Estamos en la Tercera Fase

Para que la evolución biológica pueda tener lugar hace falta antes una evolución física, esto es, la formación de las estrellas, de los planetas, reacciones químicas en la atmósfera, actividad volcánica… De alguna forma, todo es mundo físico que es necesario como contenedor, y concebido en principio como materia inerte, es un paso inicial imprescindible, y un acompañante necesario a lo largo de la evolución de la vida.

De la misma forma, una vez desarrollados los contenedores físicos (el planeta con las condiciones adecuadas para la vida), y el contenedor biológico (los “cuerpos” con todos sus componentes, incluido el cerebro), es el momento para el desarrollo de otro elemento, al que llamaremos la “Conciencia” a falta de otro nombre mejor.

La inteligencia desarrollada por los humanos, más allá de que existan otros animales con capacidades similares, es un punto y a parte en el desarrollo de la vida, es algo más, algo diferente, de la misma forma que el desarrollo geológico y el desarrollo biológico son diferentes. Ser capaz de la capacidad de crear conceptos, desarrollarlos, comunicarlos, de entender las dimensiones del universo desde nuestro insignificante planeta, ser capaz de desarrollar capacidades de computación que superan con creces la de nuestro propio cerebro, estar cerca del momento en el que seamos capaces de crear un nuevo tipo de “vida” diferente al biológico…

Esta, la de la “conciencia” es una inevitable y esperada tercera fase en el desarrollo del universo, que tiene que haber surgido en otras partes del mismo, y que no tiene por qué ser la última.

Pero, ¿en qué consistirá la cuarta fase?

Hormigas que se plantean el sentido de la vida

Hay quien dice que de la misma forma que una hormiga no es capaz de comprender la escala humana del mundo que le rodea, nuestra inteligencia no nos permite entender escalas superiores a la nuestra. Este argumento, intelectualmente derrotista, se convierte en un cajón de sastre en el que caben diferentes tipos de creencias, desde los que afirman que los extraterrestres están ya entre nosotros a los que defienden la existencia de Dios o variopintos mundos espirituales, por lo que siempre me sentí incómodo con él.

Pero hoy he visto un documental en el que han explicado de una forma ciertamente esperanzadora los logros del intelecto humano. El presentador, coge la arena de una playa y afirma que existen más estrellas en el Universo que granos de arena en todas las playas del Planeta Tierra, un planeta insignificante, que orbita alrededor de una estrella cualquiera, en el rincón de una galaxia más entre una infinidad de otras muchas. Desde este punto de vista, no es nada desdeñable que nosotros, los seres humanos, hayamos sido capaces de entender nuestro insignificante rol en este Universo. Puede que apenas lo hayamos empezado a entender, pero lo hemos hecho, y nuestro conocimiento sigue creciendo a un ritmo exponencial.

Es como si las hormigas que serpentean por la acera de al lado de casa supieran que existe Australia y la Copa del Mundo de Fútbol.

Así que, a pesar de que ciertamente la mente humana puede tener ciertos límites, estos están todavía por encontrarse, y no me vale el argumento de que no somos capaces de entender ciertas cosas porque no estamos diseñados para entenderlas.