Todavía no

Una historia más sobre lo rudimentario de la Inteligencia Artificial a día de hoy: un chatbot médico le recomendó a un paciente que se suicidara.

Era un paciente ficticio, menos mal, durante un experimento, y este sólo fue el error más llamativo entre muchos otros, pero nos da una medida de lo que estas tecnologías pueden hacer.

¿Estamos entrenando a monos a hacer tareas con la esperanza de que hagan tareas complejas?

Entiendo…

En mi opinión las posibilidades de la Inteligencia Artificial están exageradas en el corto plazo. Las “máquinas” están siendo capaces de ejecutar actividades cada vez más complejas pero existe un nivel de complejidad en el que los humanos todavía somos mejores y el momento en el que las máquinas sean capaces de entender realmente lo que están haciendo está todavía muy lejos.

Pero llegará el momento en el que de forma artificial se podrá crear una consciencia. Dentro de 100 años, de 1.000 o de 10.000.

Leo en algunos escépticos acerca de la limitada capacidad de entendimiento que tienen las máquinas hoy en día. En uno de estos artículos se pone el ejemplo sobre un programa que analiza preguntas y da respuestas. Cuando no es capaz de entender lo que el humano dice la respuesta es “Entiendo”, con la esperanza de que el humano siga escribiendo y la próxima frase tenga más sentido.

Pero… ¿no es esto precisamente lo que los humanos hacemos? En muchas ocasiones no entendemos lo que está sucediendo pero esto no nos impide seguir funcionando, nosotros seguimos a “lo nuestro” como si entendieramos lo que sucede o, más bien, no nos importe. Quizás, el programar un sistema para dar respuestas contradictorias como la de “Entiendo” es una prueba de que las “máquinas” ya tienen algo de humano… o nosotros algo de máquinas.

Los ojos de un moldavo

Existen varios lugares en los que conducir es una locura por la aparente falta de respeto a las normas más básicas de circulación. Uno de esos lugares parece que es Moldavia, lugar en el que un nortearmericano se sorprendió porque a pesar del caos que presenciaba en las calles no veía que sucediera ningún accidente. Este turista le preguntó a un experimentado conductor local por la razón de esta aparente contradicción y éste le respondió “porque nos miramos a los ojos”.

Este ejemplo lo pone un filósofo especializado en tecnología en relación a la dificultad para llegar al nivel 5 de conducción autónoma, que es el nivel necesario para dejar a los coches ir por ahí sin ningún tipo de intervención humana. Estamos mucho más lejos de llegar a este nivel de lo que parece, según dicen, y una de las razones es la incertidumbre inherente en la realidad que nos rodea, representada por un conductor moldavo en un cruce repleto de coches, camiones, motos, bicicletas y camiones, en los que la única forma de saber qué va a hacer es mirarle a los ojos y “deducirlo” en el último segundo.

La inteligencia artificial está lejos, hoy por hoy, de “leer” los ojos de un moldavo (eso es nivel 6).

Lavadoras & Terminator

Los inventos son normalmente hijos de mil padres. La máquina de vapor tiene sus orígenes en el problema de extraer agua de minas inundadas. El español Jerónimo de Ayanz ya creó un ingenio en 1606 con este fin, pero fue el británico Thomas Savery el que patentó un diseño efectivo basándose en las ideas que el francés Denis Papin aplicó en su invento de la olla exprés.

El caso es que unos inventos que trataban de resolver problemas muy concretos y prácticos (sacar agua de una mina y cocinar más rápido) acabaron, con el paso de los años y la evolución de estas ideas, por transformar el mundo.

Hoy leo un artículo de como unos ingenieros han desarrollado en Coventry, Inglaterra, un robot “que puede pensar como un humano”, es una máquina que puede ser utilizada en una fábrica y utilizando técnicas de reconocimiento visual y machine learning puede tomar decisiones de ensamblaje en función de los elementos que se ponen frente a él.

No serán los proyectos que tratan de emular la inteligencia humana los que acabarán por transformar el mundo, el origen de un futuro Skynet (Terminator) vendrá de las iniciativas que tratan de resolver problemas prácticos, los que tratan de combinar la tecnología para ser más eficientes construyendo, por ejemplo, una lavadora.

42 y sistemas económicos

El día que hayamos desarrollado esa inteligencia artificial a la que preguntarle cuál es “el sentido de la vida, del universo y todo lo demás”, lo que de verdad tenemos que preguntarle es cuál es el sistema económico y político más adecuado para disfrutar de una sociedad lo más equilibrada posible.

Lo más seguro es que responda “42”, porque ni la inteligencia artificial más poderosa será capaz de resolver ese problema.

Inteligencia Artificial Nihilista

El ser humano acabará desarrollando una Inteligencia superior a la suya. Pero no será una sola, diferentes inteligencias se desarrollarán, con sus propios planteamientos existenciales.

Existirá una Inteligencia Artificial Nihilista Negativa, que negará la trascendencia, que negará el sentido a la vida, a las verdades absolutas, una Inteligencia que será una amenaza para el ser humano. Pero también se desarrollarán otras Inteligencias más positivas, que interpretará la ausencia de trascendencia como una oportunidad, será capaz de ver las infinitas posibilidades de la vida, un Nihilismo positivo.

Entre estos dos tipos de Inteligencia existirán otras, y la realidad seguirá tan confusa como siempre ha sido.

¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?

“Shuffle Play” es una herramienta nueva que Netflix va a poner a disposición de sus subscriptores en la segunda mitad de este año.

Netflix sabe que los usuarios nos pasamos mucho tiempo tratando de encontrar algo nuevo para ver, como si fuéramos drogatas en busca de un nuevo chute, y aunque ya tiene algoritmos que sugieren al usuario nuevos programas, no es suficiente.

Así que han creado otro algoritmo más potente, se supone, que decidirá por ti el siguiente programa que “quieres ver”. Dicen que lo están probando y los resultados son muy buenos… ¿seguro?

Por una parte soy escéptico de que el algoritmo sea capaz realmente de predecir algo que me vaya a gustar, pero eso es lo de menos. Lo realmente preocupante es el peligro de delegar en otros lo que es mejor para nosotros, en externalizar las decisiones a “cajas negras”. Uno puede decir que esto es realmente lo que ha sucedido durante muchos años en los medios tradicionales, forma parte de nuestra infancia el consultar la guía de televisión en el periódico para saber que iban a poner en la tele esa noche. Pero tras todas estas oportunidades que brinda Internet, ¿realmente vamos a dar un paso atrás para volver a lo de antes?

Somos como pájaros que han vivido encerrados en una jaula toda la vida. Nos abren la puerta y no queremos volar.

Virgencita, que me quede como estoy…

La “superinteligencia” es algo que irremediablemente va a suceder, según este video. Y la verdad es que suena muy plausible, ya que apenas hemos empezado a desarrollar la tecnología que podría permitirlo. Un futuro al más puro estilo “The Matrix”, donde la superinteligencia no tiene porqué tener como prioridad a las personas, donde las máquinas dominan el mundo y tratan a los humanos como esclavos…

Qué bueno haber nacido a finales del siglo XX…

El futuro de la guerra es el futuro del mundo

Ha sucedido repetidas veces a lo largo de la historia.

Aprendimos a lanzar piedras y empezamos a matar a distancia.

A la piedra le incorporamos un palo y la convertimos en una lanza, aumentando así su precisión, su maniobrabilidad y su potencia.

A alguien se el ocurrió utilizar otro palo y una cuerda para inventar un arco, y nuestro radio de acción se multiplicó. Por el camino extinguimos mamuts, grandes felinos, conquistamos territorios, arrasamos poblados.

Luego le vino el turno a los metales, cobre, primero, hierro después. Los que disponían de los secretos del hierro levantaron imperios y esclavizaron a los perdedores.

Tiempo después el gran salto evolutivo en la guerra fue la pólvora. Los cañones acabaron por convertir en inútiles las murallas que rodearon durante miles de años las ciudades. Los mosquetes empezaron a cambiar la lucha cuerpo a cuerpo por la muerte a distancia. Los rudimentarios mosquetes evolucionaron hasta ingenios que vomitan muerte a cientos de veces por minuto.

Al mismo tiempo la muerte empezó a venir por el aire, matar se convirtió en algo más distante y masivo.

La cumbre tecnológica en el arte de matar llegó con las bombas atómicas, acabar con toda una región apretando un botón a miles de kilómetros de distancia.

Las tecnologías militares han dado forma al mundo, el mundo es como es hoy debido en buena parte a las armas que han estado a disposición de los seres humanos en cada momento de su historia. Es cierto que la evolución exponencial en la capacidad de matar no está relacionada con el número de muertos. Hoy podemos matar mucho más y más eficientemente que en ningún momento de la Historia, pero como defiende Steve Pinker hoy muere menos gente por guerras que antes. De alguna forma también ha crecido de forma exponencial el lado positivo del concepto “civilización”. Sin embargo vivimos en un peligroso equilibrio, un sólo evento catastrófico puede arruinar las estadísticas, un “cisne negro” decisivo y mortal.

Una nueva generación de armas es una nueva vuelta de tuerca que va a transformar nuestras sociedades. La inteligencia artificial, imbuida en drones, en aviones autónomos y robot-soldados, algo que cada día que pasa es menos ciencia-ficción y más realidad. Es posible que estas armas vayan a tener un mayor impacto en el corto plazo que las armas nucleares, porque los escrúpulos para utilizarlos serán menos incómodos de evadir.

China, Rusia, Estados Unidos… quien domine estas nuevas tecnologías determinará el rumbo de los próximos cien años.

Primeras impresiones

Este mes se ha publicado un estudio científico que describe como un algoritmo es capaz de acertar la afiliación política de una persona a través de su fotografía.

Las críticas no se han hecho esperar, críticas que ponen en duda la metodología y que vinculan este tipo de análisis con teorías pseudocientíficas del siglo XIX como la frenología.

Y reconozco que puede resultar incómodo que una foto pueda decir que tipo de persona soy, pero las nuevas técnicas de análisis que empiezan a estar disponibles pueden detectar detalles de mi rostro que esconden mucha información: información genética, información sobre mi dieta, mi estilo (llevo barba o no, qué tipo de barba, cómo me peino…), sobre mi desarrollo fetal…

¿Hasta qué punto estos elementos pueden determinar qué pienso? No lo sé, pero no descartaría que algo es posible porque simplemente resulta incómodo. De hecho cuando lo vemos en películas o series de televisión nos maravillamos, ya que estos algoritmos tratan de hacer lo que Sherlock hace en un segundo cuando de un vistazo te ha averiguado tropocientomil cosas…