Sobre Viajes en el Tiempo

La primera entrada de este blog es de 2008. Mediaba la treintena y sentía que varios “Sergios” habían habitado mi cuerpo. El niño, el adolescente, el veinteañero, el militar, el trabajador, el fiestero, el voluntario y, ya por aquellas fechas, el padre. Hay gente que recuerda con detalle sus vivencias. No es mi caso. Los años pasaban, había vivido, y había vivido bien, pero me sentía traicionado por una memoria con demasiadas lagunas. Puede que fuera por aquellas fechas cuando leí el fabuloso libro de Chaves Nogales, “Juan Belmonte, Matador de Toros”, que en sus últimas páginas tiene estas líneas:

«Todo esto que he contado es tan viejo, tan remoto y ajeno a mí, que ni siquiera creo que haya sucedido. Yo no soy aquel muchachillo desesperado de Tablada, ni aquel novillero frenético, ni aquel dramático rival de Joselito, ni aquel maestro pundoroso y enconado… La verdad, la verdad, es que yo he nacido esta mañana».

Todos nacemos cada mañana, somos el barco de Teseo que se renueva y duda de si es o no es él mismo. ¿Soy la misma persona que, por ejemplo, aquel veinteañero excesivamente entregado a las fiestas y el cachondeo? No (y menos mal). Pero fui yo y no quiero que se me olvide.

Por esto empecé a escribir entradas en un blog escondido en la inmensidad y la confusión de Internet. El lugar perfecto para que nadie te encuentre. Un lugar en el que comentar la ocurrencia del día, alguna “irreflexión” cruda, sin elaborar, ocurrencias que, pasados los años, ayudarían a mis “Sergios futuros” a recordarse e incluso sorprenderse.

Y, efectivamente, de vez en cuando miro entradas pasadas, ocurrencias olvidadas, palabras que muchas veces no recuerdo haber escrito pero que me remontan a mi yo pasado, para revivir un día cualquiera de hace ya unos cuantos años. Un yo algo diferente, pero también similar (al menos a los dos nos sigue gustando escribir).

Escribir es viajar en el tiempo. Es mandar mensajes al futuro para que no te olviden. Mensajes que se envían, sobre todo, a uno mismo.