Conejos como caballos

¿Por qué un conejo no puede ser tan grande como un caballo?

Para empezar: ole por la pregunta. Yo no me lo había planteado, ¿qué necesidad? No, nunca lo me lo había preguntado y me dan envidia los científicios de la Universidad de Kyoto que plantearon la pregunta. Porque de la habilidad de preguntarse cosas aparentemente abusurdas es de donde puede surgir la genialidad.

Respecto a la respuesta, un grupo de investigadores ha llegado a la conclusión de que los animales que pertenecen al orden de los ungulados, orden al que pertenecen los conejos o los ratones, son menos eficientes en su metabolismo que sus competidores herbíboros, los lagomorfos, orden al que pertencen desde las cabras y los toros a los caballos (los que tienen pezuñas). Esta competencia representa un límite a su crecimiento en tamaño, relacionado con la cantidad de comida por la que tendrían que competir.

No respuesta genial en este caso, pero sigamos preguntándonos preguntas absurdas, que la respuesta verdaderamente sorprendente llegará.

Falibilidad

Leyendo el periódico he descubierto a Richard J. Bernstein, un filósofo estadounidense que ha desarrollado la corriente del “Pragmatismo”, una creencia que afirma que cualquier postura, moral o política, está abierta a la crítica y la modificación porque puede estar equivocada. Este último punto es la clave de esta creencia: el “falibilismo”, el pensar que puedes estar equivocado, que nuestros criterios son falibles y van cambiando, adaptándose en función a nuestras experiencias e intercambios con los demás.

No es lo mismo, dice Bernstein, que el relativismo que dice que todo vale. Él cree en “la verdad”, que se tiene que luchar contra la idea de que no hay verdades.

No creo que existan verdades absolutas, como afirma Bernstein, así que supongo que tengo un enfoque peligrosamente relativista, pero el planteamiento de reconocer que podemos estar equivocados es absolutamente necesario para que exista un diálogo y una sociedad estable.

Inculcar este concepto de “falibilidad” en una sociedad, un signo de madurez, es quid de la cuestión.

Religiones Ocultas

Hay gente que cree en dioses explícitos, como los cristianos, los musulmanes, los judíos… Hay otra gente que cree en dioses implícitos, como los que creen en la “mano invisible” del capitalismo, o los que creen en la inevitabilidad del comunismo en la evolución de la sociedad, o los que creen en los inalienables derechos del ser humano, o los que creen en la superioridad de la raza blanca.
En todos estos casos, la gente está creyendo en una especie de orden “supra-humano” que gobierna el mundo. Y tienen sus libros sagrados, sus mártires y hasta sus fiestas de guardar.
Esto es lo que defiende Yuval Noah Harari en su libro “Sapiens”, y, vaya, que tiene todo el sentido del mundo.
Todos necesitamos tener cierto grado de “fe”, necesitamos tener un esquema sobre el que basar nuestro entendimiento del mundo que nos rodea. Pero, entonces, ¿da igual que sistema de creencias elijamos?
Bueno, igual, igual, no da. Todos tienen sus problemas, ninguno es perfecto, pero en mi opinión tenemos que elegir el que menos inconsistencias internas tenga y el que mejores predicciones genere acerca de la realidad que nos rodea.


Yo he nacido esta mañana

  “Todas esas historias viejas que me ha divertido ir recordando palidecen y se borran a la clara luz de la mañana de hoy que entra por los cristales del balcón. Todo esto que he contado es tan viejo, tan remoto y ajeno a mí, que ni siquiera creo que haya sucedido. Yo no soy aquel muchachillo desesperado de Tablada, ni aquel novillero frenético, ni aquel dramático rival de Joselito, ni aquel maestro pundoroso y enconado…

La verdad, la verdad, es que yo he nacido esta mañana.”

Últimas frases del libro “Juan Belmonte, matador de toros; su vida y sus hazañas”, biografía del torero de principios del siglo XX, escrita por Manuel Chaves Nogales.

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Filosofías del Torito Guapo


El zoom no me ha servido para averiguar qué libro estaba leyendo El Fary, ese gran pensador. Porque más allá de sus irrepetibles éxitos musicales (La Mandanga, La Mariposa y el Ruisenor, Me estoy Enamorando, El Torito Guapo…) Don Jose Luis Cantero era un filosofo a la altura de Sófloques, Kirekegaard o Mourinho. Para muestra un botón, el del alegato contra “El Hombre Blandengue”:

“Yo, de todas formas, he detestado siempre al hombre blandengue…”;

“… la mujer es granujilla y se aprovecha mucho del hombre blandengue…”;

“…amigo mío, el hombre nunca debe de blandear…”;

“…la mujer necesita ese pedazo de tío ahí…”;

“… ese hombre de la bolsa de la compra… qué te voy a decir yo, del niño con el coche y venga no sé qué..”;

Si existe el Cielo seguro que El Fary ha encontrado al Nietzsche ese y se pasan la eternidad soltándose aforismos el uno al otro…