Los Límites de la Ciencia vs La Infinita Tontería

El método científico, con todo el increíble desarrollo que ha producido en los últimos siglos, tiene ciertas limitaciones, ya que depende de la capacidad de medir la realidad. En algunos casos todavía no podemos medir con exactitud ciertos conceptos, como por ejemplo la “conciencia”, porque realmente no hemos sido capaces de definirla con exactitud.

Pero esos límites van cayendo, ya que paso a paso se desarrollan métodos que permiten medir cosas que antes no se podían medir, como la antigüedad de unos restos arqueológicos, la distancia de las estrellas o el número de generaciones que una mutación genética ha estado en el ADN.

Pero, claro, la Ciencia lo tiene mal para competir con las supersticiones, los pensamientos conspiranoicos o la pseudo-ciencia, porque todos estos no tiene límites en sus métodos, como pueden decir lo que quieran sin necesidad de probarlo…

Es que la tontería y la estupidez, estos sí que no tienen límites.

Negacionismo virológico

Interesante artículo en El Confidencial sobre los “terraplanistas” del Covid-19.
Si hay gente que niega que la Tierra sea una esfera que flota por el espacio, cómo no van a haber personas que crean que esto de la pandemia es una patraña, que la gente “se muere porque “han acudido a urgencias con un catarro y que han sufrido ataques de pánico y ansiedad en el hospital. Les falta la respiración, se los llevan a las UCI y allí se bloquean completamente”.
Gente de este pelaje creen cosas como que “el cáncer es producto de un conflicto emocional interior no resuelto”.
Por lo menos los terraplanistas, en principio, no matan con sus tonterías.

Interpretaciones

Pues resulta que David Mitchel, el autor del libro “Cloud Atlas”, cuya versión cinematográfica tanto me gustó, dice que “los personajes principales son reencarnaciones de la misma alma… identificadas por una marca de nacimiento”.

Pues vale, me acojo a aquello de que las interpretaciones de una obra son múltiples, no tienen por qué estar de acuerdo ni con las mismísimas intenciones del autor. Yo me lo tomé como las personas nos influenciamos las unas con las otras a lo largo del tiempo, con efectos incluso en siglos posteriores. Él le da el toque esotérico de las reencarnaciones, algo que a mí me sobra. El resultado en todo caso es muy interesante.

Credibilidad

Concienzudos análisis de la situación económica comparten páginas con las influencias de Saturno en las personas de signo Piscis…
Hace poco escuché un programa de radio en el que un científico se quejaba del espacio que aún ocupan los horóscopos en los periódicos serios, y que esto debería restar credibilidad a las noticias que ofrecen. El PaísEl MundoABCLa Razón¿Qué credibilidad pueden tener si ponen unas cosas al lado de las otras?

Los reptiles extraterrestres dominan el mundo…

Va por delante que soy ateo, escéptico y bastante cabezón. No es que confíe ciegamente en la Ciencia, porque reconozco sus limitaciones, pero desconfío de todo aquello que huela a esotérico o pseudociencia.

El caso es que conocí hace algún tiempo a un compañero de trabajo al que tengo bastante aprecio. Solíamos comer juntos por lo que poco a poco trabamos una buena amistad y disfrutamos de bastantes horas de entretenidas conversaciones y debates, cuya temática fue adentrándose paulatinamente en terrenos que a él le apasionaban: astrología, numerología, reencarnaciones, teorías de la conspiración… Desde puntos de partida diametralmente opuestos cuestionábamos las posiciones del otro sin llegar nunca a un mínimo acuerdo en nada.

Pero a mí me fascinaba ese mundo mágico en el que él creía, todo un universo de explicaciones fantásticas que no parecía tener fin. No era un mero aficionado a estos temas, como creía al principio, sino que se confesó todo un estudioso que era capaz de dar coherencia a las, para mí, más disparatadas teorías. Creencias que iban ganando en complejidad para garantizar su coherencia interna: los americanos no llegaron a la luna, fue todo un montaje, y los rusos, enemigos acérrimos del momento, no lo denunciaron porque la rivalidad norteamericano-soviética no era más que un montaje organizado por el verdadero gobierno en la sombra del planeta: una raza de reptiles extraterrestres que controlan el mundo desde tiempos inmemoriales, que viven mayoritariamente en enormes estructuras subterráneas, aunque algunos de ellos adoptan formas humanas, como el propio George W. Bush, que es uno de ellos. No, no es coña, hay gente que cree en cosas así. Y hay muchas otras historias que me contó, y que me arrepiento no haber anotado porque eran realmente deliciosas: los aviones realmente vuelan por sistemas de antigravidez ocultos en sus alas, las teorías de Newton y Einsten son sólo patrañas para engañarnos, los niños que desaparecen en el mundo son devorados por una selecto grupo de adinerados masones, no hay que vacunar a los niños porque todo forma parte de un plan para atontarnos y controlarnos mejor…


Pero lo que me fascinó no es que alguien pueda creer en tremendos disparates. Lo que me dejó perplejo fue mi incapacidad para rebatir sus argumentos porque según él yo era el equivocado, el desinformado, el engañado y encontraba argumentos para contrarrestar cualquier punto, formando una auténtica bola de nieve de disparates.

La materia prima de nuestras creencias reside en una serie de axiomas, de fe en unos principios. Los míos se basan en la Navaja de Ocam, en un reconocimiento de que todo es más simple de lo que parece, de que la complejidad de la realidad no puede ser controlada por nadie, que no tiene por qué haber nadie controlándolo todo. Pero también reconozco que mi fe en la Ciencia hace que me “crea” muchas de sus teorías aunque no sea capaz de explicarlas realmente (no soy capaz de explicar porque la materia se atrae en función de su peso y de su distancia). Otras personas, en cambio, parten de axiomas diameltralmente opuestos y en base a ello pueden construir realidades totalmente diferentes, ya se trate de escenarios basados en reptiles extraterrestres, en un Dios católico o en un mundo sin deidades. 

Por tanto, sin acuerdo en los puntos de partida más básicos no puede haber punto de encuentro y a partir de ahí cualquier cosa, por extremadamente ridícula que parezca, es posible… Aunque no lo sea (valga la contradicción).