Gestos

Donald Trump no solía llevar máscaras en público, a sus seguidores no les gustaba. El simple gesto de habérsela puesto más a menudo habría salvado vidas, cientos, miles…

Ahora se sabe que se vacunó en Enero, cuando todavía era Presidente, pero lo hizo en secreto. Otra vez, las dudas sobre la vacuna de millones de sus seguidores no invitaba a hacerlo público. Otra vez, haberlo hecho de forma abierta habría dado visibilidad a el grupo más tozudo de los americanos y más vidas que podrían haberse salvado…

La importancia de los gestos.

Lo normal

Las pandemias son cosas del Neolítico. Antes, cuando cazábamos y recolectábamos y vivíamos en pequeños grupos que iban por aquí y por allá, los virus no disfrutaban tanto con nosotros, ya que no disponían de de mercados, estaciones de metro o estadios de fútbol por los que propagarse. Algo que frustraba a estos microbios con tanto afán de notoriedad, porque si surgía una mutación mortal y acababa con una tribu, ¿quién iba a enterarse? A saber cuantas tribus en la historia han desaparecido de la faz de la tierra así y no se ha enterado ni el tato.

Pero fue ponerse a plantar y criar ganado, a apelotonarse en ciudades insalubres, a comerciar y guerrear, y ahí sí, ahí los virus ya sí que sí… Y, lo que faltaba para apuntalar su ego, los documentos escritos de los estragos que causaban, cuanto más confusos mejor, porque, claro, los que escribían por aquellos tiempos no sabían ni de métodos científicos y ni de como describir como dios manda unos síntomas, y con la querencia por las supersticiones por aquel entonces lo mismo le echaban la culpa a un gato, que utilizaban gatos asados con grasa de erizo para las curas. Cientos, miles de epidemias que devastaban regiones enteras, era algo normal pero la globalización permitió hacer un “upgrade” a estos desastres para convertirlos en pandemias, un término algo ambiguo pero que viene a ser algo así como una epidemias que cruza un continente. Desde ese punto de vista, los romanos son los que tienen el dudoso privilegio de ser los primeros en conseguir el grado de pandemia, cosas de sus calzadas, sus guerras y sus comercios, que contribuyeron a que una peste, al que bautizaron antonina, asolara el Imperio entre los siglos II y III d.C.

Y aquí merece la pena detenerse un momento para destacar el efecto transformador de estos jodidos virus. Porque arrasar con la población de un lugar tiene efectos sociológicos, económicos, culturales e incluso espirituales. Se dice que, por ejemplo, que la peste antonina ayudó a cristianizar a los romanos por la cosa del exótico planteamiento de esta nueva religión con lo de amar al prójimo y eso, lo que les hizo quedar muy bien frente a los representantes de otras religiones, que huían de las plagas en cuanto las olían.

“Pestes” o “plagas”, que eran los términos que se utilizaban en el pasado para referirse a enfermedades que arrasaban regiones, han habido muchas, de gripe, de tifus, de viruela, de sarampión, la afamada bubónica, fiebre amarilla, difteria… Y en muchos casos se pueden relacionar el inicio de cambios históricos con el vacío literal que dejaron las muertes de las epidemias, como por ejemplo, las muertes de las pestes del siglo XIV en Europa con el inicio de la revolución industrial o el desarrollo de la esclavitud en la Edad Moderna.

Ahora lo podemos presenciar en vivo y en directo, con la pandemia que le ha tocado a nuestra generación. Ya notamos los cambios en el corto plazo en relación a la forma de trabajar y de relacionarse. Los efectos a largo plazo están por ver, pero seguro que más de una cosa del siglo XXIII encontrará sus raíces en lo que estamos viviendo estos días.

Calcular el riesgo

¿Vacunarse o no vacunarse? No soy de los que piensan que Bill Gates ha diseñado un diabólico plan para inocularnos un chip en nuestro cuerpo con al excusa de la pandemia. Pero reconozco que no tengo prisa por ponerme la vacuna, aunque no tengo que tomar una decisión todavía ya que no estoy entre la población que va a ser vacunada en los primeros meses.

No he dedicado demasiado tiempo a investigar sobre estas nuevas vacunas basadas en mRNA. Lo que he leído es que:

  • es una técnica que empezó a desarrollarse en los 90,
  • puedes encontrar artículos de hace unos pocos años que te describen las posibilidades que abre a la hora de tratar no sólo virus sino incluso cánceres,
  • ya se preveía que podía manufacturase muy rápidamente,
  • genera la creación de proteínas en el cuerpo que son las que últimamente luchan contra el virus,
  • que se diluyen, o desaparecen, rápidamente,
  • que pueden provocar una rápida respuesta inmune pero no se conocen los riesgos a largo plazo,
  • la rápida respuesta inmune puede ser contraproducente para personas con alergias,
  • que no puede afectar el ADN.

La impresión que me da es que el mayor riesgo no es una respuesta negativa del cuerpo a la vacuna sino la temporalidad de la respuesta inmune, puede que solo te proteja durante un periodo limitado de tiempo lo que implicaría que hay que ponerse la vacuna regularmente.

Con sólo unos meses de pruebas no se tienen datos para saber el efecto a largo plazo de la vacuna, por mucho que miles y miles de personas hayan sido vacunadas ya. Pero no podemos esperar dos años para ver que pasa.

La conclusión es que considero que el riesgo para mí, mi mujer e hijos no es muy grande, así que cuando toque me la pondré, pero para eso faltan probablemente 6 meses y para entonces habrá más información disponible. El quid de la cuestión es ver que les digo a mis padres. Tienen 81 y 80 años. ¿Es mayor el riesgo de no ponerse la vacuna y quedarse 1 año más en casa, sin poder interactuar con la familia y amigos? ¿O es mayor el riesgo de que se pongan la vacuna ahora, con unos efectos secundarios desconocidos o, lo que es peor, una eficacia realmente desconocida? ¿Y si pensándose protegidos no lo están realmente y se contagian?

Los valores que permiten calcular el riesgo real de cualquiera de estos escenarios son desconocidos. Es imposible saber que escenario es el menos malo.

Puertas en el campo

Los trabajadores que tienen más opciones para trabajar desde casa suelen tener sueldos más altos. La gente que trabaja en supermercados, gasolineras, hospitales, almacenes… ganan menos y se arriesgan más.

Y encima Covid-19 contribuye a que los que trabajan desde casa ahorren más. Transporte, comida, ropa, un pequeño ahorro todos los meses que no viene nada mal, una nueva fuente de desequilibrio entre los que tenían más y los que tenían menos.

Tanto es así que los economistas del Deutsche Bank proponen crear un nuevo impuesto para los que trabajan desde casa, dinero que podría ser desviado hacia los que no pueden trabajar desde casa.

Tiene sentido. Pero también no lo tiene. La economía y la sociedad cambia, los ritmos se aceleran, hay ganadores y perdedores. ¿Suavizamos la transición o la aceleramos?

Recurriendo a Occam

Y me encuentro a amigos y familiares dando verosimilitud a la entrevista que Cuarto Milenio ha hecho a la viróloga Li-Meng Yan, que afirma que el Covid-19 fue creado en un laboratorio.

Es difícil negar que algo existe (recordemos la tetera de Bertrand Russell), de ahí el éxito de las teorías conspirativas en la era de Internet. Así que en esta época de confusión, más que nunca, tenemos que usar el sentido común.

Primer indicio de que no tiene por qué ser un virus “fabricado”: ha pasado muchas, muchas veces, a lo largo de la Historia de la Humanidad de forma completamente natural.

Segundo indicio: la cosa esa de la evolución; los virus mutan, las condiciones en algunos sitios ayudan a la transmisión a los humanos, la gente viaja…

Tercer indicio: los que dan voz a la viróloga en cuestión tienen querencia por cosas como las caras de Bélmez, cosmonautas fantasmas y fraudes paranormales.

La hipótesis de que un virus, de forma natural, contagia a una humanidad interconectada es más verosímil que la de un virus fabricado que es propagado por villanos al nivel de los de James Bond.

¿Y si simplemente se “escapó” por accidente?, preguntarán algunos. Entonces empezaría preguntándome por qué los gobiernos más informados no utilizan esta información para culpabilizar al gobierno chino… Pero entonces es cuando empiezo a enfangarme en las tierras movedizas de las conspiraciones y, la verdad, me da mucha pereza.

Así que, por ahora, Occam gana.

Políticos ineptos y Neandertales

La incidencia de Covid-19 varía según los países, unos parecen más afectados que otros, lo que lleva a vincular la gestión de los políticos de turno al éxito o al fracaso de esta gestión.

Pero se está investigando la influencia genética en la incidencia del virus, y parece que algo influye. Concretamente, la presencia de genes neandertales incrementa la gravedad de las personas que resultan infectadas.

Así que, después de todo, más allá de lo torpes que puedan ser nuestros políticos, que lo son, y mucho, el hecho de que la incidencia sea mayor en determinadas partes de Europa va más allá de su ineptitud.

Jugando con fuego

Lo del Brexit no lo termino de entender del todo. Como concepto estoy en contra. La idea de la Unión Europea es buena, es necesaria, eso de construir organizaciones que vayan más allá de los decimonónicos estados nacionales. Pero reconozco que su implementación es tosca, mal vendida, no lo suficientemente ilusionante y entendida. Así que en el mundo populista en el que vivimos entiendo que haya quien aproveche la confusión para retroceder a las ideas antiguas. Es una especie de momentáneo impulso reaccionario en un mundo que se dirige hacia la globalización de una forma irremediable.

Pero al mismo tiempo creo que todos los estados nacionales, todos, están sucumbiendo gotita a gotita a esa globalización. Las organizaciones supranacionales están en todas partes: desde las empresas multinacionales, a las comunicaciones, a nuestro supermercado. Las legislaciones tienen que adaptarse a este nuevo contexto y, por ejemplo, ante la aceleración de lo de trabajar desde casa que conlleva la aparición del Covid-19, será habitual en pocos años que una pyme tenga entre sus trabajadores gente que viva en diferentes continentes.

Así que lo del Brexit, a corto plazo, es una gotita en un océano, a largo plazo se verá como una anécdota. El problema es que esa gotita está en la parte del océano en la que yo vivo, y más allá de las dinámicas macroeconómicas, nos va a afectar a unos cuantos. Y alarma que los que están negociando por la parte británica son unos descerebrados que no entienden de la misa la mitad.

Así que a ver con qué consecuencias nos vamos a enfrenar, en el corto plazo.

Tanques y oficinas

¿Tiene sentido invertir miles de millones en que el ejército renueve tanques, aviones o barcos? En la época de los ataques terroristas, de los hackers informáticos, los riesgos no están en una invasión a la antigua usanza. De la misma forma que los fabricantes de espadas dejaron de ser importantes hace más de doscientos años, los ejércitos tienen que repensar si vale la pena en invertir en las armas habituales en el último siglo.

Las empresas tienen desafíos parecidos hoy en día. ¿Invierten en edificios de oficinas donde los trabajadores se concentren para trabajar? ¿O invierten en la infraestructura necesaria para permitir el trabajo en remoto? Los tiempos cambian, y las dueños de las zonas de oficinas en las ciudades ya se están planteando reorientar su uso a viviendas.  

2020

Uno de los regalos de cumpleaños para mi hija ha sido una máscara con la boca de un oso de peluche. Ha sido sólo una broma, pero es un detalle que no habría tenido sentido hace sólo unos meses.

Este 2020 va a ser un año recordado como un momento de inflexión en el que se aceleraron transformaciones latentes, cambios que redibujarán la sociedad en la que vivimos.

2020 será un año con significado propio, como lo fueron 1989, 1939, 1914, 1969, 2001, 1492, 1789…

Años que sólo con nombrarlos ya te dicen algo.

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Septiembre

Estamos a punto de llegar a Septiembre, un mes especial, por lo que implica de final de vacaciones, final de etapa, inicio de una nueva. Una especie de Enero, pero más soleado.

Sin embargo, este Septiembre es diferente. Covid-19 diferente. Las clases tienen que empezar, la rutina del día a día tiene que volver, pero el virus lo está confundiendo.

Va a ser un Septiembre difícil, un Septiembre determinante, que marcará cómo irá el resto del año, que nos confirmará que los frenos no funcionan, o, con suerte, seremos capaces de dar un volantazo y evitar el muro.