El algoritmo del karma sigue usando tablas de bueyes y ovejas. Y claro, el ghosting lo vuelve loco.
Inteligencia Artificial
Un libro que lo explica todo, escrito por una inteligencia artificial. Para nosotros, solo unos versos al final.
Cuando se creó el mundo no existían las palabras. Puede que vuelva a ser así.
¿Soy algo más que un loro que repite los mantras de su tiempo? Una reflexión sobre la fiebre de la IA, con final escrito por ella misma.
En uno de los futuros posibles seremos las mascotas de la IA. Y es de los más benevolentes.
Una canción olvidada en un disco duro, una IA musical y la pregunta de dónde acaba la creatividad humana.
El Padrino con otro reparto, gracias a la IA. Suena divertido. También da un poco de miedo.
Nuestro conocimiento, como el de los perros, tiene límites. La IA puede que no.
«Este amigo no te conviene». «Vende». «Vota a…». Cómo sería una sociedad con un Pepito Grillo de IA susurrándonos al oído.
Jovellanos tenía cara de cansado. Sus herederos serán algoritmos que deciden por nosotros… sin cara de cansados.
Descubrimos que el sol no gira a nuestro alrededor, y luego mucho más. Nada es lo que parece: la vida es un MacGuffin.
Un Trump falso promocionando Futuros Imperfectos. Una broma tonta que anticipa un problema serio: los deepfakes.
Casi un año sin escribir aquí. Toca retomar el blog, con libros en marcha y algún experimento con la IA que acojona.
«Pepe, ponme una cervecita». El robot doméstico llegará, y lo que nos venderá será no sentirnos solos.
Los neandertales nos dejaron un 2% de su ADN. ¿Y si también nos dejaron algunas de las historias que se contaban junto a la hoguera?
Sin Cyrano AR, el sistema de realidad aumentada, no hubiera pasado de la primera cita. Con él, todo fue perfecto. Quizá demasiado.
Una IA que sabe de tus temas favoritos, usa el tono justo y te cuenta los chistes que más gracia te hacen. ¿Quién querrá hablar con humanos?
Un reverendo que murió sin saber que sus fórmulas, quizá pensadas para calcular milagros, acabarían recomendándote películas.
Una vidente virtual lee la mano a sus clientes. Y alguien en Kampala vigila lo que dice.
Si un día nos confesamos con un casco de realidad virtual, ¿quién guardará nuestros secretos?