Más de artificial que de lo otro

En mi casa utilizamos Amazon Music y cada uno de nosotros tenemos playlist con nuestras preferencias. Esta semana mi mujer descubrió una llamada “My Discovery Mix” y pensó que yo la había creado. La primera era una de “Navajita Plateá” que cuadraba con mis gustos, la segunda era de la banda argentina “Bersuit Vergarabat”, un rap divertido que a mi mujer le pareció todo un descubrimiento. Hasta ahí todo perfecto, era música que “me pegaba”, pero después… ¿La Tarara? ¿Luz Casal? ¿Eva Amaral? Y lo que era más preocupante, una canción que se titulaba “Ojalá no te hubiera conocido nunca”… Pero, ¿qué es esto? Este no es mi Sergio, ¿está tratando de decirme algo?…

Al día siguiente, vamos en el coche y me pregunta por la playlist que yo había creado. ¿My Discovery Mix? ¿Qué es eso? No, yo no he creado eso, había sido la “inteligencia artificial” de Amazon. “Exclusivo para tí, actualizadada cada Lunes. ¿Te gusta alguna de estas canciones? Guardala para después”.

Bueno, bienvenida la propuesta, pero de 25 canciones sólo ha acertado en una, “Sr Cobranza”, del mencionado grupo “Bersuit Vergarabat”. Esta inteligencia artificial, que tiene más de artificial que de inteligente, tiene terreno para la mejora. Y hay que estar alerta, por lo de los conflictos maritales que pueda provocar.

Entiendo…

En mi opinión las posibilidades de la Inteligencia Artificial están exageradas en el corto plazo. Las “máquinas” están siendo capaces de ejecutar actividades cada vez más complejas pero existe un nivel de complejidad en el que los humanos todavía somos mejores y el momento en el que las máquinas sean capaces de entender realmente lo que están haciendo está todavía muy lejos.

Pero llegará el momento en el que de forma artificial se podrá crear una consciencia. Dentro de 100 años, de 1.000 o de 10.000.

Leo en algunos escépticos acerca de la limitada capacidad de entendimiento que tienen las máquinas hoy en día. En uno de estos artículos se pone el ejemplo sobre un programa que analiza preguntas y da respuestas. Cuando no es capaz de entender lo que el humano dice la respuesta es “Entiendo”, con la esperanza de que el humano siga escribiendo y la próxima frase tenga más sentido.

Pero… ¿no es esto precisamente lo que los humanos hacemos? En muchas ocasiones no entendemos lo que está sucediendo pero esto no nos impide seguir funcionando, nosotros seguimos a “lo nuestro” como si entendieramos lo que sucede o, más bien, no nos importe. Quizás, el programar un sistema para dar respuestas contradictorias como la de “Entiendo” es una prueba de que las “máquinas” ya tienen algo de humano… o nosotros algo de máquinas.

Los ojos de un moldavo

Existen varios lugares en los que conducir es una locura por la aparente falta de respeto a las normas más básicas de circulación. Uno de esos lugares parece que es Moldavia, lugar en el que un nortearmericano se sorprendió porque a pesar del caos que presenciaba en las calles no veía que sucediera ningún accidente. Este turista le preguntó a un experimentado conductor local por la razón de esta aparente contradicción y éste le respondió “porque nos miramos a los ojos”.

Este ejemplo lo pone un filósofo especializado en tecnología en relación a la dificultad para llegar al nivel 5 de conducción autónoma, que es el nivel necesario para dejar a los coches ir por ahí sin ningún tipo de intervención humana. Estamos mucho más lejos de llegar a este nivel de lo que parece, según dicen, y una de las razones es la incertidumbre inherente en la realidad que nos rodea, representada por un conductor moldavo en un cruce repleto de coches, camiones, motos, bicicletas y camiones, en los que la única forma de saber qué va a hacer es mirarle a los ojos y “deducirlo” en el último segundo.

La inteligencia artificial está lejos, hoy por hoy, de “leer” los ojos de un moldavo (eso es nivel 6).

Inteligencia + Estupidez

La fe ciega en Donald Trump de millones de estadounidenses es algo fascinante. Está al nivel de la fascinación que sentí cuando conocí a una persona que creía firmemente en que seres reptilianos extraterrestres dominan nuestro planeta. Era un compañero de trabajo, mayor que yo, evidentemente inteligente por el puesto que desempeñaba y por mi experiencia con él hasta que me confesó sus más íntimos pensamientos, pero que no había forma de sacarle de sus creencias en reptiles que comen niños en estancias subterráneas en Nueva York o de su negación de la Ley de la Gravedad.

Inteligencia y estupidez son perfectamente compatibles, es el principio que aquella experiencia me ayudó a entender.

De la misma forma que la esquizofrenia hace que la mente superdotada de John Nash descarrile en su interpretación del mundo, como la película “A Beautiful Mind” describe, la estupidez puede hacer descarrilar la mente de todo tipo de personas, inteligentes y no inteligentes. Quiero creer que es una especie de virus que contamina las mentes y se propaga de forma endiablada, pero que puede ser curado, que existen vacunas que pueden eliminarla o tratamientos que pueden reducir sus síntomas.

En todo caso, tenemos que mirar a nuestro alrededor y tratar de detectar la estupidez, porque puede estar ahí, en las personas que nos rodean, en nuestra empresa, entre nuestros jefes… No es fácil de detectar, porque hay una diferencia sutil entre las diferencias de opinión, de punto de vista, que no son sólo respetables sino necesarias, y la estupidez. Existe una línea invisible, un territorio de nadie, en el que las verdades se estiran, en el que las evidencias se ignoran, en el que se repiten falsedades como mantras, y lo que puede iniciarse como opinión acaba pervirtiéndose en gilipollez.

Estad alerta.