El Papa que murió con las botas puestas

No deja de sorprenderme el encontrar joyas anticlericales como la lista de Papas sexualmente activos que nos ofrece wikipedia, con detalles bibliográficos acerca de si tal o cual Papa tuvo hijos, estuvo casado, tuvo amantes, fue homosexual o si sus descendientes heredaron el puesto.

De esta jugosa lista tengo que destacar a mi favorito, Juan XII (937-964). Nombrado Papa a los 18 años, le llegaron a acusar de convertir la Basilica de San Giovanni en un burdel y murió nueve años después a manos de un marido que pillló al Sumo Pontífice en plena faena con su señora.

Cómo no sentir simpatía, y hasta envidia, de un Vicario de Cristo tan carnal, tan lleno de hormonas, tan Don Juan. ¡Y qué escena tan grandiosa! Me imagino al cornudo abriendo la puerta, encontrando al Santo Padre, culo en pompa, con las piernas de la madre de sus hijos en todo lo alto. Tras un segundo de arrebatadas vacilaciones teológicas que le hinchan las venas del cuello, el esposo se caga en los Apóstoles, en la Santa Madre Iglesia y hasta en el mismo Dios y desenvaina la espada. El Pontífice se desenvaina de la esposa, trata de escabullirse, todavía erecto, por la habitación y es ensartado, quedando clavado como un Cristo contra el armario empotrado…
Un verdadero mártir. A ver si me entero que día se celebra su santo.
(Por cierto, la foto muestra un retrato de Juan XII que no se ajusta a la realidad, ya que cuando fue asesinado contaba con 27 años de edad).

El Sínodo del Cadáver

Formoso fue elegido Papa en Octubre del 891. No hizo demasiados amigos durante su papado ya que tras su muerte en Abril del 896 su sucesor Esteban VI (nos saltamos a Bonifacio VI, que sólo disfrutó de la cosa de la mitra por 16 días) le sacó de la tumba, le puso sobre una silla con sus vestimentas papales y le juzgó por sus actos durante su pontificado, en lo que se conoce como el Sínodo del Cadáver.

File:Jean Paul Laurens Le Pape Formose et Etienne VII 1870.jpg

No debió defenderse muy bien el tal Formoso, ya que fue declarado culpable, su papado fue declarado nulo, le quitaron sus ropas, le arrancaron tres dedos de su mano derecha, que parece que era los que usaba para las consagraciones, y tiraron su cuerpo al río Tíber, aunque fue secretamente recuperado por un monje.

Este macabro espectáculo se volvió en contra del papa Esteban VI. Rumores sobre los poderes milagrosos de las aguas del río empezaron a circular y las disputas políticas le acabaron llevando a la cárcel, donde murió estrangulado en Julio del 897.

Los siguientes Papas declararon nulo este esperpento, recuperaron el cuerpo y lo enterraron en la Basílica de San Pedro. Pero en esta delirante sucesión de líderes de la iglesia le tocó el turno a un tal Sergio III que volvió a desenterrar su cuerpo para juzgarle y decapitarle.

Otro día hablamos sobre la infalibilidad del Papa…