Organización divina

El Cristianismo logró imponerse como la religión dominante durante los últimos siglos del Imperio Romano y el mundo todavía hoy, dos mil años después, sigue notando los efectos de aquellos acontecimientos.

¿Cómo pudo una pequeña secta lograr dominar el “mercado de las religiones” en aquella época? Nunca existe una sola razón: el contexto de declive del imperio, pestes, el atractivo de las nuevas ideas… Y una de esas razones es seguramente su capacidad organizativa. Una jerarquía que empezaba a funcionar como un reloj, ritos bien establecidos, mensajes sencillos, claros, repetitivos… Una organización que era capaz de sobrevivir a sus líderes y a sus errores.

Una organización que fue capaz de vender ideas como la de la Santísima Trinidad sin que la gente pestañeara… es una organización eficiente.

Conjeturas razonables

La Conjetura de Goldbach establece que todo número par es la suma de dos números primos. Así, por ejemplo, el 36 es la suma de 17 y 19, o 82 es la suma de 79 y 3, incluso números como 911.111.111.344 es la suma de 911.111.111.243 y 101.

Esta conjetura ha sido confirmada para números pares en el rango de billones, pero aun así no ha sido probada. Los números pares siguen hasta el infinito, y un sólo ejemplo de número par que no sea la suma de dos números primos tiraría abajo la conjetura.

Este es un ejemplo que leo sobre “cosas que existen que no pueden ser conocidas por completo”, sobre los límites de lo que puede ser conocido incluso en campos como las matemáticas.

La verdad es que la cabeza me da la vueltas con artículos como este, supongo que not termino de entenderlo todo, pero me llega una conclusión que puedo aceptar, esto es, que existen límites a lo cognoscible, que a pesar de el push de confianza que nos ha dado la ciencia en los últimos siglos no todo puede ser probado con certeza.

Pero esto no puede ser una puerta para admitir pensamientos ridículamente esotéricos. Porque puede que no podamos probar con 100% de seguridad la conjetura de Goldbach pero, vamos, que no está desencaminada. Y además, ¿a quién le importa que un número con cientos o miles de dígitos no la cumpla?

Lecturas literales (o no)

El Vaticano ha publicado un comunicado recientemente en el que dice que no bendicirá uniones del mismo sexo porque no puede “bendecir el pecado”. En una explicación de dos páginas en siete idiomas diferentes, aclaran que las personas gays deben ser tratadas con dignidad y respeto pero el sexo homosexual es un “desorden” que no forma parte del “Plan de Dios”, porque las uniones sagradas entre hombres y mujeres son para tener hijos.

Bueno, por lo menos tratan de ser coherentes con lo que han estado diciendo durante cientos y miles de años. Tienen unos libros, escritos hace ya algún tiempo, y tratan de ceñirse a ellos. Si no lo hicieran, ¿qué les quedaría? Si apuestan por verdades inmutables y esas cosas no pueden ir cambiando de opinión cada dos por tres, ¿no?

Aunque, si lo miras bien, los cambios de opinión han sido bastante habituales. Hace ya tiempo que los critianos acuden a aquello de “no interpretar la Biblia de forma literal”, por la cosa de tener en cuenta el contexto en el que se escribieron las cosas y ceñirse más al fondo del mensaje. Una estrategia muy socorrida que te permite pasar por alto páginas y pasajes enteros del libro, a gusto del consumidor. El Antiguo Testamento está lleno de masacres, incluso tiene instrucciones sobre como gestionar a tus esclavos o como tratar a las mujeres que tienen su menstruación, o recomienda lapidar a un hijo que no hace caso a sus padres. El Nuevo Testamento es más suave, pero no es un tratado de igualdad de género, por ejemplo.

Así que, Vaticano, puestos a saltarte las insensateces literales de la Biblia, por saltarse dos o tres más, tampoco pasa nada.

Dios, concepto in-humano

He descubierto hoy un libro del hispanista Gerald Brenan en las tiendas de “charities” del pueblo en el que vivo. “The Face of Spain” cuenta el viaje por España en 1949, años después de vivir un tiempo en Andalucía, tierra que dejó al poco de iniciarse la guerra civil.

Es un diario de su re-encuentro con un país al que admira y por el que se siente preocupado. Sólo he empezado el primer capítulo, pero me ha gustado su reflexión sobre la perspectiva de las cosas. Viaja en avión a España y observa el paisaje por la ventanilla, y piensa en el concepto de Dios y el hecho que se suponga que nos ve a todos desde allá arriba. Pero cuando se ven las cosas desde tal distancia se pierde la “humanidad”, dice algo así como que “para sentir lo que siente un ser humano uno deber verlos de forma horizontal, uno solo puede ser ´humano´ si estás al mismo nivel que las personas”.

Un Dios que lo observa todo, que nos ve como hormiguitas de un gran hormiguero, no puede ser humano.

La lotería del Universo

Según la teoría del Big Bang, todo el Universo se originó a partir de un único punto, del tamaño de una pelota de fútbol, punto que condesaba toda la materia y la energía, punto que es el ancestro de todos los átomos de nuestro cuerpo. Es sólo una teoría, no es algo irrefutable, y deja muchas puertas abiertas. ¿Qué había antes? ¿Han existido más Big Bangs?…

¿Por qué estoy dispuesto a creerme una idea tan absurda e incompleta como ésta y no me creo que haya un ser superior que haya guiado todo el proceso? Es una pregunta que podría hacer un creyente, animado por las debilidades de teorías aparentemente muy especulativas.

Pues porque aunque las teorías sobre el origen del Universo puedan tener debilidades y flecos, es normal que el ser humano no sea capaz de responder con exactitud todos los misterios del Universo. Por lo menos por ahora. El conocimiento evoluciona por acumulación y si hoy no somos de responder algo con precisión tengo la certeza de que seremos capaces de encontrar la respuestas mañana. Si la teoría del Big Bang no es correcta, tarde o temprano alguien vendrá con una idea mejor, que se ajuste mejor a la realidad que observamos, en lugar de aceptar dogmas originados hace miles de años en unas sociedades diferentes a la nuestra, dogmas que han sido arbitrariamente manipulados a lo largo de los siglos.

Porque tratar de encontrar una respuesta, por incompleta que pueda ser, es mejor que renunciar a entender algo, usando el “comodín mental” que supone rellenar los huecos de nuestro conocimiento con dioses y supersticiones.

Porque a pesar del vértigo que puede suponer entender que la vida es un accidente, que en principio no tiene sentido, me siento afortunado porque me ha tocado la lotería de vivir y quiero disfrutarlo mientras pueda, sin caer en la tentación de utilizar el placebo de la religión.

Perder el contexto, perder el sentido

En la serie documental Larry Charles’ Dangerous World of Comedy, Larry Charles, guionista de la serie Seinfield, entrevista a Genral Butt Naked, un señor de la guerra de Liberia y le pregunta a qué sabe la carne humana. Este le responde que algunas partes saben a costillas de cerdo. Este diálogo no forma parte de un guión, es una conversación real, porque este general ha comido carne humana, muchas veces.

Este general también ejecutaba rituales en los que se sacrificaban niños traídos por los líderes de una tribu que estaban pasando por algún momento complicado. Cuenta el caso de una madre que le suplique que sacrifique a su hija de 3 años porque personas de su tribu estaban muriendo.

Este tipo de pensamiento mágico, el del sacrificio incluso de seres humanos para solucionar un problema, ha sido normal durante miles de años y es el que da sentido a la historia de la Biblia en la que Abraham está a punto de sacrificar a su hijo porque Dios lo quiere. Esta historia está escrita en un contexto en el que era normal sacrificar personas, y lo que ofrece esta nueva religión, es revolucionario: no hace falta matar a un ser humano en nombre de tu Dios.

Pero pasan centenares, miles de años, ese contexto cae en el olvido, y lo que nos queda es una historia confusa en la que parece que el mensaje es seguir a tu Dios, aunque te pida hacer cosas horribles. Fe ciega en tu Dios.

El mensaje original ha quedado totalmente adulterado, ya no tiene sentido.

Esta pérdida de sentido puede ser aplicada a muchas de las ideas que nos influyen hoy en día, de forma más o menos explícita. El mundo de la religión tiene muchos casos, ya que se trata de sistemas de pensamientos anclados en escritos antiguos, pero también puede ser aplicada al mundo de la política, en el que seguir a pies juntillas escritos de pensadores del siglo XIX puede inducir a conclusiones peligrosas en un mundo, el del XXI, que es radicalmente diferente.

Entender la historia es fundamental para entender el presente y el futuro que nos espera.

Mucho lío para ser hecho por alguien

Las salpas son unos seres marinos similares a las medusas, con un cuerpo translúcido y un incipiente sistema nervioso. Ver este ser es como ver un ser de otro planeta. Y lo mismo se puede decir de multitud de otros seres, marinos, microscópicos, insectos… La increíble variedad de seres vivos es otro síntoma de que en este planeta, en este Universo, somos sólo una más de las posibilidades en las que se ha manifestado la vida, que todo esto que está montado a nuestro alrededor no fue hecho para nosotros, que no somos el centro de nada.

¿Reencarnarme? Elijo gato

Hoy, mientras paseaba, he visto un gato adormilado sobre un muro. Empezaba a chispear y las pocas gotas que caían apenas molestaban a ese gato gordo y apachorrado. Lo primero que me vino a la mente fue “Qué cabrón…”, porque, la verdad, daba envidia esa actitud que mostraba de “joer, vaya siestecita más buena me estoy metiendo…”.

Como ateo devoto que soy, lo de la reencarnación me parece una enternecedora y creativa forma de justificar el orden del cosmos, pero si existiera realmente una patraña como ésta, está claro que reencarnarse en gato doméstico sería claramente un ascenso en la escala de seres vivos del Universo.

¿Que te has comportado como un cabrón durante tu vida? Te reencarnas en lombriz intestinal, de esas que residen cerca del ojete. ¿Qué has sido una persona de puta madre, un bendito? Te reencarnas en gato.

Así que cada vez que veas un gato echándose una siestecita, piensa que detrás de esa pachorra, ese actitud de “me la suda todo”, a lo mejor hay una persona que se lo curró en la vida anterior, y resulta que ese gato fue Ghandi, o Teresa de Calcuta, o incluso el mismísimo Eugenio.

Dios Globetrotter

Poner a Morgan Freeman de narrador en un documental le da un empaque que te cagas. Esa voz, esa presencia… ponte a decir cualquier tontería y queda de puta madre.
La idea del documental está muy bien: ir por el mundo a buscar las diferentes representaciones que los seres humanos tienen de Dios. Desde un católico en Massachussets, a un hindú en en Bengala, o un animista en una tribu de África.
La importancia del punto de vista de partida es aquí patente. Para mí, ateo redomado, el documental es un ejemplo extraordinario de como “Dios” es un constructo humano, es una invención originada por una necesidad común, compartida por seres humanos de toda condición. Pero, claro, llega el momento final de la entrevista al feligrés de turno y en lugar de concluir “fíjate, otro iluso que se traga este espejismo”, va y Morgan Freeman suelta algo así como “esta persona siente a Dios dentro de ella, y si lo siente será que Dios existe, claro”. Es ahí cuando se me ponen los pelos verdes de indignación.
Pero va y sigo viendo el documental, porque en todo caso el tema me interesa y todavía quiero conocer como las diferentes sociedades sienten este espejismo.
Aunque hay veces en las que me indigno todavía más. En el último capítulo que vi, un superviviente del 11-S, que estaba con su mujer en las Torres Gemelas, va y suelta que el que él y su mujer sobrevivieran fue gracias a la intervención divina… Manda huevos por los otros dos mil y pico que murieron… Es este tipo de interpretaciones de lo que a uno le pasa en la vida lo que me pone los pelos como escarpias…

Religiones Ocultas

Hay gente que cree en dioses explícitos, como los cristianos, los musulmanes, los judíos… Hay otra gente que cree en dioses implícitos, como los que creen en la “mano invisible” del capitalismo, o los que creen en la inevitabilidad del comunismo en la evolución de la sociedad, o los que creen en los inalienables derechos del ser humano, o los que creen en la superioridad de la raza blanca.
En todos estos casos, la gente está creyendo en una especie de orden “supra-humano” que gobierna el mundo. Y tienen sus libros sagrados, sus mártires y hasta sus fiestas de guardar.
Esto es lo que defiende Yuval Noah Harari en su libro “Sapiens”, y, vaya, que tiene todo el sentido del mundo.
Todos necesitamos tener cierto grado de “fe”, necesitamos tener un esquema sobre el que basar nuestro entendimiento del mundo que nos rodea. Pero, entonces, ¿da igual que sistema de creencias elijamos?
Bueno, igual, igual, no da. Todos tienen sus problemas, ninguno es perfecto, pero en mi opinión tenemos que elegir el que menos inconsistencias internas tenga y el que mejores predicciones genere acerca de la realidad que nos rodea.