La épica de la derrota

Los americanos saben bien como convertir en épica una derrota. El documental “The battered bastards of baseball” cuenta la historia de como Bing Russell, actor secundario de la seria Bonanza, compró los derechos un equipo de beisbol de tercera, en Portland, y convirtió a ese equipo, los Portland Maverics, en un exitoso club independiente que dio mucha guerra a los equipos más importantes, controlados por los clubs de las grandes ligas.

Duró poco, la aventura sucedió entre 1973 y 1977, hasta que Bing Russell, padre del actor Kurt Russell, fue forzado a venderlo por la monopolística liga americana de beisbol.

Mientras tanto llenaron los estadios, ganaron a muchos rivales más poderosos y dieron segundas oportunidades a muchos jugadores válidos. No ganaron realmente nada, pero ahí están, en la memoria colectiva de los aficionados al beísbol, representado las esencias más auténticas de un deporte que es religión para muchos americanos.

Y la historia queda muy bien en un documental.

Acostumbrarse

El “Juego de la Soga“, en el que dos equipos tiran de una cuerda con el fin de que el contrario cruce una línea central, fue olímpico durante 20 años, de 1900 a 1920.

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La Marcha Atlética apareció por primera vez en los juegos de Londres de 1908.

 
A pesar de lo ridículas que puedan parecer algunas cosas, si nos acostumbramos a ellas, nos llegan a parecer normales. Y esto vale tanto para los deportes olímpicos como para la política: monarquía, corrupción, mentiras electorales, indemnizaciones diferidas…

Darwinisimo balompédico

Durante el siglo XIX se practicaban diferentes juegos de pelota en Inglaterra, cada uno con sus propias reglas que variaban entre ciudades y escuelas. En algunos sitios se podía coger el balón con la manos, en otros se permitían los placajes, el número de jugadores variaba, el tamaño del campo, la duración de los encuentros… La llegada del ferrocarril favoreció la organización de campeonatos entre regiones y la necesidad de reglamentos unificados empezó a hacerse evidente. Diferentes códigos se propusieron con mayor o menor éxito y en 1863 un grupo de 12 clubes de Londres se propusieron unificar criterios, creando la Football Association (lo de “Association” era por diferenciarlo de otras reglas del momento; de este término se acabó derivando la palabra “Soccer”, algo así como los “asociacionistas”). Durante 6 reuniones en la Taberna Freemanson’s, entre el 26 de octubre y el 8 de diciembre, se sentaron las bases del fútbol tal y como lo concebimos hoy en día: prohibición de correr con el balón en las manos, de golpear o agarrar al adversario… Pero uno de esos clubes no estuvo de acuerdo con la deriva ñoña y cursi de este reglamento. ¡Qué era eso de no poder saltar todos sobre el tipo que tenía el balón! ¿Dónde está la regla que permite que veinte tipos sudorosos y embarrados se arremolinen abrazados sobre la pelota? ¿Y qué es eso de un balón redondo? ¡Un melón es lo que hace falta! Así que los tipos más altos, más corpulentos, más rudos y menos preocupados por las apariencias de sus orientaciones sexuales dejaron la asociación y se convirtieron en los fundadores de la Rugby Football Union.