Paralelismos

La película “Selma” cuenta la historia de Martin Luther King y las marchas de 1965 en aquella ciudad de Alabama en defensa del derecho de los votos de la comunidad negra.

La película es de 2014 y me imagino a los líderes del independentismo catalán viendo esa película, inspirados por ella, sintiéndose unos Martin Luther King de principios del siglo XXI, luchando por una injusticia al nivel de la que sufría la comunidad negra 50 años antes.

Me los imagino imaginando eso, porque imaginar es gratis y uno puede poner en su cabeza cualquier cosa, por descabellada que sea.

Porque no, el sufrimiento real de la comunidad negra de Estados Unidos no es comparable al sufrimiento imaginado por los independentistas, un sufrimiento que no cuadra con los niveles de desarrollo, de bienestar, de riqueza de Cataluña. Sí, buscaron el enfrentamiento y la torpeza del Gobierno de España del momento les regaló algunas imágenes deplorables el 1 de Octubre de 2017, pero los independentistas olvidan que ellos intentaron imponer su idea a la mitad de la población de su propia región, comportándose moralmente como los blancos sureños que atacaron a los manifestantes del puente de Selma en 1965.

Perezas independentistas

Hay catalanes que reclaman el derecho a decidir si quieren seguir formando parte del estado español. También vascos y  gallegos. En menor medida, valencianos, canarios, baleáricos y hasta asturianos.

Luego están los escoceses, con referéndum a la vista en el 2014, el pollo que siempre tienen montados los valones y los flamencos en Bélgica, los de la región de Quebec en Canadá, los kurdos, que los pobres están repartidos entre Turquía, Siria e Irak. Los Tuareg no quieren estar ni con Níger ni con Mali. A nuestra ex-colonia del Sáhara Occidental le hicimos una putada dejándola a su merced con Marruecos. Los corsos en Francia, los chechenos en Rusia, los de Padania en Italia, los bávaros en Alemania, los tamiles en Sri Lanka, los papúa en Indonesia, el Tíbet en China, y lo de que las potencias europeas cogieran la regla y dibujaran en el mapa líneas rectas para repartirse África creó un lío en este continente que varias generaciones después todavía están con guerras por aquí, conflictos por allá.
En fin, que lo del sentimiento nacional que sí, que vale, que por mí lo del derecho a decidir, si las condiciones son las adecuadas, que estoy de acuerdo. Y en el caso de Cataluña se dan las condiciones. Y si se confirma el cese de la violencia de ETA en Euskadi, pues también. Como si Murcia o Albacete quiere su referéndum: estarían en su derecho.
Lo único, es que da una pereza… Sobre todo si nos ponemos a mirar el origen de lo que hoy en día consideramos naciones. Son fruto de guerras entre poderosos, de matrimonios pactados para ampliar dominios, de conquistas sangrientas, de decisiones arbitrarias, de casualidades. La serie de televisión de RTVE, Isabel, a pesar del tufo españolista que hace que parezca que esta reina fue algo así como la Virgen María, muestra lo que fue el origen de este país que ahora le ha dado por ganar mundiales de fútbol: una casualidad de la Historia. Que si la pelea con su hermano por el trono, que una batalla de más o de menos cambia el curso de lo sucedido, o que si las muertes prematuras de niños destinados a heredar el trono, que si le llegan a tapar bien por las noches o le lavan los cubiertos como es debido no coge la pulmonía en cuestión o la cagalera de la muerte y va y cambia el curso de la Historia.
En fin, que debería tocar algo más cosmopolita y menos cerrado, pero como sólo es mi opinión, si se quieren separar que se separen, que tampoco me apetece estar con quien no quiere estar conmigo.