Los Límites de la Creatividad

La creatividad humana evoluciona con la tecnología.

No es lo mismo contar una historia alrededor de una hoguera que escribir una novela de 400 páginas o producir una película de dos horas.

No es lo mismo pintar en una cueva que en un lienzo, incluso hay un antes y un después en la pintura con al aparición de la fotografía en el siglo XIX.

No es lo mismo que un juglar toque un un instrumento de oído y memorize centenares de canciones a que la música pueda ser escrita, grabada, modificada con artilugios electrónicos que reproducen sonidos que nunca antes habían exisitido.

Y ahora le ha tocado el turno a la Inteligencia Artificial, para darle una vuelta de tuerca más, quizás definitiva, a eso que nos ha parecido siempre tan humano: la creatividad.

La inteligencia artificial produce textos, dibujos, fotografías, videos y música en cuestión de segundos. Basándose en toda la información disponible son capaces de reproducir cualquier estílo artístico a partir del puñado de palabras que le propongamos: los «prompts», una de esas palabras que no existían y ha venido para quedarse.

Es una forma sofisticada de plagio, no es más que un loro que cacarea cosas que ya existen, no es capaz de crear nada nuevo, dicen.

Pero la inteligencia artificial ha venido para quedarse. Y podemos ser como los artesanos de hace varios siglos que irrumpían en las incipientes fábricas de telares para destruir aquellas endemoniadas máquinas, o podemos tratar de adaptarnos a esta nueva ola.

Yo, creo, soy de los que trata de adaptarse. Reconozco que me gusta experimentar con esta tecnología que es como un juguete que te permite hacer cosas que antes ni imaginabas. Como lo que voy a contar a continuación, mi experimento con 19 Días y 500 Gigas.

No se me da bien tocar la guitarra, ni cantar, pero como persona creativa que creo que soy, a veces escribo canciones, como esta que grabé hace más de 20 años: La Canción de los Buenos Días.

¡Qué joven me veo!

Tenía este video escondido en un disco duro hasta que hace un par de semanas descubrí una de esas aplicaciones de inteligencia artificial que crea música, SUNO. Descubrí que si subías una canción a esta plataforma, sus algoritmos podían hacerla evolucionar hacia algo realmente respetable. Y, ¿por qué no? Le di una oportunidad. El resultado es el siguiente (la canción está modificada con SUNO, las imágenes del video las he hecho con FLOW).

¿Es esta mi canción, la que escribí hace más de 20 años y permaneció escondida en un disco duro durante todo este tiempo?

Sí, la siento como mía. No es mi voz, no toco los instrumentos que suenan. Pero es mi letra, son mis acordes, es mi melodía.

Este software me ha hecho sentir como una mezcal de cantautor y productor musical, me he permido convertir el esbozo de una canción en algo que, no soy objetivo, ¡a mi me suena bien!

Reconozco que hay algo que no huele bien aquí: cierto sentido de traición a la raza humana por sucumbir a las tentaciones de la inteligencia artificial; la desconfianza que ahora tengo hacia toda creación que veo, escucho o leo. ¿Habrá sido hecho por esa artificiosa inteligencia?

Pero, si un día vas por la calle y escuchas una melodía de la que no sabes nada pero que te cautiva. ¿Te gustará menos cuando descubras que ha sido, al menos parcialmente, ensuciada por esa artificialidad?

No tengo unas respuestas claras hacia el futuro que nos espera. Pero la canción que comparto tiene un origen genuinamente humano (al menos para todos aquellos que me consideren humano). La tecnología me ha permitido amplificar ese impulso creativo inicial y convertirla en una verdadera canción. La pobre canción no es culpable de cómo ha sido creada.

Ni esta, ni las otras que forman parte de este experimento del que os hablaba, 19 Días y 500 Gigas, el grupo virtual que he creado y que «ha publicado» sus canciones en todas las platformas: Spotify, Apple Music, Amazon Music, Youtube Music

Supongo que a mucha gente no le gustará esta tendencia. Disculpas de antemano por, quizas, contribuir a la sobrecarga de información en el ciberespacio.

Pero como individuo inquieto al que le gusta crear y experimentar con estas cosas, no he podido resistirme a la tentación.

(Para el seguimiento de este experimento, aquí está su propio blog).