Pensamientos facilones

Este mes Netflix ha estrenado una nueva serie documental, “Surviving Death”, en el que se muestran diferentes aspectos de lo que sucede cuando una persona fallece: experiencias cercanas a la muerte, contactos con espíritus a través de mediums, reencarnación…

Por ahora sólo he tenido estómago para ver buena parte del primer capítulo y las sensación que me dejan es la de decepción. Ya sé que existen programas que defienden puntos de vista pseudocientíficos pero que se le de voz a través de una plataforma tan potente como Netflix es preocupante.

La vida después de la muerte es un tema que favorece la confusión, las medias verdades, los puntos de vista aparentemente científicos y el tratamiento “profesional” que aparenta el documental junto con la credibilidad que ofrece una plataforma como “Netflix” contribuye a una falsa sensación de “apertura mental”, de “estar abierto a todas las opciones” que en realidad sirve tanto para creer en la vida después de la muerte, como en que el planeta está controlado por una raza secreta de reptiles que viven bajo tierra, o en la necesidad de asaltar un Capitolio.

Está muy bien estar abierto a opciones pero tenemos que ser exigentes con nuestros planteamientos para que esa “apertura mental” no deje entrar planteamientos facilones, perezosos o buenistas.

Me abasteceré de buenas dosis de Alka-Seltzer para verme toda la serie documental, y trataré de ser más específico con las costuras que veo en esta serie.

Inteligencia Astral

Las cartas astrales, basándose en la posición de las estrellas y los planetas, te adivinan qué tipo de persona eres y tu futuro. Sus líneas entrecruzadas, sus símbolos, las figuras geométricas… Da la apariencia sofisticación, con toques científicos, lo que le da credibilidad a su palabrería.

Porque, al fin y al cabo, todos sabemos que es simple palabrería. Bueno, todos no. Entre el 20% y el 30% de la gente cree que la Astrología tiene algo de verdad. A estas alturas del desarrollo tecnológico y científico… ¿Nos debería sorprender?

No, en absoluto. Porque esta necesidad de entender la realidad, aunque sea a costa de tomar atajos oscuros, está presente también en nuestro día a día tecnológico.

Nos dejamos guiar por recomendaciones sobre qué películas ver, que música escuchar, que noticias leer, tenemos fe en ese borroso concepto de Inteligencia Artificial, A.I. según sus siglas en inglés. Pero bien mirado esas letras podrían referirse a “Inteligencia Astral”, porque sigue principios similares: revestido de sofisticación, de complejos algoritmos, de mágicas líneas de código que revelan una verdad oculta para el incapaz ojo humano…

Puede que haya más ciencia detrás de esta Inteligencia Artificial, o eso espero, que la verdad es que no termino de fiarme de los imberbes jovenzuelos que la desarrollan. Pero para nosotros, los que utilizamos las recomendaciones de la A.I., es una caja negra, tan oscura como las cartas astrales que rigen los horóscopos. 

Iker, Bélmez y los tahúres de la Política

  Iker Jiménez es un fenómeno, un crack. Desde el punto de vista de la comunicación, tiene el don de mantener el suspense y llenar horas de programación con ese piquito de oro que Dios le ha dado. Bueno, como soy escéptico, más que Dios, la combinación de genes que ha heredado de sus padres más el batiburrillo de influencias socio-culturales que he impregnado su mente desde que nació.

  Reconozco que escucho podcasts de Milenio 3 de vez en cuando. Lo considero un ejercicio necesario, el tratar de enfrentarme regularmente a opiniones contrapuestas a las mías con el fin de evitar el “sesgo de confirmación“, el enfrentarme solamente a informaciones que confirman mis puntos de vista. Me enerva la sangre a veces, pero también me llega a fascinar el escuchar los argumentos de los que creen en lo paranormal y me entretiene encontrar las inocentes incongruencias de sus exposiciones o sus burdas manipulaciones. Difícil distinguir una de las otras cuando se trata de personas que viven de este “espectáculo”.

  El problema es que, más que una curiosidad psico-sociológica, es una muestra del poder de manipulación de los medios de comunicación y de la capacidad de tragarse lo que le echen de una proporción mayor de lo deseado de la población.

  Una de las “técnicas” que utilizan es tratar de vestir de “científico” lo que es simplemente palabrería o exasperante parcialidad. El programa de Las Caras de Bélmez es un ejemplo de libro. Se traen a un par de científicos, uno experto en hormigones y pinturas, el otro en temas forenses, y les piden que hagan unos análisis para demostrar la existencia de fraude. “No, no encontramos fraude”, dicen ambos ante la evidente satisfacción de un Iker Jiménez que se las da de imparcial. Estos científicos se prestan al juego de responder a unas preguntas tendenciosas, probablemente influenciados por el indudable carisma de Iker, y porque eso de salir en la tele les alegra a sus madres y a sus cuentas corrientes. El problema es que hacer un par de análisis no es hacer Ciencia, Ciencia no es mostrar un laboratorio donde se utilizan avanzados instrumentos, no se trata de un par de tíos con bata blanca mirando una pieza de hormigón.

  Un estudio científico riguroso no permitiría hacer extrapolaciones a partir de unas muestras sacadas de los bordes de una única “cara”, una que probablemente se fruto de la pareidolia, dejando sin analizar las potencialmente más fraudulentas. Un buen investigador trataría primero de explicar por qué aparece cualquier mancha en el cemento, tenga forma humana o no, y compararía las de formas humanas con las aparentemente más aleatorias, analizando otras casas del lugar que hayan sido construidas con los mismos materiales (¿aparecen caras en esas otras casas? ¿más o menos que en la “original”? Estoy convencido que soy capaz de encontrar la cara de mi abuela en las manchas de humedad de la casa de enfrente a ésta famosa de Belmez).

  El trazo de los rostros y cuerpos también pueden ser analizados por expertos en arte (por favor, evitando al propio padre de Iker Jiménez, al que éste mismo nombró fugazmente; el progenitor probablemente tiene mucho que ver con la configuración mental de su hijo). Muchos de ellos son evidentes dibujos torpes, casi infantiles, a los que podría atribuírseles autoría (dibujo A y B ellos por la misma persona, C y D por otra diferente).

  Desde el punto de vista periodístico, me interesa saber quién se ha beneficiado de este circo y cómo. Sin ir más lejos, ¿cobró la familia por este último programa? Iker pasó por encima de las polémicas del valor de la casa, de la aparición de rostros en la casa de las sobrinas.

  Reconozco que estos comentarios son fruto de la improvisación, de las ganas de plasmar rápidamente en palabras mi puntito de indignación. Pero estoy seguro que personas con más experiencia y conocimientos serían capaces de enumerar una larga lista de objeciones y propuestas para enfrentarse con seriedad a un fenómeno como éste.  Y paso por alto lo de las psicofonías recogidas durante la noche de grabación que el equipo de Iker pasó en la “casa encantada”, porque esos juegos son sencillamente ridículos (¿oyen la voz de una chica diciendo no sé qué de que está cansada? ¿no me digas? ¿en una noche de verano, en una casa que está en medio del pueblo, oyes voces? Ah vale, que es que dicen que “se aseguraron de que no pudieran llegar sonidos de ninguna otra forma”… Una pena que no explicaran como lograron este sofisticado efecto de insonorizar una casa de pueblo).

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  En fin, que echo de menos un Richard Dawkins español, un James Randi ibérico y televisivo que contribuya a elevar el nivel de exigencia intelectual que debemos demandar a las informaciones que nos invaden y confunden. Y de paso nos ayudaría a ser más críticos con toda esa charlatanería, mucho más peligrosa, con la que los Iker Jiménez de la política y la economía nos embaucan.

Vidas pasadas, lecturas olvidadas

Jane Evans es un ama de casa galesa de 32 años que se interesa por el hipnotismo como medio para curar su artritis. El hipnoterapista es Arnall Bloxham, un experto en este tipo de tratamientos que además de tratar enfermedades reumáticas, es capaz de llevar a las personas, mediante hipnosis, no solo al momento de su nacimiento sino más allá, a vidas pasadas.

Son los años 70, y el señor Bloxham graba estas sesiones, cientos de ellas. Jane Evans es su caso más “espectacular”. Por medio de la regresión hipnótica, Jane describe su vida como:
  • Livonia, una mujer que vivió en la época romana en York;
  • Rebecca, una judía que vivió en los tiempos en los que éstos fueron perseguidos en la Inglaterra del siglo XII (en York)
  • Alison, una sirviente egipcia de un burgués francés de la Edad Media;
  • Anna, una sirvienta de Catalina de Aragón;
  • Ann Tasker, una costurera en el Londres de principios del XVIII;
  • y la Hermana Grace, una monja católica que vivió a principios del siglo XX en Iowa, Estados Unidos.
Según Bloxham, investigó los detalles proporcionados por  estas regresiones y su conclusión fue que eran genuinos, no podían ser fantasías. Y varios libros y documentales fueron publicados para communicar al gran público todas estas certezas.

Creer en lo que quieres creer es fácil. Y estas historias de reencarnaciones son tan, tan convenientes, tan razonables, tan oportunas. Cuadran el círculo de una vida que no tiene sentido si la ves desde la óptica cruel de jugártelo todo a una carta. Con una interminable sucesión de vidas los hijos de puta que hay por el mundo acaban pagando, reencarnándose en algún tipo de ser inferior; y los buenazos somos compensados con un upgrade más adelante. No en esta vida, claro, sino en otras futuras. Cosas del karma. En esta vida nos tendremos que apretar los machos y comernos la mierda que nos echen.

Y es que, al final, la reencarnación, más allá de lo poética que puede parecer la idea en un primer momento, es un meme que invita entre lineas a la pasividad, al amuermamiento, a la dejación, a la indiferencia.

Volviendo al caso del señor Bloxham y su aventajada paciente, Jane Evans, su caso no solo fue analizado por investigadores con querencia por el sentido existencial. Mervin Harris investigó este caso desde el punto de vista de la “criptomesia”, que viene a decir que ciertos actividades mentales, como recuerdos o brotes de creatividad con aparente origen paranormal, no son más que recuerdos inconscientes de un material memorizado tiempo atrás. Sus descubrimientos más interesantes son:
  • Lavonia, la mujer romana, podría estar basada en la novela de 1947, “The Living Wood”. Personajes inventados por el novelista aparecen en las memorias de Jane Evans.
  • La vida de Rebecca, la mujer judia, podría estar basada en una emisión radiofónica sobre los hechos del siglo XII.
  • Alison, la sirvienta del burgués frances, es un personaje de la novela The Moneyman, basada en la vida real de Jacques Coeur. Jane Evans describe a Jacques como un hombre soltero, tal y como es descrito en la novela, a pesar de que en la vida real estuvo casado y tuvo 5 hijos.
Otras sospecha de mi cosecha es siempre se reencarnó en mujeres, y de su mismo país o alredores. La reencarnación debe tener su inextricable lógica a la hora de asignar vidas, a saber el algoritmo que rige el reparto, pero con la mayor parte de la población del planeta en otras partes del globo, ya es casualidad que no se reencarnara en nadie de un país musulmán, del sudeste asiático, azteca o de la polinesia. Recordar detalles de culturas realmente diferentes le habría dado cierto glamour al caso.

La conclusión no es que Jean Evans estuviera mintiendo acerca de sus vidas pasadas. Seguramente esta mujer mezcló recuerdos, emociones, una innegable creatividad y manipulaciones hipnóticas para producir el espejismo de la reencarnación.


¿Cuál de las dos opciones creer?
Yo lo tengo claro, pero las personas que quieran creer en la reencarnación, a pesar de la evidente fragilidad de sus fundamentos, pues también.

Y respecto a los orígenes “literarios” de este tipo de sucesos, no es tan raro como pudiera parecer. Los avistamientos OVNIS tiene su origen en las revistas “Pulp” del primer tercio del siglo XX. 

El cruel doctor Duncan

Duncan MacDougall era un doctor norteamiericano que pensaba que el alma tenia masa, por lo que sería posible determinarla pesando a moribundos antes y después de la muerte. En 1901 lo hizo, con seis pacientes, y como media obtuvo que los fallecidos perdieron 21 gramos.
Experimentos similares se sucedieron con ratas, perros, ovejas, con resultados diversos: las ovejas durante unos minutos pesaban más después de muertas, deduciendo que una especie de “portal místico” se abría sobre sus cuerpos, provocando que pesaran más; no encontró diferencias en el caso de los perros, lo que le llevó a la conclusión de que no tenían alma. Por supuesto, no se trataba de animales moribundos, los envenenaba.
Parece que su siguiente paso era fotografiar el alma, pero fracasó en el intento.
Llegó a publicar sus estudios en alguna revista científica de la época y se convirtió en una especie de leyenda urbana desde entonces.

Caras en las Nubes

Aquí va la noticia que me encontré hace poco en una web de “Misterios”: “Cara de un hombre vista en las nubes antes de morir“. La hermana del difunto tomó incluso una foto de la nube mientras su hermano, todavía no difunto, volaba de una parte a otra de Australia. Murió unos días después de un ataque al corazón. Ahí va la foto:

“Alguien más grande que nosotros sabía que algo iba a suceder”, dijo la hermana. 
La Pareidolia es el proceso psicológico que asigna significado a un estímulo. Vamos, que es el que nos hace ver la cara de Jesucristo en una tostada, rostros de difuntos en humedades de la pared, caras de hermanos en las nubes, mensajes ocultos en discos de vinilo reproducidos al revés o, como me pasaba a mi de pequeño, diversos personajes en el estrucado de la pared.
El famoso Test de Rorschach se basa en este mecanismo mental, y tiene como fin que las personas que no son capaces de comunicar sus sentimientos los proyecten en unas imágenes que en principio no tienen ningún significado.

Este proceso mental es muy conocido, aunque no sepas que se llama Pareidolia, muy fácil de entender, pero aun así muchas personas todavía siguen prefiriendo creer que hay algún mensaje oculto en lo que no son más que coincidencias.