La importancia del sentirse incómodo

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Por las mañanas, mientras me afeito, me pongo la radio. Unos días una cadena de tendencia de centro-izquierda, otros una cadena de derechas. En el coche me gusta escuchar podcasts, que pueden ser de historia o de ciencia, pero a veces también de actualidad política, y unas veces me pongo unos programas que tienden al liberalismo económico, otras unos programas que tienden al extremismo de izquierda.

Esta promiscuidad radiofónica me provoca momentos de sarpullidos ideológicos en los que me dan ganas de entrar en el debate en cuestión para rebatir ferozmente lo que se está discutiendo. Pero también me enfrenta a argumentos razonables, me ofrece nuevos puntos de vista que modulan mis posturas, me llega en ocasiones a provocar incomodidad porque se puede poner en entredicho lo que yo pensaba sobre esto o sobre aquello.

Escuchar el otro lado, la importancia de sentirse intelectualmente incómodo, de reconocer nuestra parcialidad y nuestra ignorancia. ¿Cómo es posible que ninguno de nosotros tenga razón en nada, dadas nuestras limitaciones como individuos? Claudicar a nuestra insignificancia, escapar del autoengaño arrogante de que sabemos de que va todo esto. La única esperanza está en el mejunje caleidoscopico que resulte del diálogo entre todos nosotros, de la inteligencia, si existe, del grupo.