El creyente no cree en 4.199 dioses. El ateo solo añade uno más a la lista.
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Para Ortega, ser de izquierdas o de derechas son dos maneras de elegir ser un imbécil.
Si el mercado tiene su mano invisible, la política debe tener la suya, hecha de torpeza y estupidez.
Antes los charlatanes eran cuñados que soportabas en una cena. Ahora tienen canal de YouTube.
Las princesas de Disney ya llevan gafas. A ver para cuándo una protagonista fea y que cante mal.
Con una infancia normalita no da para levantar imperios. Lo de Napoleón tuvo que tener su aquel.
Un gesto coqueto en una piscina devuelve la juventud a una mujer mayor. El tiempo es cruel, pero hay que rebelarse.
El virus más peligroso no nos mata: nos vuelve más lentos, más acarajados, más estúpidos.
Las calles son las mismas y son otras. Tú tampoco eres el mismo, pero te resulta familiar y sonríes.
Si Gibraltar es británica desde 1713, ¿por qué no podría haber sido española una ciudad de Cornualles?
Un país de corta y pega que acabó siendo primera potencia mundial: Luisiana, Florida, Alaska, medio México… y un nacionalismo para pegarlo todo.
Robespierre empezó oponiéndose a la pena de muerte y acabó guillotinado en la misma plaza donde rodaron más de mil cabezas.
The Tinder Swindler, Inventing Anna… ¿casualidad o estrategia? En el mundo de la libertad para elegir qué ver, alguien elige por nosotros.
Un niño de tres años sabe mucho comparado con cualquier animal. ¿Y si supiera programar en Python? Quizá en algún lugar del Universo es así.
Buenafuente coló a Chikilicuatre en Eurovisión aprovechando el voto popular. Lo de Trump fue parecido, pero bastante menos gracioso.
Basta enseñar un Excel y un gráfico para parecer riguroso. Da igual lo que digas: tus seguidores creerán lo que ya querían creer.
Roma dominó durante siglos gracias a su capacidad de organizarse. Hoy la tecnología empuja hacia algo más plural, dinámico y ruidoso.
Unos gemelos, unos padres que no saben hablar y un juego que acaba en pelea. Así podría haber nacido la primera palabra: un insulto.
Miles de amigos en redes sociales y, sin embargo, el cerebro solo da para unas 150 relaciones con sentido. Robin Dunbar lo explicó.
La gente no piensa lo que siente, no dice lo que piensa y no hace lo que dice. Y, según la evolución, mejor que siga siendo así.