¡Organización!

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Uno de los factores más decisivos en el dominio del Imperio Romano durante centenares de años fue su capacidad para organizarse. Por una parte el ejercito, con su clara jerarquía, que luchaba como un grupo con ferrea disciplina, en contraste con muchos de sus enemigos que luchaban de una forma menos cohesionada. Por otra parte la Administración, con su burocracia, con los diferentes niveles de cónsules, tribunos, cuestores, ediles, pretores, que permitieron consolidar el poder en los territorios conquistados.

Hoy este nivel de organización nos parece relativamente normal, o lo percibimos incluso como farragoso o excesivo, pero en su momento fue una innovación fundamental que favoreció el cambio de escala en el desarrollo de los reinos e imperios.

La tecnología de hoy en día, con sus redes de conocimiento y medios de comunicación, está incitando el desarrollo de un tipo de organización menos centralizado, más plural, más dinámico, aunque también más confuso y «ruidoso».

En todo caso, con todos los que somos pululando por aquí, algo de organización hace falta.