Culto al meme

A Che Guevara la cosa de gobernar le aburría un poco. Eso de ser Ministro de Finanzas y Presidente del Banco Nacional le permitió experimentar la diferencia que existe entre unos ideales ambiciosos y la disidente realidad que no hace exactamente lo que uno quiere.

Así que dejó su puesto de ministro y se dedicó a lo que de verdad le ponía, la cosa de montar revoluciones y derrocar gobiernos. Empezó con el Congo, pais enorme, en el centro de África, lugar ideal para irradiar los ideales a todo un continente. Pero, claro, no es lo mismo aunar esfuerzos en una isla con contornos bien definidos, con apenas un puñado de siglos de historia (en Cuba no queda ni rastro de sus habitantes originarios), que en un lugar como el Congo, con cientos de tribus con miles de años de haber estado por ahí. Lo de “pais”, lo de “nación”, no tiene el mismo sentido en ese contexto. En menos de un año, el Che y sus camaradas acabaron por huir de aquel lugar.

Un año después vuelve a intentarlo en Bolivia, centro geográfico de sudamérica, también un lugar “ideal” para irradiar la Revolución. Y ahí es donde acaba muriendo en combate contra el ejercito boliviano, con la ayuda de la CIA.

El morir por tus ideales puede tener cierta mística, hay algo de romanticismo que te invita a respetarlo. Pero también existe una parte de tozudez, de incapacidad de aceptar una realidad compleja, de simplificarla y buscar soluciones radicales que no han sido validadas, de imponer tus ideales por la fuerza, de atracción por la aventura, por la violencia.

Pero, claro, esas fotos con su mirada al infinito y sus esloganes al estilo “¡Hasta la vitoria siempre!”, queda muy bien en memes y camisetas, que es lo que realmente importa…

Tendencia a la ubicuidad

Una buena parte del tiempo que he trabajado durante los últimos 12 meses lo he hecho en remoto. Como yo, muchísima gente, y esto nos ha hecho cambiar nuestra percepción sobre trabajar desde casa.

Yo era reacio, no me gustaba, y no me gustaba que algunos de los miembros de mi equipo no estuvieren la oficina. ¿Qué estarán haciendo? Esa falta de control me ponía nervioso. Pero este chute de “remoteidad” que todos nos hemos dado nos ha hecho abrir los ojos a algo que tiene más ventajas que inconvenientes.

Entre los inconvenientes está la dificultad de construir relaciones cercanas a través de la pantalla del ordenador, el problema de enseñar a gente nueva que se incorpora al trabajo el detalle de todo lo que tiene que aprender, la separación entre las esferas laborales y domésticas… Pero por cada desventaja podremos econtrar una ventaja que la compense y el balance, algún sociólogo lo demostrará en el futuro, es seguramente positivo.

Así lo empiezan a ver muchas empresas, que se están deshaciendo de caras oficinas en las ciudades y están reclutando empleados globales que trabajan desde el lugar que les plazca. Es una tendencia que acabará por implantarse a una velocidad endiablada.

Bienvenida sea esta tendencia.

Nuestro rol en la realidad

La sociedad en la que vivimos es un juego de rol, un gigantesco “Dragones y Mazmorras” en el que todos asumimos un rol, alguien dicta las normas, alguien tira los dados y nos dice qué es lo siguiente que va a pasar.

Existen y han existido diferentes versiones de este juego: tenemos el tablero del gran sueño americano; la versión islamista, con variantes chiíes y shiíes; el del apartheid o las sociedades esclavistas; la legendaria del Imperio Romano; la Comunista, con versiones stalinistas, maoistas, castristas o norcoreanas; o incluso, para darle una vuelta de tuerca a la cosa, la Comunista/Capitalista de Xi Jinping… Y así sucesivamente, como dijo aquel.

Son juegos que cambian, que evolucionan, y ahora vienen con un upgrade tecnológico que va a acelerar ese cambio. Se trata de la realidad aumentada. Hoy una persona puede pasarse por otra en Internet, puede crear perfiles con fotos e informaciones que no se corresponden con su yo fisco, toman el rol de otras personas, las personas que quieran ser. La tecnología permitirá pronto llevar esta suplantación de la persona física al mundo real a través de la realidad aumentada. Llegará un día en el que todas las personas portarán artilugios que les permitirá ver más allá de lo que es visible en el mundo real, además de ajustar esa realidad para retocarla, adornarla, embellecerla.

Algo treméndamente confuso, incluso escandaloso, para una persona de principios del siglo XXI. Pero, ¿no estaría también confusa una persona que trajeramos en una máquina del tiempo desde del siglo I a nuestro presente? No olvidemos que todo esto empieza como un juego, y las reglas del juego cambian continuamente.

Futuro colectivo

El mundo se ha vuelto más complicado. Ya no es ese mundo de genios que descubren o inventan cosas extraordinarias por sí mismos, al estilo de Einsten “cerrando los ojos y pensando muy fuerte” desde su oficina de patentes en Berna. Hoy para conseguir avances significativos hay que trabajar en equipo, cada vez hay menos cosas que se pueden hacer desde el garage de tu casa.

En ese mundo de inteligencia colectiva e individualismo menguante todos nos convertimos en hormiguitas que contribuyen, a veces de forma heroica, al resultado del trabajo en equipo.

¿Cómo será el mundo en un par más de generaciones? Esta tendencia a lo colectivo más el papel de la robótica y la Inteligencia Artificial dará lugar a unos seres humanos con, digamos, “menos consciencia hacia lo individual”.

Imaginemos entonces una consulta a un psicólogo en el año 2095. Tumbado en un divan virtual, con un psicólogo que no sabes si es real o un androide o una recreación virtual de un psicólogo con pipa o una psicóloga con gafas y un bloc de notas. El paciente, un humano que aporta laboralmente un número reducido de horas semanales a una gran corporación, comparte con la psicóloga virtual unas pesadillas recurrentes que ha tenido durante semanas: se ha caido en la calle, no puede levantarse, una multitud pasa alrededor suyo pero nadie le ayuda. ¿Por qué tengo esta pesallida, doctora? La recreación virtual de una psicóloga con gafas le mira pensativa antes de responderle, con una sonrisa, que es debido a un deseo egoista de ser atendido, es un trastorno histriónico de necesidad de ser el centro de atención. Tómese estas pastillas y se le pasará…

Inmortalidades inesperadas

Vincent Van Gogh murió en 1890 como un pintor fracasado. Más de cien años después es uno de los pintores más icónicos, más conocidos. Es lo más parecido a un ser inmortal, va a permanecer en la memoria colectiva de la humanidad durante todo el tiempo que a la humanidad le de por existir.

Otros individuos no supieron en vida el impacto que iban a tener después de muertos. Como Edgar Allan Poe, quien murió alcoholizado y empobrecido en 1849; o el sacerdote Gregor Johan Mendel, que murió en 1884 sin saber que sus experimentos en la huerta de su monasterio iban a convertirse en un hito en la historia de la ciencia.

Si nos vamos más atrás en el tiempo no tenemos certezas de fechas o incluso de la misma existencia de la persona. Por ejemplo, es posible que existiera un buen ladrón en un bosque de Inglaterra hace cientos de años que sirvió de inspiración a la leyenda de Robin Hood, ladrón que no tenía ni idea de lo que la posteridad le iba a deparar; o cuando veo la estatua de El Cid en una de las céntricas plazas de mi ciudad, Valencia, me pregunto si aquel mercenario esperaba estar en medio de un cruze repleto de diabólicos vehículos mil años después de su muerte… Supongo que no.

Ética cambiante

La película “The Birth of a Nation”, de 1915, narra como la “Reconstrucción”, nombre por el que se conoce a los años que siguieron a la Gerra Civil Norteamericana, fue una etapa desastrosa, un punto de vista racista en el que se muestra a los negros como depravados violadores de mujeres y seres infantiles e inferiores. Supuso el renacimiento de una organización menor, el Ku Klux Klan, que aprovechó la publicidad de la película para crecer como nunca antes había crecido, además de enardecer aun más las actitudes hacia esa “tradición” tan norteamericana en aquella época, el linchamiento, con consecuencias tan desastrosas como la “masacre racial de Tulsa” en la que murieron 300 personas.

Las historias que contamos son un reflejo de nuestros planteamientos éticos y a su vez pueden influenciar nuestra forma de pensar. El cine, la televisión, y ahora, YouTube, Facebook, Tik Tok y lo que venga serán materiales indispensables para los historiadores del futuro, que entenderán mejor su pasado gracias a todos estos documentos. Es como imaginar cómo sería una película rodada en la Castilla de 1493: quienes son los buenos y los malos, qué temas tratan, cómo se describen las relaciones amorosas, cómo se describen las diferencias sociales, religiosas o raciales, qué es lo que consideran gracioso… Verlo hoy en día nos produciría una mezcla de sensaciones que se encontrarían entre lo cómico y lo embarazoso.

Como en cierto sentido es ver hoy en día ciertas escenas de películas de los años 30, o 60, o incluso de películas de hace apenas veinte años. Escenas que chirrían por planteamientos que normalizan abusos de género, raciales, religiosos, o que justifican violencias gratuitas. Porque la ética de hoy no es la del pasado, ni será la del futuro. Desde el presente es muy difícil distinguir lo que será obvio un día no tan lejano, ver en que nos estamos equivocando.

Requisitos raciales para traducir

Amanda Gorman es la poetisa del momento en Estados Unidos. Activista en temas raciales y feministas, recitó una de sus poesías en el día que Joe Biden asumió la presidencia de Estados Unidos.

Para las traducciones a otros idiomas la editorial que gestiona sus libros exige que los traductores cumplan ciertos requisitos: ser mujer, ser activista, preferiblemente negra… En Holanda han tenido que cambiar a la traductora porque era demasiado blanca, en España a un poeta de Barcelona porque era… demasiado hombre.

Las circunstancias sociales pueden invitar en ciertos casos las discriminaciones positivas, pero existe el peligro de, simplemente, pasarse de rosca. El objetivo último es la invisibilidad de la raza, del género, del origen social, del aspecto físico, tenemos que conseguir llegar al momento en el que sea totalmente irrelevante, que nos importe un pimiento.

Puedo entender las buenas intenciones detrás de medidas como esta de vetar a los traductores, pero, no, aquí se les ha ido la mano.

La rareza del burócrata creativo

Las ideas que acaban por revolucionar el mundo no vienen de las grandes organizaciones. En el caso de las empresas, las que lo trastocan todo empiezan en un garaje, como Apple, o es un repelente adolescente sabelotodo, como Bill Gates, o unos estudiantes universitarios, origen de Facebook o Google, o una persona que quiere vender libros por Internet, como Amazon.

Una de las razones es que las grandes corporaciones son burocráticas por definición: es necesario definir procesos, la claridad en los roles es esencial, existen capas y capas de gente que hace esto o aquello, y la empresa se llena de perfiles que son más políticos, menos creativos, más… aburridos. En este contexto generar buenas ideas en una gran organización, ideas que realmente lo trastocan todo, es prácticamente imposible.

Estados emocionales

La dirección de la economía es guiada por estados emocionales. Si la bolsa sube o baja es por el optimismo o el pesimismo de los inversores, si la gente crea empresas o pide préstamos es porque ven un futuro de crecimiento.

La tecnología actual registra fragmentos cada vez mayores de nuestras vidas: fotos, videos, comentarios en las redes, incluso nuestras conversaciones a través de asistentes personales como Alexa o Cortana. La posibilidad de consolidar toda esta información y medir el estado emocional de una economía, con el fin de predecir su evolución, está ahí. El que sepa sacarle partido puede ganar mucho dinero.

Gestos

Donald Trump no solía llevar máscaras en público, a sus seguidores no les gustaba. El simple gesto de habérsela puesto más a menudo habría salvado vidas, cientos, miles…

Ahora se sabe que se vacunó en Enero, cuando todavía era Presidente, pero lo hizo en secreto. Otra vez, las dudas sobre la vacuna de millones de sus seguidores no invitaba a hacerlo público. Otra vez, haberlo hecho de forma abierta habría dado visibilidad a el grupo más tozudo de los americanos y más vidas que podrían haberse salvado…

La importancia de los gestos.