldados contra puestos perfectamente defendidos resultó en una carnicería, millones de soldados muertos, una guerra que sólo acabó por agotamiento de los contendientes.

Este tipo de desfase, entre una realidad que se transforma y los anticuados planteamientos de los que toman decisiones, ha sucedido multitud de veces a lo largo de la historia, y sigue sucediéndose, a un ritmo mayor hoy en día debido a la aceleración de las transformaciones tecnológicas. Un desfase que existe no sólo en el ámbito militar, sino que existe en todo tipo de ámbitos: en las empresas, en la política, en la educación…

En el caso de las empresas, estoy viendo transformaciones que me pillan de cerca y veo como los ejecutivos, formados en la realidad de hace veinte o treinta años, toman decisiones siguiendo “modas”, se dejan llevar por el rumor de lo que otras empresas han hecho, sin darse cuenta de que llegan tarde a esas “modas”, que para cuando se han decidido por una de esas decisiones han surgido otros planteamientos que encajan mejor con la realidad. Y mientras, dejan el el camino repleto de víctimas, los empleados de estas empresas.

Fuerzas contrapuestas

La península Ibérica y la Isla de Gran Bretaña tienen en común el contar con un territorio con una frontera natural muy clara, el mar. Esta frontera natural invita a la unificación de los pueblos que viven en estos territorios, un proceso sangriento que dura siglos pero que tarde o temprano sucede, aunque se de forma temporal.

En el caso de la península Ibérica, que tiene una frontera “natural” más, los Pirineos, la total unidad de todos los pueblos bajo un mismo jefe sólo sucedió durante 80 años entre los siglos XVI y XVII. Cuando esto sucedía en Gran Bretaña todavía el reino de Escocia era independiente.

En ambos casos esta tendencia a la unificación es contestada y hoy en día ambos territorios tienen movimientos de independencia en Escocia, Cataluña y Euskadi.

Fuerzas que se mueven en diferentes direcciones, el equilibrio es solo una ilusión momentánea en el transcurso de la Historia.