Nieve en Texas

Estos días los tejanos están sufriendo temperaturas de -10 grados, temperaturas que no se habían registrado desde 1895. Acostumbrados a temperaturas, en esta época del año, entre 10 y 20 grados, pues eso, que lo están pasando mal.

¿Es esto un signo del cambio climático? Bueno, el hecho de que estas temperaturas pasaran no hace tanto, unos 120 años, indica que no es habitual pero puede suceder. Así que esto por sí mismo no es una prueba del Cambio Climático.

Pero, claro, un indicio no puede llevar a conclusiones definitivas, pero la acumulación de indicios sí. Si se observan casos extremos de forma más habitual, si se observan a nivel planetario, si se ve una tendencia en las últimas décadas… Para cuando tuviermos una prueba definitiva sería demasiado tarde.

Así que por aquello de “más vale prevenir que curar” tenemos que hacer algo, sobretodo si tiene sentido. Tiene sentido no comportase como guarros que ensucian el Medio Ambiente, si existen energías que respetan más nuestro entorno tiene sentido utilizarlas, si podemos reciclar lo que utilizamos, deberíamos reciclarlo, si cortamos demasiados árboles, deberíamos cortar menos… ¿Qué esto puede afectar la economía? Bueno, los motores de gasolina, por ejemplo, no son el resultado de una predestinación de origen divino, sino un desarrollo tecnológico que trastocó en su momento la industria de transporte del momento (los criadores de cabellos perdieron mucho dinero hace más de 100 años, y no pasó nada).

Que nieve en Texas no es una prueba de nada, pero es un recordatorio, debería hacernos reflexionar.

Conservar vs Cambiar

¿Por qué algunos temas se polarizan políticamente cuando da la impresión de que no deberían estar en el eje de la izquierda-derecha?

Las políticas sobre el Cambio Climático no tienen en principio un ángulo claramente político, pero, resumiendo mucho, encontraremos más negacionistas en la derecha y más enfervorizados creyentes en la izquierda.

Supongo que la razón está en que lado del concepto “conservador” una persona esté. Si tiendes a ser más conservador, tu tendencia is a “conservar el status quo”, un no me toques lo que ya existe que me pongo nervioso, si tiendes a ser menos conservador tienes una actitud de “cambiemos lo que existe”, un no pensar demasiado en las consecuencias.

Pero, claro, el concepto de “conservador” cambia en función de las circunstancias. No he buscado información al respecto, pero sería interesante ver si en los países comunistas que quedan los que apoyan medidas más directas para evitar el cambio climático son las personas “de derechas”, las que desafían el status quo.

Semos unos guarros

Cuando las series de televisión actuales están ambientadas en los 50, 60, 70 u 80, el afán de reflejar con realismo esas épocas hace que los guionistas pongan a fumar a los personajes como si no hubiera un mañana. Fuman en cada escena, no importa si están en una habitación cerrada o si tienen a una madre dando de mamar a su bebé junto a ellos, y tiran los cigarrillos al suelo.

Desde el punto de vista actual, en el que ya hemos asimilado completamente las restricciones antitabaco, esas escenas ahora nos dan arcadas. Y con razón, porque esas costumbres eran egoístas y muy poco higiénicas, por no decir directamente sucias.

Esta sensación es la que tengo con el tema de la contaminación y el cambio climático. Entiendo que los cambios climáticos son algo habitual en la historia de este planeta. Han sucedido muchas veces desde la aparición del ser humano y con cambios mucho más bruscos que los actuales. Que exista una correlación entre el desarrollo tecnológico de los últimos dos siglos con el cambio climático que estamos experimentando hoy en día no implica causalidad, es posible que no existan pruebas irrefutables que demuestren que este cambio climático es causado por la acción del hombre. Aunque este afán de los negacionistas por reemplazar la “causalidad” por “casualidad” me parece un poco infantil, porque el riesgo de perder el tiempo en pruebas irrefutables es que luego sea demasiado tarde para reaccionar.

Así que el argumento que me gustaría utilizar para convencer a los negacionistas del cambio climático es el de “por favor, dejemos de ser unos cerdos”. Producir productos o generar energía sin tener en cuenta el medio ambiente es el equivalente al fumar en una habitación minúscula junto a una mujer embarazada dando de mamar a su hijo: una grosería, una guarrada, algo dañino para el bebé, para la madre y para uno mismo. Es comportarse como un cerdo. Es normal que el desarrollo de la tecnología tenga una fase en la que el foco está más en la producción que en el entorno, pero tenemos que superar esa fase y pensar que el medio ambiente es un socio necesario en nuestro bienestar, que no tiene recursos ilimitados y que perjudicarlo es en definitiva perjudicarnos a todos.

Como la tendencia natural de los individuos es tender hacia los propios intereses es necesario que las sociedades impongan normas para limitar el abuso del medio ambiente y aunque en un principio hay quien se sienta ultrajado por las limitaciones, dentro de nada miraremos atrás y nos preguntaremos como puñetas fuimos tan guarros en el pasado.

A palo seco

 Los negacionistas del cambio climático no niegan que el clima cambie, lo que niegan es que este cambio sea causado por el ser humano.

Y tienen razón en que la relación causa-efecto del impacto del ser humano en el clima no está probada. Y es que las relaciones causa-efecto son muy escurridizas, no es fácil distinguirlas de simples, inconexas, correlaciones.

Pero ahí es donde interviene el sentido común. Muchas veces no hace falta una demostración científica para entender que algo está relacionado con algo. De la misma forma que un niño hace diez mil años entendía que la cosa de respirar tenía algo que ver con lo de no morirse, sin método científico y herramientas estadísticas a su disposición, nosotros tenemos que entender que en las últimas décadas hemos afectado el medio ambiente a una escala que, probablemente, está teniendo un impacto en un medio ambiente.

El sentido común, así, a palo seco, tiene su utilidad muchas veces. Utilicémoslo.

Tirar heces por la ventana

Creer en que la acción del hombre está provocando un cambio climático implica que tienes tendencias izquierdosas. Si eres una persona de derechas, como Dios manda, estás en contra de este planteamiento. ¿Por qué?
Este problema no debería situarse en el eje izquierda-derecha, pero lo está. En parte porque la izquierda, huérfana de claros referentes ideológicos, la ha hecho suya. En parte porque la tendencia natural de los “conservadores” es eso, “conservar”, estar en contra de todo lo que suponga cambiar el status quo.
Reconozco que no he leído de primera mano lo suficiente, mi conocimiento se basa en titulares de periódicos y algún que otro artículo que habré leído en más profundidad. Los “negacionistas” tienen razón en afirmar que los cambios climáticos se han sucedido en la historia de la humanidad, y antes nunca han estado provocados por el hombre. Y puede que no existan pruebas inculpatorias definitivas acerca de que este evidente cambio climático que estamos sufriendo esté siendo provocado por nosotros, los seres humanos. Pero los indicios son tan claros que no podemos esperar a ser lo suficientemente inteligentes como para demostrarlo categóricamente. Nos estamos jugando demasiado, hay que cambiar en el entramado de nuestra economía, diseñar una que sea más respetuosa con la naturaleza.
Requiere un gran esfuerzo, sí, pero es necesario. Y será visto como algo normal en el futuro. Desde la perspectiva de hoy nos parece una barbaridad que en las ciudades de la antigüedad la gente tirara por la ventana las evacuaciones que acaban de producir. La falta de infraestructuras en los edificios invitaba a ello. No fue ni fácil ni barato introducir los desagües en los edificios y las calles, pero todos estamos de acuerdo hoy que valió la pena. Lo que estamos haciendo hoy con el medio ambiente es el equivalente a tirar nuestras heces por la ventana. Como mínimo, está feo. Arreglémoslo, dejemos las tonterías políticas para otras cosas menos importantes.


Comer diferente para salvar a un planeta.

Soy carnivoro, me encanta la carne. Unas buenas salchichas, un bocadillo de lomo, rodajitas de chorizo, y el jamón, diosss, el jamón, pan con aceite, con tomate…
Y así, en mayor o menor medida, miles de millones de personas. Y para saciar nuestros apetitos existe toda una industria carnicera que sacrifica a miles de millones de animales en todo el planeta.Más allá de las condiciones en las que viven y mueren, que ya esto solo tiene tela, la cantidad de recursos necesarios para que podamos disponer de carne en nuestros platos es ingente. No se trata de matar un cordero que tenemos en el corral para alimentarnos, sino de animales que son criados, alimentados, sacrificados, descuartizados, empaquetados y transportados, a cientos o miles de kilometros de nuestras casas. Y esto tiene un impacto en los recursos y el clima del planeta.
 
Naciones Unidas afirma que es necesario reducir el consumo de carne y productos lácteos “para conseguir una relación más saludable con nuestro planeta”.
 
Cambiar la dieta de miles de millones de personas requiere tiempo, por lo que cuanto antes se den los primeros pasos en este sentido, mejor. Pero claro, nuestro sistema político y nuestros políticos son de cortas miras, pensar en el largo plazo, en políticas intergeneracionales, es algo que les viene grande.