Inmortalidad

   Apenas recuerdo mi vida mortal. Nací hace millones de años, no recuerdo cuantas veces, no sabría decir cuál de esas vidas fue la primera. O, mejor dicho, me da pereza calcularlo con precisión. Digamos que fue a finales del siglo XXI, alrededor de la década de los 70. Fui hombre, mujer, niño, anciano, huraño, generoso, feliz e infeliz… Fui todo lo que los seres humanos que forman el origen de mi existencia fueron, con sus virtudes, sus defectos, sus pasiones, sus anhelos, parte de esa minoría de la humanidad que disfrutaba del 95% de la riqueza del planeta Tierra, aquellos que pudieron permitirse la tecnología que abrió las puertas a la inmortalidad, externalizando mentes primero de unos cuerpos a otros, más tarde a unos híbridos hombre-máquina, para pasar finalmente a una difusa nube en la que todas las vidas, todas las mentes, acabaron por amalgamarse en una sola, una única existencia que sobrevivió a todas las vidas mortales, infinita, omnipresente, ese Dios en el que me he convertido.

   Millones de años después sigo recorriendo el Universo, descubriendo mundos, explorando sistemas, creando vida en planetas cuyos seres evolucionarán, se preguntarán de dónde vienen, desarrollarán la tecnología que les acercará a lo que me he convertido, se fundirán con mi existencia para seguir con un ciclo infinito y absurdo, un impulso, el castigo del instinto de supervivencia.

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La Omnisciencia y la madre que la parió

Éste era el poder que Dios tenía que más me incomodaba cuando era pequeño, seguramente la razón primigenia por la que me rebelé contra la religión. ¿Qué era eso de que lo veía todo, que lo sabía todo? No sólo podía detectar los pecados de “acción” sino también los de pensamiento. Qué cabrón… Usar los poderes sobrenaturales para cotillear al personal. La ruptura definitiva vino cuando llegué a la pubertad y me empecé a “conocer” un poco más, ya saben. Eso de que un ser omnipotente no me dejara disfrutar ni de mis momentos más íntimos…
Ya de mayor, convertido en un ateo de pelo en pecho, leo las noticias sobre el espionaje masivo perpetrado por la NSA. Qué cabrones… Los americanos juegan a ser dioses, la tecnología está convirtiendo esa mentira inventada por líderes religiosos del pasado para controlar al personal en algo que está cerca de convertirse en real. George Orwell falló en el año, pero poco más.

  
La versión de 2013 viene a ser algo así:
 

Seguramente yo soy uno más de los millones de involuntarios participantes en ese “Gran Hermano” global, mis descargas de bitorrent me habrán puesto ahí.


¿Me preocupa realmente? La verdad, no demasiado. Me imagino a un analista de la NSA viendo mi perfil en su ingente base de datos bostezando de aburrimiento: lo peor que he hecho es descargarme capítulos de Breaking Bad, de The Good Wife y ver los partidos del Madrid por rojadirecta. Lo demás, grandes cantidades de emails de publicidad recibidos, alguna que otra chorrada por WhatsApp, las lecturas matinales de los periódicos en Internet, el consciente despilfarro de unos eurillos en la improbable pero deseada esperanza de que me toque el Euromillón.

 
La realidad es que los cachivaches que han caído en nuestras manos desde hace un par de décadas generan información que está siendo acumulada por las empresas y los gobiernos. Yo mismo trabajo en un proyecto de CRM en el que estamos modernizando los sistemas, pero puedo decir que por ahora todo es bastante rudimentario. Sí, acumulamos información, pero no tanta como uno podría pensar, la calidad de los datos es cuestionable y la visibilidad que se tiene de ellos es bastante mala. Existen leyes que dicen lo que puedes hacer con los datos y lo que no deberías hacer, pero éstas, como siempre, van detrás de una realidad tecnológica que avanza deprisa, muy deprisa.

¿Podemos realmente parar todo este maremágnum de datos? Es inevitable que la información fluya, la tecnología lo hará cada vez más fácil, llegará el momento en el que realmente hablemos de Omnisciencia Tecnológica. A lo mejor, si somos conscientes de que estamos siendo “vigilados”, lo que deberíamos hacer es pedir que exista algún tipo de “sistema consolidado” donde reside toda la información generada a partir de cualquier medio, con el fin de controlar mejor quien tiene acceso a esos datos, con qué fines, cuando tienen acceso… Esto permitiría un mejor control, el escenario opuesto sería la existencia de múltiples islas de información, mucho más difíciles de controlar.
 
Pero, claro, esto sería reconocer que no podemos quitarnos de encima ese ojo cotilla que nos atosiga hasta en nuestros momentos más íntimos.
In a series of bombshell leaks, the extent of the US government's alleged spying on Americ...

Qué lío de irreflexión. Mejor lo dejo aquí, que me deprimo.

Salto Teológico-Evolutivo

Imaginemos que la tecnología es capaz, en un futuro más o menos lejano, de transplantar nuestra mente, nuestra esencia, a otro soporte físico. En un principio podría ser el cerebro de una persona más joven, pero podría llegar el momento en el que no tendría que ser un soporte biológico, y ni siquiera sería un artilugio físico concreto, podría estar en una“nube”, repartido por los diferentes servidores de una world wide web futura.

Estas mentes podrían existir durante cientos, miles de años, ser inmortales, aunque estarían expuestos a nuevos riesgos: virus, obsolescencia, clonaciones…Una existencia híbrida, entre lo humano y lo tecnológico, un salto evolutivo de proporciones cósmicas, una posibilidad que por extraña, grotesca y rebuscada que nos parezca, está ahí.

Seres como éstos estarían más cerca del concepto de dioses que del de humanos, podrían cruzar el Universo, colonizarlo, entender su sentido, o su sin-sentido. Pero no tendrían porqué ser ni Buenos, ni Malos, sino todo lo contrario.