Lo Cotidiano, lo Inaudito

Hace poco hemos visto en casa “Unorthodox”, una serie de Netflix que cuenta la historia, basada en hechos reales (con licencia creativa), de una chica de una pequeña secta ultraortodoxa judía que vive en Nueva York y escapa de su matrimonio y de su entorno para irse a vivir a Berlin.
Esta serie aporta elementos que la ayudan destacar de entre la abrumante cantidad de series que te provocan largos y sostenidos bostezos. Por una parte te enseña la inquietante realidad de una secta anclada en el pasado, machista, con costumbres y vestidos pintorescos, ajena a las novedades que ofrecen las tecnologías.
Por otra parte, la chica protagonista al escapar se enfrenta a una nueva realidad, cotidiana y hasta aburrida para todos nosotros, pero fascinante para ella. Descubrir como se puede utilizar un buscador de internet, utilizar un móvil, ponerse unos pantalones vaqueros, bañarse en la playa. Prácticamente como si metieras a una persona de la Edad Media en una máquina del tiempo y te la trajeras para acá.
Ante tanto chorreo de series, que uno ya no sabe lo que mirar, ayuda a aprender otras realidades, y ofrece unos personajes diferentes, casi extraterrestres, con los que identificarse y olvidar por un rato el tedio de tanta cuarentena.

Había una vez, en tal lugar a alguien le sucedió tal cosa

Parece increíble que con sólo siete notas se puedan componer tantas y variadas melodías, que nunca se nos acaben, pero es porque hay que tener en cuenta que a los tonos hay que añadir los semitonos, el tempo, los acordes, las escalas, el color, la intensidad…

“Había una vez, en tal lugar a alguien le sucedió tal cosa”. En cierto sentido, según John Yorke, un productor de televisión británico que está a punto de publicar “In TheWoods: A Five Act Journey Into Story”, todas las historias del mundo se reducen a este simplificado argumento. Y es que, como la música, también pueden reducirse a un limitado número de elementos que se combinan para conseguir muchos e inesperados resultados. Según este autor son los siguientes:
  • El Protagonista
    • La historia te presenta un personaje principal y te invita a que te identifiques con él o ella, que se transforme en tu avatar. Y no hace falta que sea simpático o bueno, puede que nuestra identificación se base en zonas oscuras y desconocidas de nuestra personalidad.
  • El Antagonista
    • Hitchcock decía que cuanto mejor sea el villano mejor será la película. El antagonista puede ser “Externo”, como los malos del James Bond, o “Interno”, representado por las debilidades del protagonista: alcoholismo, cobardía, baja autoestima. “El antagonista representa las cualidades que le faltan al protagonista”. Joker le decía a Batman: “You complete me”.
  • El Deseo
    • Aaron Sorkin: “Alguien tiene que querer algo, algo tiene que interponerse. Si tienes esto, tienes una escena”. Pero una cosa es lo que los protagonistas creen que quieren y otra es lo que finalmente acaban encontrando: Rocky, Little Miss Sunshine, Cars, Tootsie…
  • El Incidente
    • Es el “algo” que sucede, lo que despierta el deseo, el problema que hay que resolver.
  • El Viaje
    • Durante la búsqueda de su objetivo el protagonista cambia, no va a ser la misma persona que al principio de su viaje.
  • La Crisis
    • El momento donde no se sabe cómo el protagonista va a salir de esa, el dilema final, en el que tiene que tomar una decisión definitiva.
  • El Clímax
    • La respuesta que el Incidente plantea, “¿Qué va a pasar?”. Pues esto. El momento en el que el protagonista se enfrenta al antagonista.
  • La Resolución
    • Tradicionalmente todos los hilos de la historia han tenido un final, casi siempre feliz. Pero cada vez nos encontramos más finales abiertos.
  • Ponerlo todo junto
    • En mayor o menor medida, la combinación de los elementos anteriores están presentes en todas las historias. Incluso la ausencia de alguno de ellos puede tener una implicación narrativa
En todo caso tenemos que recordar que el punto de partida no son más que una veintena de caracteres, que con sus infinitas permutaciones nos ofrecen resultados de lo más variopintos: desde una receta de Arguiñano al Boletín Oficial del Estado, desde el guión de “Salvame” a un poema de Neruda.