Una mentira con convicción le gana a una verdad a secas. Pero hay algo que le gana a todo.
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El horizonte ya no está donde alcanza la vista: está en nuestras pantallas.
Uno diría que los puestos importantes deberían ocuparlos personas capaces y equilibradas. Pero no, no tiene por qué ser así.
El niño ochentero soñaba con coches voladores para el año 2000. Llegaron las pantallas, la polarización y el autotune.
Antes, dos cadenas de tele y hombres trajeados. Ahora, una realidad a la carta. ¿Dónde quedó el término medio?
Antígono no tenía Instagram ni filtros, así que tuvo que embellecer su viaje de otra manera. Y nacieron los unicornios.