Los virus buenos

Cría fama y échate a dormir. Es lo que tiene lo de ser virus, que por unos cuantos que provocan alboroto, pongamos que hablamos del Covid-19, resulta que todo el resto del mundo viral se gana también la mala fama.

Pero resulta que hay virus buenos, y los tenemos todos los días con nosotros, en nuestras mismas entrañas, por ejemplo. Los tenemos ahí, en la mucosa intestinal, unos virus bacteriófagos que se comen a las bacterias malas. Y también nos infectamos desde la niñez con virus blandengues que sirven para entrenar a nuestro sistema inmunológico, de tal forma que nos prepara para detectar y atacar a las células cancerígenas.


Así que no generalicemos con los virus, pobrecitos, que no todos son malos.

Flotar por culpa de Netflix

Isaac Newton desarrolló varias de sus teorías y descubrimientos durante el confinamiento por peste bubónica en 1665. Dicen que Shakespeare escribió algunas de sus obras durante otra cuarentena por peste en 1606.
Seguramente no sufrían las distracciones de niños montando alboroto alrededor, y por supuesto no tenían las tentaciones de perder el tiempo navegando por las redes sociales o ver series en Netflix.
¿Existiría hoy una Teoría de la Gravedad si Isaac Newton hubiera tenido una suscripción a Netflix?
Quién sabe, a lo mejor estaríamos ahora flotando por nuestra habitación si el bueno de Isaac se hubiera enganchado durante su confinamiento a Breaking Bad o a Black Mirror.

Cloroformo para tontos

Dar a luz a un bebé es un acto increíble e increíblemente sádico. 
“Parirás con dolor” dice en algún lugar de la Biblia, uno de esos pasajes en los que se vincula una realidad aparentemente inamovible con la decisión impuesta por ese Creador supuestamente bondadoso, pero que le debió pillar un día tonto cuando impuso esa cruel condena a las mujeres.
Pero resulta que la cosa de la Ciencia nos viene durante el siglo XIX con adelantos varios, alguno de ellos permite reducir los niveles de dolor durante el parto. La reina Victoria de Inglaterra, sin ir más lejos tuvo sus dos últimos hijos (de nueve que tuvo) bajos los efectos del cloroformo.
A pesar de ser la mismísima reina, hubo quien se escandalizó por este sacrilegio, que contradecía directamente el dichoso pasaje de la Biblia. Es más, según alguno hasta se podía dar el caso de que las mujeres que estaban de parto bajo los efectos del cloroformo pudieran seducir a los médicos presentes, que se ponían muy tontorronas con el liquidito en cuestión…
Ya se ve que gente tonta, pero que muy tonta, ha existido siempre. 
Y lo que nos queda.


Origen humilde y anodino

La escritura y las matemáticas se desarrollaron para gestionar mejor la producción de grano, calcular el material para construir un templo, medir el area de un palacio o para cobrar impuestos.
No eran un fin en si mismo, sino un medio para conseguir uno de esos objetivos burocráticos. Pero, sin realmente pretenderlo, el efecto colateral fue el desarrollo de sistemas que abrieron la puerta a la creatividad y a la ciencia.
De los escritos sumerios que enumeran objetos y animales a El Quijote, de los cálculos, de los problemas geométricos de los babilonios a la Teoría de la Relatividad o llegar a la Luna.
Unos orígenes humildes y anodinos no impide alcanzar metas grandiosas.


De Narices y Genitales

Wilhelm Fliess fue un otorrinolaringólogo amigo de Sigmund Freud que defendía la pintoresca idea de que hay una conexión entre la nariz y los genitales de las personas, y proponía incluso operaciones nasales para arreglar temas sexuales.
También desarrolló una teoría “bio-numérica“ y calculó que su amigo Sigmund moriría en 1904 a los 51 años. Falló por mas de tres décadas, Freud murió en 1939 a los 84, mientras el imaginativo de Wilhelm murió más de diez años antes.
Sus ideas cayeron en el olvido, menos una, la de los Biorritmos. Todos hemos oído hablar de esto de los “biorritmos” y todavía hoy tiene cierto halo de científicos, pero la realidad que este concepto no ha pasado el filtro de la ciencia, los diversos análisis realizados muestran que no tiene más poder predictivo que el puede atribuirse al propio azar. 
Así que Wilhelm no dio ni una a derechas, podría pensarse, pero hay que reconocerle su creatividad y su capacidad de aparecer, 100 años después, en las Wikipedias y en este blog.

El alma del minino de Schrödinger

No está claro porqué Schrödinger eligió a un gato para su famoso y sádico experimento mental. Pudo elegir un perro, un conejo, un oso o, por qué no, incluso una persona. 
Aunque hay que recordar que el católico Schrödinger propuso este experimento como una forma de mostrar lo absurdo de algunas de las interpretaciones de la física cuántica, esa dualidad estoy vivo/estoy muerto hubiera sido un tanto incómoda si hubiera elegido a una persona en lugar de a un animal. A las dudas cuánticas habría que haberle añadido las teológicas. ¿Cómo puede un ser humano estar vivo y muerto ala vez? ¿Qué pasa con su alma? Menudo lío…
Con un animal no hay problema, ya que para la Iglesia Católica “el alma de los animales no es como la de los seres humanos, porque no tiene una tendencia la vida espiritual, de reconocimiento personal De Dios”. Es algo así como un alma de segunda categoría, con menos prestaciones, ideal para ser manipulada en sesudos experimentos mentales.

El Teólogo Occam

La navaja de Occam es una herramienta conceptual que usamos mucho los escépticos. Viene a ser algo así como “si hay una explicación que requiere menos variables para explicar un mismo fenómeno, esta explicación es la más probable”.
Nunca me pregunté quien era este “Occam”, mi sorpresa ha sido descubrir, leyendo sobre algo diferente, que el bueno de “William de Occam” era un teólogo del siglo XIV.
Así que, fíjate, una herramienta utilizada por científicos y escépticos, conceptualizada por un teólogo…

La Teoría de las Cuerdas y el Sexo de los Ángeles

Un artículo sobre el libro “La naturaleza del tiempo”, del astrofísico Gustavo E. Romero, describe el sinsentido en que ha degenerado parte de la Física, desarrollando teorías que no tienen aplicación práctica, alejadas de la realidad, como las teorías de las cuerdas, y que ha falta de una realidad a la que asistes se inventan otras, desarrollando fábulas sobre multi-universos y realidades paralelas.
Es cierto que hay fases necesarias de especulación en la creación científica, el problema es pasarse de rosca. Este libro describe el círculo vicioso en que se ha convertido el circo universitario norteamericano, sediento de publicaciones que generen ingresos, primando la verborrea publicatoria frente al desarrollo de teorías apegadas a la realidad.
La situación en la que nos encontramos tiene sus parecidos a las discusiones teológicas de la Edad Media, cuando cosas como el Sexo de los ángeles, la naturaleza de la Inmaculada Concepción o la existencia o no de la divina Trinidad, no sólo ocupaba el tiempo de sesudos filósofos sino que se convertían en poderosas razones para empezar una guerra o ejecutar a tal o cual persona.
Las teorías de las cuerdas no van a degenerar en violencia, seguramente, pero sí que son una muestra de la capacidad de los seres humanos en perder el tiempo y centrarse en tonterías.

Los flecos

La Física Newtoniana funciona. Un señor un poco raro y muy listo, el tal Isaac, desarrolló una serie de ecuaciones que sirven para explicar muy bien nuestro día a día. Aunque no todo. Cuando los físicos se ponían a estudiar cosas menos cotidianas, como la velocidad de la luz, que si las radiaciones, que si tal que si cual, pues las sesudas fórmulas del bueno de Isaac no funcionaban.
Pero entonces llegó el bueno de Albert y se sacó de la manga, desde su oficina de patentes allá en Suiza, la Teoría de la Relatividad. Su mujer también ayudó lo suyo, por cierto. Así que ahora, con nuevas fórmulas y nuevas formas de entender la realidad, pues resulta que es más fácil lanzar cohetes y satélites y cosas de esas. Y no es que lo que Isaac descubrió estuviera mal, es que sólo se refería a una parte de la realidad, no a toda.
Pero, fíjate tú, que todavía quedan huecos por ahi. Que si la Física Cuántica, que si el Big Bang y que si Singularidades y cosas de esas. Poco que ver con el día a día, pero que son cuestiones que tienen su aquel y mantienen ocupados a los que se preocupan de estas cosas.
Y todavía no ha salido un Isaac o un Albert que nos haya encontrado las formulitas para explicar estos flecos. Ya llegará, aunque probablemente no será una única persona, porque estos flecos no se resuelven con unos pocos folios y una inspirada persona de pelo alocado. Lo que queda por explicar tiene tomate y acabará siendo el resultado de la contribución de varias personas, organismos e inteligencias artificiales. 
Para colmo, seguro que los nuevos descubrimientos también tendrán sus flecos.

Vivir 200 años

Puede pasar. Los científicos están investigando. Una pildorita por aquí, unos mejunjets por allá… y, ala, todos vivimos 200 años (o los que se lo puedan permitir).
Suena bien, pero generaría nuevos e importantes problemas. ¿A que edad de te jubilarías? ¿A los 160? ¿Cómo te plantearías las relaciones de pareja? Llegar al 150 aniversario tendría su mérito. ¿Como organizarías las cenas de Navidad? Entre hijos, nietos, bisnietos, tataranietos y tatara-tataranietos la logística se complica. ¿Los precios de las casas? Por las nubes, ya que los tatarabuelos no iban a dejarlas así como así. ¿Superpoblación? Gente a cascoporro.
Pero bueno, de todo se sale. Que vengan las pastillas y ya vemos como solucionamos todo el embrollo que se forme.