Libros de historia del futuro

Elon Musk ha acelerado el desarrollo del coche eléctrico en todas las empresas automovilísticas gracias a Tesla; tiene una empresa de cohetes espaciales con planes muy creíbles para colonizar Marte, y a través de otra de sus empresas, Neurolink, tarde o temprano revolucionará el mundo con los implantes cerebrales que están desarrollando.

Un tipo que, para bien o para mal, destacará en los libros de historia futuros. Creo que para bien.

Carrera de cryptocurrencies en Oklahoma

La historia de Estados Unidos en el siglo XIX es algo así como un experimento sociológico de la creación de un país.

Un vasto, vastísimo territorio, del tamaño de la vieja Europa, con una densidad demográfica mínima. Unos habitantes de origen europeo ávidos de ocupar territorios, sin importarles los derechos de los que ya lo estaban habitando, los indígenas americanos.

La imagen de la carrera de la película “Un horizonte muy lejano” en la que se entregan tierras gratis en Oklahoma para el primero que las pille es una muestra del contexto que se vivió en Estados Unidos a finales del siglo XIX. Tiene un trasfondo de injusticia con los “indios”, pero es una de las razones del crecimiento de un Estados Unidos que ha influenciado tanto el siglo XX.

Entregar tierras gratis a las personas para que las exploten… Es un concepto con toques “socialistas” para el país “capitalista” por excelencia… En cierto sentido está relacionado con conceptos como la renta universal que algunos economistas promueven.

¿Sería posible hacer algo parecido en el presente? No tenemos tierras que repartir hoy en día, pero tenemos algo que podría utilizarse de forma parecida. ¿Y si repartiéramos cryptocurrencies a todo quisqui? Con la condición de que los “exploten”, que sirvan para invertir en economía real. En realidad es algo que se puede hacer con el dinero “normal”, imprimiendo más billetes con el consabido efecto de generar más inflación. Pero la falta de control central que conlleva el mundo de las cryptocurrencies cambia las reglas del juego y seguramente los “efectos tradicionales”. El dinero no es más que una convención, vivimos en dentro de un mundo virtual de Monopoly, constreñidos por las reglas que nos hemos impuesto. Cambiemos el juego, cambiemos las reglas, seamos más ambiciosos en lo que se puede conseguir. ¿Por qué no?

Partidos Deep Fake

Navegando por Internet, rebotando de un sitio a otro, sin saber cómo, me he puesto el resumen de la final de la Copa del Rey de 2014, ganada por el Real Madrid al Barcelona con esa antológica carrera de Bale en la prórroga que le gana la partida a Bartra corriendo la banda para batir a Pinto.

¡Qué jugadores! ¡Qué partido! He vibrado volviendo a ver a Di Maria, al recién llegado Modric, un Bale atlético y motivado con pintas de jugador excepcional… Ese equipo me motiva más que el que llevo sufriendo esta frustrante temporada de 2020-2021.

Luego me encuentro un artículo que te habla de los peligros del Deep Fake, esa tecnología que permite crear videos cada vez más realistas simulando que los que hablan son otras personas.

Pronto se podrán hacer películas con los actores que quieras con esta tecnología. Una historia en la que un joven John Wayne investiga con un joven Brad Pitt un misterio, en la que Marilyn Monroe y Penelope Cruz son las líderes de una organización criminal.

Y lo mismo se podrá hacer con partidos de fútbol. Partidos imaginarios con resultado incierto en los que Cruyff le pasa el balón a Di Stefano, quien se lo centra a Cristiano para batir de chilena a Dino Zoff.

¿Cómo podremos disfrutar en el futuro de un partido real con esas alternativas a clicks de distancia?

Gimnasios para pensar

Hacemos deporte porque en la vida que llevamos no hacemos el ejercicio que necesitamos. Hace apenas unos miles de años recorríamos la sabana cazando o evitando ser cazados, y recolectando. Hoy pasamos nuestra vida frente a un ordenador, en una oficina, en un vehículo, confinados en un espacio de un puñado de metros cuadrados.

Así que inventamos conceptos nuevos: deporte, gimnasia y gimnasios. Conceptos que hace no tanto no existían como tal. No se veía a mucha gente corriendo por las calles de Roma o Atenas, hace dos mil años, por el simple placer de correr. No hacía falta.

El desarrollo de la tecnología nos puede deparar otra vuelta de tuerca a esta historia. La inteligencia artificial puede dar lugar a que tampoco tengamos que pensar, porque de eso ya se encargará ella. Así que en nuestro día a día ni haremos ejercicio ni pensaremos, por lo que a los gimnasios habrá que añadirle algo así como “gimnasios mentales”, por la cosa de no quedarnos ni gordos, ni tontos.

Escribir para mi yo futuro

Empecé a escribir este blog en 2008 con la idea de tratar de tratar de articular las ideas que me rondan por la cabeza de vez en cuando, un intento de que no sean simplemente flashes que acabo por olvidar, recoger que es lo que me preocupa o me interesa en un momento determinado de mi vida.

Las entradas de este blog han sido muy irregulares hasta hace un año, cuando me propuse escribir una al día por todo 2020. Ahora estamos en 2021, cumplí mi objetivo y me he planteado extenderlo definitivamente. ¿Qué tal si sigo escribiendo una entrada al día por el resto de mis días? (Que espero sean muchos).

La perspectiva del tiempo ya me permite leer entradas que escribí hace más de 10 años y que tenía olvidadas, lo cual me provoca una sensación extraña. ¿Era yo el que escribió aquello? Por ahora no me he encontrado nada que me resulte “disonante”, algo con lo que no esté de acuerdo porque mi opinión haya cambiado. Pero espero encontrarme algún día un cambio de opinión relevante, lo contrario confirmaría mi cabezonería en todo lo que pienso.

Pero más allá de los cambios de opinión, una de las cosas que me resultará más interesante cuando me lea dentro de veinte años será lo que no he sido capaz de ver en mi presente. Supongo que existen cosas relevantes que están pasando hoy a las que no les estoy dando importancia y un yo futuro se avergonzará de no ser lo suficientemente despierto como para verlo.

En todo caso, estas entradas en el blog son un intento de tener los ojos abiertos y reflexionar sobre las cosas. Espero que no se me escapen demasiadas cosas importantes.

Black Mirror hace 100 años

Una de las series de televisión que más me ha gustado en los últimos años es Black Mirror, serie en la que se plantea como unas innovaciones tecnológicas plausibles y cercanas pueden afectar a las personas en un futuro próximo: implantes cerebrales que graban todo nuestro día a día, recreaciones virtuales de personas fallecidas, monitorización extrema en las redes sociales… La tecnología nos cambia y es interesante jugar con estas ideas de “ciencia-ficción a la vuelta de la esquina” con el fin de anticipar como nos va a cambiar.

¿Qué historias podría haber escrito un autor en el año 1900 siguiendo el mismo planteamiento? Los escritores de hace más de cien años, como Julio Verne o H.G. Wells, centraron sus creaciones en los inventos y en hechos más grandilocuentes, como submarinos, viajes a la Luna, o la genética, no se centraron en el día a día de personas comunes, enfoque que Charlie Brooker, dio a Black Mirror. Hubiera sido interesante leer historias que especularan con el efecto de la nueva luz eléctrica disponible a cualquier hora del día o de la noche; la posibilidad de hablar a cientos, miles de kilómetros con cualquier persona; ser capaces de ir y volver de vacaciones a otro país en una sola semana; que millones de personas se entretengan viendo lo mismo desde sus casas, a través de algo que llaman “televisor”…

Tantas y tantas cosas que hoy son absolutamente normales en nuestro día a día, que hemos normalizado, sin ser capaces de entender hasta que punto nos han cambiado.

Drones Temporeros

Una empresa israelí ha desarrollado un dron que recoge fruta. Es capaz de seleccionarla en función de su grado de madurez, dejarla en una caja y buscar la siguiente. A cualquier hora del día, durante las horas que haga falta, proporcionando información en tiempo real de estado de la cosecha.

Supongo que esta tecnología tendrá sus peros, todavía no será totalmente funcional, pero es sólo cuestión de tiempo que se perfeccione y ejecute este trabajo mejor que una legión de temporeros.

El mundo cambia, y cambia, y cambia…

Sobre las cosas del querer

La serie de televisión “Soulmates”, creada por uno de los guionistas de Black Mirror, narra un futuro cercano en el que una empresa ofrece la posibilidad de encontrar a tu “alma gemela”.

A partir de esta premisa, cada capítulo cuenta una historia diferente, en la que las personas, la mayoría de ellas ya casadas, se encuentran ante la tentación y el dilema de conocer a verdadera media naranja.

Me gustan este tipo de historias porque más allá de entretenerte te ofrecen la posibilidad de repensar cosas cotidianas. Aunque en este caso nunca he creído en el concepto de “alma gemela”. De hecho considero que es hasta dañino, por el componente de predestinación que conlleva.

Una relación empieza por las circunstancias: te encuentras por casualidad por ahí, amigos de amigos, trabajo, universidad… Hay un componente totalmente azaroso en esto. Luego es cuando viene lo interesante y lo complicado: conocerse, entenderse, disfrutarse. Una relación no está predestinada, hay que trabajarla, y es en ese trabajo donde está el quid de la cuestión. Está la atracción, absolutamente necesaria, pero está también el “querer quererse”.

¿Me hace esto menos romántico? Supongo que es cuestión de gustos, pero para mí es mucho más romántico pensar que si estoy con alguien es porque yo lo he decidido, porque yo me lo he currado, que pensar que si estoy por alguien es porque “alguien o algo” lo ha decidido por mí.

Inercia

Elon Musk decide invertir en Bitcoins a través de Tesla. 1.500 millones de dólares, dentro de poco aceptará Bitcoins como pago para sus coches.

Las monedas virtuales son algo nuevo y volátil, misteriosas, existen varias que luchan por hacerse con el control de nuestras transacciones. Pero han llegado para quedarse. El mecanismo de los últimos siglos en los que los gobiernos centrales de los países tienen el monopolio de la creación de moneda está llegando a su fin.

En un mundo globalizado en el que la tecnología permite repensar el cómo se han hecho las cosas hasta ahora, tiene sentido. Las criptomonedas son un síntoma más de que el concepto de nación-estado está en sus últimos estertores. A las multinacionales eso de las fronteras no les dice nada, la empresa en la que trabajo, por ejemplo, está en un proceso de externalizaciones que está durando años y este mismo mes han despedido a gente en Inglaterra para crear esos mismos puestos de trabajo en Polonia. Me puede parecer mal, como le parecía mal a un ibero del siglo II a.C. las invasiones romanas, o a un artesano del siglo XVIII le podía parecer mal la irrupción de los telares, o a un arriero de principios del siglo XX la irrupción de los camioneros. Me puede parecer mal, estoy en mi derecho al pataleo.

Pero la irrupción de las criptomonedas, la hegemonía de las organizaciones privadas transnacionales, la caída de los estado-nación son cosas de la inercia histórica. Ni mejor ni peor. No es que el mundo en el que estamos viviendo hasta ahora sea un ejemplo de perfección, ¿no? Quizás, quién sabe, lo que viene no sea tan malo.

Tropezar en miles de piedras

Apenas llevamos un puñado de miles de años de Historia y sólo los últimos siglos con hechos bien documentados. Para antes de la escritura sólo tenemos la paciente labor detectivesca de los arqueólogos.

¿Cómo se verá la Historia desde un futuro más o menos lejano? Pongamos, el año 100.000, cuando la cantidad de hechos documentados sea enorme, tanto por los siglos cubiertos como por el detalle registrado. ¿Seremos capaces de ver los errores repetidos, la majadería de las diversas generaciones, seremos capaces de aprender de todo ello y mejorar en algo?