Culto al meme

A Che Guevara la cosa de gobernar le aburría un poco. Eso de ser Ministro de Finanzas y Presidente del Banco Nacional le permitió experimentar la diferencia que existe entre unos ideales ambiciosos y la disidente realidad que no hace exactamente lo que uno quiere.

Así que dejó su puesto de ministro y se dedicó a lo que de verdad le ponía, la cosa de montar revoluciones y derrocar gobiernos. Empezó con el Congo, pais enorme, en el centro de África, lugar ideal para irradiar los ideales a todo un continente. Pero, claro, no es lo mismo aunar esfuerzos en una isla con contornos bien definidos, con apenas un puñado de siglos de historia (en Cuba no queda ni rastro de sus habitantes originarios), que en un lugar como el Congo, con cientos de tribus con miles de años de haber estado por ahí. Lo de “pais”, lo de “nación”, no tiene el mismo sentido en ese contexto. En menos de un año, el Che y sus camaradas acabaron por huir de aquel lugar.

Un año después vuelve a intentarlo en Bolivia, centro geográfico de sudamérica, también un lugar “ideal” para irradiar la Revolución. Y ahí es donde acaba muriendo en combate contra el ejercito boliviano, con la ayuda de la CIA.

El morir por tus ideales puede tener cierta mística, hay algo de romanticismo que te invita a respetarlo. Pero también existe una parte de tozudez, de incapacidad de aceptar una realidad compleja, de simplificarla y buscar soluciones radicales que no han sido validadas, de imponer tus ideales por la fuerza, de atracción por la aventura, por la violencia.

Pero, claro, esas fotos con su mirada al infinito y sus esloganes al estilo “¡Hasta la vitoria siempre!”, queda muy bien en memes y camisetas, que es lo que realmente importa…

Fake News, no so new

Las “Fakes News”, una de las expresiones que están más de moda hoy en día, una novedad de estos tecnológicos tiempos en los que vivimos… ¿o no?

La expresión “Fake News” es nueva, pero su concepto no lo es, ya que ha sido habitual a lo largo de la historia de la humanidad: la caza de brujas, la leyenda negra que Inglaterra difundió sobre España, Octavio Augusto acusando a Marco Antonio de borracho, los periódicos americanos acusando a España de explosionar el Maine en la Habana, las acusaciones de los británicos durante la Primera Guerra Mundial acerca de los alemanes extrayendo grasa de los soldados muertos para hacer jabón…

Y, por qué no, tocando temas más sensibles para algunos, los sucesos milagrosos que son el fundamento de muchas religiones, los ovnis, los fantasmas…

Propaganda, leyendas urbanas, confusiones que se convierten en verdades oficiales, el poder de las “fake news” en el pasado fue probablemente mayor del que es ahora, porque hoy las desinformaciones se propagan de forma vertiginosa gracias a las redes sociales, pero al mismo tiempo existen más mecanismos para contrastar la información. ¿Qué posibilidad tenía una persona de hace cientos de años, viviendo en un pueblo, de entender lo que realmente pasaba a su alrededor? Si le contaban a la luz de la chimenea que existían mujeres que pactaban con el diablo por las noches, que eran las responsables de los males que sufría su región, dicho por personas “respetables” de su comunidad, pues lo más seguro es que se lo creyera y estuviera a favor de quemar en la hoguera a esas mujeres.

El hecho de que seamos conscientes de las “fake news”, de sus peligros, de que seamos capaces de identificarlas, nos pone en una situación mucho mejor de la que tenían nuestros antepasados.

Le llegó el tiempo al Tiempo

En 1881 el diplomático y escritor español Enrique Gaspar escribió “El Anacronópete”, la primera historia en la que unas personas viajan en una máquina del tiempo al pasado. Esta historia precede a las de H.G. Wells, “The Chronic Argonauts”, de 1888, y “The Time Machine”, de 1895. En 1889 Mark Twain escribió “A Connecticut Yankee in King Arthur’s Court”, el mismo año que Lewis Carrol escribió “Sylvie and Bruno”, donde unos niños utilizan un reloj para viajar en el tiempo, y también en 1881 una pequeña historia publicada en un periódico por Edward Page Mitchell, “The Clock that Went Backwards”, también los protagonistas viajan al pasado con la ayuda de un reloj.

Es improbable que todas estas historias se influyeran las unas a las otras. ?Es posible que una pequeña historia escondida en un periódico en 1881 influyera a Mark Twain? Puede ser, pero el escritor español escribió su historia el mismo año mientras trabajaba como diplomático en China, en la China de 1880… En la década de 1880 la información no viajaba como hoy en día, lo más probable es que el contexto de avance de la ciencia influyó para que la imaginación de diferentes escritores crearan historias de viajes en el tiempo, independientes las unas de las otras.

Un ejemplo de “Descubrimiento Simultáneo”, como lo fueron el desarrollo del cálculo matemático (Newton y Leibniz) o la agricultura (en Oriente Medio, en China y en América.

Cloud Atlas

La primera vez que vi esta película me gustó. La segunda me maravilló y acabo de comprarme el libro, del británico David Mitchell.

Son 6 historias ambientadas en diferentes lugares y épocas: 1849, 1936, 1973, 2012, 2144 y “106” inviernos tras la caída (en el libro, 2321). El mensaje viene a ser que nuestras acciones abren nuevas posibilidades, aunque no seamos conscientes heredamos las acciones del pasado y las transmitimos y las transformamos hacia el futuro, hacia la “eternidad”.


Es la teoría de los memes convertida en historias concretas, personalizada, contada de una forma que sólo una novela puede hacer. Porque el conocimiento no sólo se racionaliza, el conocimiento se interioriza, se amalgama con las emociones para convertirse en algo más que una idea.

Almas y Blues

En 1938 un músico de 27 años, Robert Johnson, muere en Greenwood, Missisipi. Hay quién dice que envenenado por el marido de una mujer con la que estaba flirteando. Era un músico itinerante que iba de pueblo en pueblo por el sur de Estados Unidos tocando en las calles y pequeños locales, pero durante los dos años anteriores a su muerte grabó un puñado de canciones que dos décadas después servirían de inspiración a una nueva generación de músicos: Eric Clapton, Keith Richards…

Cuando los biógrafos tratan de desentrañar su historia ya es tarde. La realidad, la ambigüedad y las leyendas se entremezclan: es el candidato perfecto para ser aquel músico que una medianoche, en un solitario cruce de carreteras vende su alma al Diablo, a cambio de poder interpretar cualquier cosa con su guitarra.

One of the two known photos of Robert Johnson. This portrait was taken by the Hooks Bros. Photography Company in Memphis, Tenn., circa 1935.

El cruel doctor Duncan

Duncan MacDougall era un doctor norteamiericano que pensaba que el alma tenia masa, por lo que sería posible determinarla pesando a moribundos antes y después de la muerte. En 1901 lo hizo, con seis pacientes, y como media obtuvo que los fallecidos perdieron 21 gramos.
Experimentos similares se sucedieron con ratas, perros, ovejas, con resultados diversos: las ovejas durante unos minutos pesaban más después de muertas, deduciendo que una especie de “portal místico” se abría sobre sus cuerpos, provocando que pesaran más; no encontró diferencias en el caso de los perros, lo que le llevó a la conclusión de que no tenían alma. Por supuesto, no se trataba de animales moribundos, los envenenaba.
Parece que su siguiente paso era fotografiar el alma, pero fracasó en el intento.
Llegó a publicar sus estudios en alguna revista científica de la época y se convirtió en una especie de leyenda urbana desde entonces.

La originalidad no existe

“Puede que no exista eso de la originalidad”. Lo que cualquiera de nosotros pueda inventar es fruto del saber acumulado de la época en la que uno está viviendo. En este articulo de The Guardian se explica la “pre-historia” de la idea de la evolución, un concepto que había estado latente en el pensamiento de muchas generaciones. El mérito de Charles Darwin es el de estructurar la idea, investigarla con detalle y explicarla con elegancia, pero él no “descubrió” el concepto evolución como tal (motivado porque otro investigador, Alfred Wallace, había desarrollado, con menor detalles, las mismas ideas).

Y no es que tenga algo en contra del pobre Darwin, al que admiro, sino que esto se puede extender a cualquier  campo del conocimiento o del arte.