Back to the Fluzo

La Teoría de la Relatividad predice que en dos objetos moviéndose a distinta velocidad, el reloj del objeto más lento irá más deprisa que el reloj del objeto más rápido, algo tan real que los satélites que orbitan la Tierra cuentan con este efecto para ajustar el tiempo que miden con sus relojes.

Una física australiana, Joan Vaccaro, propone una nueva teoría según la cual esta “dilación” de tiempo también podría suceder a nivel quántico, sin velocidades diferentes de por medio. Este año se está realizando un experimento, que durará meses ejecutarlo y otro tanto para analizar sus resultados, en un reactor nuclear. Si se comprueba que los relojes que sitúan en diferentes lugares del reactor marcan diferencias consistentes con esta teoría, se convertirá en un descubrimiento a la altura de los que Albert Einstein realizó a principios del siglo XX.

El “condensador de fluzo(*)” podría estar más cerca de lo que parece…

(*) Lo de “fluzo” fue una mala traducción en el doblaje español de “Regreso al Futuro”

Regreso al Futuro en Belfast

John DeLorean fue un igeniero norteamericano, hijo de inmigrantes de Rumanía y Hungría, que tras convertirse en uno de los ejecutivos estrella de General Motors decidió crear su propia empresa de automóviles.

El mítico DeLorean de “Regreso al Futuro” fue el coche que su compañía creó, un automóvil con el que pretendió hacer frente a las grandes empresas del sector. Pero sus sueños fueron más grandes que su capacidad de gestionar un desafío como aquel y su inclinación por la vida lujosa y por las trampas contribuyó a su caída. En su desesperación intentó vender cocaína a gran escala, sin saber que en realidad estaba negociando con agentes del FBI.

Su plan para construir el coche del futuro le llevó a montar la fábrica en Belfast, a finales de los 70, un tiempo en el que aquella región era una zona de guerra. El gobierno británico, ávido por encontrar inversores que dieran trabajo a la zona con más desempleo de Europa, subvencionó la fábrica con decenas de millones de libras, y durante un par de años esta fábrica se convirtió en el único lugar de esa región donde los católicos y protestantes convivían en paz. Un gran éxito sociológico, con unos efectos a largo plazo que hubieran sido muy positivos. La pena es que el negocio de DeLorean estaba destinado al fracaso, en buena medida debido a su personalidad y sus dotes como empresario.

Cuando más arreciaban sus críticas, cuando ya se sabía que había intentado vender cocaína por millones de dólares, un documental sobre esta historia muestra una mujer a las puertas de la fábrica que está a punto de ser cerrada a principios de los 80 que dice: “Trabajaría con el diablo si me pagara un sueldo”.

Los valores morales de cada uno de nosotros se adaptan a nuestro contexto. A esta mujer, que vivía en una de las zonas más peligrosas y más pobres de Europa, no le importaba que su jefe vendiera droga y que fuera un empresario desastroso. Lo que le importaba era hacer llegar un sueldo a su casa. Por supuesto.