Obituarios

Hace unos años, como veinte, me aficioné a leer los obituarios de El País. Hasta ese momento no me había fijado en ellos, fue una especie de descubrimiento. La vida de personas no muy conocidas, pero con vidas muy interesantes. No me fijé en los nombres de la persona, o personas, que se dedicaban por aquellas fechas a escribir esta sección, es posible que aquellos periodistas estaban especialmente dotados para escribirlas.

Porque al fin y al cabo, los obituarios pueden considerarse como un pequeño género literario en sí mismo. Condensar la vida de una persona en la página de un periódico es como escribir un cuento basado en hechos reales, y si el que escribe es capaz de fijarse en los detalles más importantes de la vida de una persona, es capaz de convertir la vida más insignificante en una bella epopeya.

Black Mirror hace 100 años

Una de las series de televisión que más me ha gustado en los últimos años es Black Mirror, serie en la que se plantea como unas innovaciones tecnológicas plausibles y cercanas pueden afectar a las personas en un futuro próximo: implantes cerebrales que graban todo nuestro día a día, recreaciones virtuales de personas fallecidas, monitorización extrema en las redes sociales… La tecnología nos cambia y es interesante jugar con estas ideas de “ciencia-ficción a la vuelta de la esquina” con el fin de anticipar como nos va a cambiar.

¿Qué historias podría haber escrito un autor en el año 1900 siguiendo el mismo planteamiento? Los escritores de hace más de cien años, como Julio Verne o H.G. Wells, centraron sus creaciones en los inventos y en hechos más grandilocuentes, como submarinos, viajes a la Luna, o la genética, no se centraron en el día a día de personas comunes, enfoque que Charlie Brooker, dio a Black Mirror. Hubiera sido interesante leer historias que especularan con el efecto de la nueva luz eléctrica disponible a cualquier hora del día o de la noche; la posibilidad de hablar a cientos, miles de kilómetros con cualquier persona; ser capaces de ir y volver de vacaciones a otro país en una sola semana; que millones de personas se entretengan viendo lo mismo desde sus casas, a través de algo que llaman “televisor”…

Tantas y tantas cosas que hoy son absolutamente normales en nuestro día a día, que hemos normalizado, sin ser capaces de entender hasta que punto nos han cambiado.

Atajos mentales

En el libro de la escritora tura Elif Shafak, “10 minutos y 30 segundos en este extraño mundo” hay una escena de un niño de unos meses al que rodean de objetos con el fin de que escoja uno. Cada uno de esos objetos representa una profesión: abogado, militar, sacerdote… El que elija determinará lo que ese niño será cuando sea mayor.

Elif Shafak es turca, aunque vivió en diferentes países, la mayor parte de su infancia la pasó en Estambul, y su escritura hace referencia a experiencias que parecen muy personales, que ha vivido de cerca.

Escenas como esta muestran el pensamiento mágico, más evidente en sociedades en las que la religión es más predominante. Pero este pensamiento mágico todavía impregna todo tipo de sociedades, incluida la nuestra, es la razón por la que las conspiraciones o el populismo se extiende. El buscar explicaciones sencillas que puedan dar sentido y control a la realidad está incrustado en nuestro ADN.

Le llegó el tiempo al Tiempo

En 1881 el diplomático y escritor español Enrique Gaspar escribió “El Anacronópete”, la primera historia en la que unas personas viajan en una máquina del tiempo al pasado. Esta historia precede a las de H.G. Wells, “The Chronic Argonauts”, de 1888, y “The Time Machine”, de 1895. En 1889 Mark Twain escribió “A Connecticut Yankee in King Arthur’s Court”, el mismo año que Lewis Carrol escribió “Sylvie and Bruno”, donde unos niños utilizan un reloj para viajar en el tiempo, y también en 1881 una pequeña historia publicada en un periódico por Edward Page Mitchell, “The Clock that Went Backwards”, también los protagonistas viajan al pasado con la ayuda de un reloj.

Es improbable que todas estas historias se influyeran las unas a las otras. ?Es posible que una pequeña historia escondida en un periódico en 1881 influyera a Mark Twain? Puede ser, pero el escritor español escribió su historia el mismo año mientras trabajaba como diplomático en China, en la China de 1880… En la década de 1880 la información no viajaba como hoy en día, lo más probable es que el contexto de avance de la ciencia influyó para que la imaginación de diferentes escritores crearan historias de viajes en el tiempo, independientes las unas de las otras.

Un ejemplo de “Descubrimiento Simultáneo”, como lo fueron el desarrollo del cálculo matemático (Newton y Leibniz) o la agricultura (en Oriente Medio, en China y en América.

Iraníes en el centeno

J.D. Salinger litigó con un director de cine iraní y un escritor sueco por problemas con los derechos de sus historias. El primero hizo una película basada en uno de sus relatos, el segundo escribió una novela con un personaje que se suponía era el protagonista de “El Guardián en el Centeno”, pero ya con más de 70 años (en el libro original, escrito a principios de los 50, el protagonista tiene 16).

Lo que me sorprende de estos hechos es la actitud de Salinger hacia sus historias y personajes y hacia las creaciones de otros. Todos los autores, todos, por muy originales que sean o se crean, se nutren de lo que han leído de otros. Y es fantástico que hayan otros creadores en lugares tan distantes como Suecia e Irán utilicen las ideas que han sido filtradas por uno. En lugar de sentirse ultrajado por un concepto materialista, muy americano, de los derechos de autor, Salinger debió sentirse honrado de que el filtro de sus creaciones hubieran llegado tan lejos.

Escritura abstracta

Leer un libro hoy no es lo mismo que antes. Hoy el lector tiene a su disposición películas, series de televisión, noticias, internet, tweets, tik toks… De la misma forma que la aparición de la fotografía liberó a los pintores del siglo XIX de la necesidad de captar con realismo la realidad, escribir hoy en día no implica contar una historia bajo las pautas de la realidad: historias lineales, objetivas, con sentido.

La escritura necesita de impulsos impresionistas, abstractos, surrealistas, cubistas, expresionistas, para moldear y modificar una realidad que ya está siendo contada en otros formatos.

A pesar de que la literatura de hoy en día tiene algunos de estos efectos, como la no necesidad de seguir la flecha del tiempo, no da la sensación de que, a día de hoy, haya sido “impactada” realmente. Da la sensación de que la verdadera revolución está por venir.

Historias e Incertidumbres

Desde que el ser humano desarrolló el lenguaje nos hemos contado historias los unos a los otros. Primero alrededor del fuego, describiendo como fue la caza del día, recordando las historias que les contaron los abuelos, imaginando lo que había al otro lado de las montañas. 
Entonces llegó la invención de la escritura, la imprenta, la radio, el cine, la televisión, YouTube y Netflix, y eso de contar historias evolucionó de forma vertiginosa, con sus diferentes formatos, ritmos y formas de difusión.
¿Cómo ser original en este contexto? Seguro que cualquier cosa que quieras contar ha sido ya contada. Puedes cambiar los personajes, el orden de los sucesos, el momento histórico, pero al final lo que cuentas es la evolución de algo pre-existente. Hay quien dice que sólo hay 4 tipos de tramas, otros que 5, otros que 7, puede que 12. El número en sí es lo de menos, pero al final lo que escribas va sobre el enfrentamiento del bien y del mal o sobre el cambio que experimenta una persona, sobre viajes, búsquedas, retornos…
Es difícil sorprender, y eso lo notamos cuando, a pesar de todo el contenido que está al alcance de nuestros dedos, pasamos un cuarto de hora en Netflix tratando de encontrar algo que nos apetezca ver, para acabar o apagando la tele o viendo algo con desgana.
Pero hay algo que siempre va a estar ahí como un ingrediente al que hay que sacar partido. La incertidumbre. Si lo comparamos con otra forma de entretenimiento, el fútbol, se puede entender mejor. Hoy en día el fútbol no es un deporte, es un espectáculo. O pones una serie de TV o pones el partido. Son competidores en busca de tu tiempo, y el fútbol, como las series de TV, cuentan historias. Y a pesar de haber visto el Madrid-Barcelona decenas de veces, quieres volver a verlo, a pesar de haberlo visto antes, de que los personajes sean los mismos (es la lucha del bien contra el mal, cada uno elige el lado de los buenos), que la trama se repita. El ingrediente que te tiene atrapado es la incertidumbre del resultado.
O por lo menos, la ilusión de incertidumbre. Y eso es un ingrediente fundamental en una buena historia.

Había una vez, en tal lugar a alguien le sucedió tal cosa

Parece increíble que con sólo siete notas se puedan componer tantas y variadas melodías, que nunca se nos acaben, pero es porque hay que tener en cuenta que a los tonos hay que añadir los semitonos, el tempo, los acordes, las escalas, el color, la intensidad…

“Había una vez, en tal lugar a alguien le sucedió tal cosa”. En cierto sentido, según John Yorke, un productor de televisión británico que está a punto de publicar “In TheWoods: A Five Act Journey Into Story”, todas las historias del mundo se reducen a este simplificado argumento. Y es que, como la música, también pueden reducirse a un limitado número de elementos que se combinan para conseguir muchos e inesperados resultados. Según este autor son los siguientes:
  • El Protagonista
    • La historia te presenta un personaje principal y te invita a que te identifiques con él o ella, que se transforme en tu avatar. Y no hace falta que sea simpático o bueno, puede que nuestra identificación se base en zonas oscuras y desconocidas de nuestra personalidad.
  • El Antagonista
    • Hitchcock decía que cuanto mejor sea el villano mejor será la película. El antagonista puede ser “Externo”, como los malos del James Bond, o “Interno”, representado por las debilidades del protagonista: alcoholismo, cobardía, baja autoestima. “El antagonista representa las cualidades que le faltan al protagonista”. Joker le decía a Batman: “You complete me”.
  • El Deseo
    • Aaron Sorkin: “Alguien tiene que querer algo, algo tiene que interponerse. Si tienes esto, tienes una escena”. Pero una cosa es lo que los protagonistas creen que quieren y otra es lo que finalmente acaban encontrando: Rocky, Little Miss Sunshine, Cars, Tootsie…
  • El Incidente
    • Es el “algo” que sucede, lo que despierta el deseo, el problema que hay que resolver.
  • El Viaje
    • Durante la búsqueda de su objetivo el protagonista cambia, no va a ser la misma persona que al principio de su viaje.
  • La Crisis
    • El momento donde no se sabe cómo el protagonista va a salir de esa, el dilema final, en el que tiene que tomar una decisión definitiva.
  • El Clímax
    • La respuesta que el Incidente plantea, “¿Qué va a pasar?”. Pues esto. El momento en el que el protagonista se enfrenta al antagonista.
  • La Resolución
    • Tradicionalmente todos los hilos de la historia han tenido un final, casi siempre feliz. Pero cada vez nos encontramos más finales abiertos.
  • Ponerlo todo junto
    • En mayor o menor medida, la combinación de los elementos anteriores están presentes en todas las historias. Incluso la ausencia de alguno de ellos puede tener una implicación narrativa
En todo caso tenemos que recordar que el punto de partida no son más que una veintena de caracteres, que con sus infinitas permutaciones nos ofrecen resultados de lo más variopintos: desde una receta de Arguiñano al Boletín Oficial del Estado, desde el guión de “Salvame” a un poema de Neruda.