El juicio a Eichmann cambió cómo vemos el Holocausto. Y se logró con alguna que otra irregularidad.
Filosofía
El paso del tiempo es una cabronada: lo que ganas por un lado, lo pierdes por otro.
Las ideas viajan como virus y se pelean por nosotros. Quizá no somos más que sus huéspedes.
Entre quimeras, IA y metaversos, los filósofos del futuro lo van a tener crudo. Sobre todo si son monos.
Trabajo en análisis de datos y a veces me siento más Goebbels que San Juan Bautista.
Zhuang Zhou soñó que era una mariposa. 2.400 años después, Matrix le da la razón.
La mayoría de los debates no son para convencer, sino para ver quién mea más lejos.
¿Tener la propiedad de una sucesión de palabras? Suena a algo así como poseer el viento.
No es que seamos los más inteligentes del Universo: es que somos los menos tontos.
En cada cruce dejamos atrás otros yos. Al final, lo único que nos queda es el camino que hemos andado.
¿Cuántas realidades siguen invisibles solo porque todavía no tienen nombre?
Frente a fronteras inventadas y conflictos innecesarios, nada como mirar animales rarísimos para recordar lo poco que somos.
Para Ortega, ser de izquierdas o de derechas son dos maneras de elegir ser un imbécil.
Juan a los 43 no es el Juan de los 10, pero sigue llamándose Juan. Nombrar simplifica la realidad y nos esconde que todo cambia.
Tú, que lees esto, eres el Dios que creó el mundo el jueves pasado. No te acuerdas, pero la Iglesia del Último Jueves tiene respuesta para todo.
Pascal pensó que resolvía lo de Dios con una fórmula: mejor creer, por si acaso. Pero, ¿qué Dios? ¿Y si se da cuenta de que es por interés?
¿Y si la Tierra se hubiera creado hace cinco minutos, con todos tus recuerdos de serie? Quizá creerlo nos ayudaría a tomarnos todo menos en serio.
La pregunta de por qué hay algo en lugar de nada lleva siglos sin respuesta. Quizá el problema esté en el «por qué».
Hay quien sostiene que es más probable que surja un cerebro solitario en mitad del Universo que todos nosotros. Para ser filósofo hay que ser creativo.
Nadie sabe definir con precisión la palabra «juego», y sin embargo todos sabemos lo que es. Wittgenstein lo explicó mejor.