Los campos que nos alimentan

Un inventor holandés ha desarrollado un método para acelerar el crecimiento de las plantas gracias a luz ultravioleta que aplica a las plantas durante la noche. El resultado parece más un espectáculo artístico que algo científico, pero según afirman ellos, puede reducir el uso de pesticidas un 50%. En el video que utilizan para promocionar su innovación dicen un par de cosas inspiradoras:

“… apenas nos damos cuenta de los campos que nos alimentan…”

“…¿Cómo podemos mostrar la belleza de la agricultura? ¿Cómo podemos convertir al agricultor en héroe?…”

El mundo en el que vivimos está tan “alicatado” que se nos olvida que lo que compramos en el Mercadona ha crecido en un campo.

Globalización en mi cocina

Miro el recipiente en el que ponemos la fruta y veo lo siguiente:

Plátanos de Costa Rica.

Manzanas de Sudáfrica.

Kiwis de Nueva Zelanda.

Mandarinas de España.

Uva de Chile.

Y yo, un valenciano-albaceteño, aquí, en el condado de Wiltshire, en Inglaterra.

Cosas de la aldea global y eso. El problema, el impacto ambiental del capricho de comer lo que nos apetezca en cualquier momento del año.

Miradas desde el futuro

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  Defender la esclavitud por el impacto económico que supondría liberar a los esclavos, un punto de vista que podría defender un latifundista del sur de Estados Unidos a mediados del siglo XIX, nos parece una barbaridad, visto desde nuestro bien entrado siglo XXI. Por encima del impacto económico que puede sufrir parte de la población está el respeto a los derechos humanos.

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  Del mismo modo, oponerse por el inevitable impacto económico a medidas drásticas para acabar con un sistema económico que beneficia a unos pocos pero que arruina el medio ambiente a nivel global, afectando el presente y a generaciones futuras, será visto tan anacrónico en un futuro cercano como percibimos hoy la esclavitud del siglo XIX.