Historia-ficción

Me acabo de comprar el libro “Castellanos”, de Lorenzo Silva, que cuenta la revuelta comunera de 1520-1522, la primera revolución moderna de la historia, una revolución que fracasó y con su fracaso ayudó a cimentar el poder imperial del Austria Carlos I.

La historia es una sucesión de acciones y reacciones en las que unos ganas y otros pierden, y sus sacudidas se sienten a través de los siglos. La revolución comunera podría haber modulado el poder del rey, hacerlo depender más de parlamentos oligárquicos, estilo que adoptó Inglaterra el siglo siguiente. Pero no, ganó el poder imperial y con ello una mentalidad “vertical” de entender la política que de alguna forma sigue instaurada en el subconsciente de los españoles, que impide una buena digestión de cosas como el debate o el escuchar de verdad a los de enfrente. Y estos planteamientos fueron heredados por casi todo un continente, el de la América Hispana.

¿Quién sabe lo que hubiera pasado si los Padilla y compañía no hubieran perdido la cabeza en su revolución? En fin, a ver si el libro de Lorenza Silva es tan bueno como parece.

Soledad en la cara oculta de la luna

Michael Collins ha muerto esta semana a los 90 años de edad. Él fue el tercer astronauta, el que se quedó en el módulo de mando orbitando la luna mientras Armstrong y Aldrin caminaban por la luna. Durante el tiempo que duró ese alunizaje, Collins orbitó la luna en soledad más de veinte veces y en cada una de esas ocasiones cuando atravesaba la cara oculta de la luna las comunicaciones cesaban y se convertía en el ser humano más alejado y asilado de la historia de la humanidad.

Saltadores anónimos

En 1971 una pasajero secuestró un 727 que salía de Portland. Horas después saltaba en paracaidas con 200.000 dólares en la mochila. Más de 40 años después el FBI cerró el caso, incapaz de averiguar quién fue el secuestrador o siquiera si sobrevivió al salto.

Décadas después, multitud de libros, películas, documentales, decenas de candidatos a ser D.B. Cooper… Pero nunca se sabrá quién fue realmente aquel secuestrador. La realidad, una vez más, que se nos escapa por entre los dedos y no podemos agarrarla.

Culto al meme

A Che Guevara la cosa de gobernar le aburría un poco. Eso de ser Ministro de Finanzas y Presidente del Banco Nacional le permitió experimentar la diferencia que existe entre unos ideales ambiciosos y la disidente realidad que no hace exactamente lo que uno quiere.

Así que dejó su puesto de ministro y se dedicó a lo que de verdad le ponía, la cosa de montar revoluciones y derrocar gobiernos. Empezó con el Congo, pais enorme, en el centro de África, lugar ideal para irradiar los ideales a todo un continente. Pero, claro, no es lo mismo aunar esfuerzos en una isla con contornos bien definidos, con apenas un puñado de siglos de historia (en Cuba no queda ni rastro de sus habitantes originarios), que en un lugar como el Congo, con cientos de tribus con miles de años de haber estado por ahí. Lo de “pais”, lo de “nación”, no tiene el mismo sentido en ese contexto. En menos de un año, el Che y sus camaradas acabaron por huir de aquel lugar.

Un año después vuelve a intentarlo en Bolivia, centro geográfico de sudamérica, también un lugar “ideal” para irradiar la Revolución. Y ahí es donde acaba muriendo en combate contra el ejercito boliviano, con la ayuda de la CIA.

El morir por tus ideales puede tener cierta mística, hay algo de romanticismo que te invita a respetarlo. Pero también existe una parte de tozudez, de incapacidad de aceptar una realidad compleja, de simplificarla y buscar soluciones radicales que no han sido validadas, de imponer tus ideales por la fuerza, de atracción por la aventura, por la violencia.

Pero, claro, esas fotos con su mirada al infinito y sus esloganes al estilo “¡Hasta la vitoria siempre!”, queda muy bien en memes y camisetas, que es lo que realmente importa…

Inmortalidades inesperadas

Vincent Van Gogh murió en 1890 como un pintor fracasado. Más de cien años después es uno de los pintores más icónicos, más conocidos. Es lo más parecido a un ser inmortal, va a permanecer en la memoria colectiva de la humanidad durante todo el tiempo que a la humanidad le de por existir.

Otros individuos no supieron en vida el impacto que iban a tener después de muertos. Como Edgar Allan Poe, quien murió alcoholizado y empobrecido en 1849; o el sacerdote Gregor Johan Mendel, que murió en 1884 sin saber que sus experimentos en la huerta de su monasterio iban a convertirse en un hito en la historia de la ciencia.

Si nos vamos más atrás en el tiempo no tenemos certezas de fechas o incluso de la misma existencia de la persona. Por ejemplo, es posible que existiera un buen ladrón en un bosque de Inglaterra hace cientos de años que sirvió de inspiración a la leyenda de Robin Hood, ladrón que no tenía ni idea de lo que la posteridad le iba a deparar; o cuando veo la estatua de El Cid en una de las céntricas plazas de mi ciudad, Valencia, me pregunto si aquel mercenario esperaba estar en medio de un cruze repleto de diabólicos vehículos mil años después de su muerte… Supongo que no.

Sobre lo de cuestionarse cosas

1789, Francia, Asamblea Constituyente. Los defensores de mantener el poder del monarca se sientan a la Derecha del presidente de la Asamblea. Los que quieren reducir el poder del rey al mínimo se sientan a la Izquierda.

Éste es el origen de los términos Derecha e Izquierda en política.

Más allá de la curiosidad, que es interesante, lo verdaderamente intrigante es nuestra incapacidad para preguntarnos algo tan simple como “¿Por qué a la Derecha se le llama Derecha y a la Izquierda, Izquierda?”.

Yo he descubierto la respuesta a esta pregunta por casualidad, leyendo un artículo, pero nunca me había planteado la pregunta… y me da rabia. ¡Mecachis!

Ética cambiante

La película “The Birth of a Nation”, de 1915, narra como la “Reconstrucción”, nombre por el que se conoce a los años que siguieron a la Gerra Civil Norteamericana, fue una etapa desastrosa, un punto de vista racista en el que se muestra a los negros como depravados violadores de mujeres y seres infantiles e inferiores. Supuso el renacimiento de una organización menor, el Ku Klux Klan, que aprovechó la publicidad de la película para crecer como nunca antes había crecido, además de enardecer aun más las actitudes hacia esa “tradición” tan norteamericana en aquella época, el linchamiento, con consecuencias tan desastrosas como la “masacre racial de Tulsa” en la que murieron 300 personas.

Las historias que contamos son un reflejo de nuestros planteamientos éticos y a su vez pueden influenciar nuestra forma de pensar. El cine, la televisión, y ahora, YouTube, Facebook, Tik Tok y lo que venga serán materiales indispensables para los historiadores del futuro, que entenderán mejor su pasado gracias a todos estos documentos. Es como imaginar cómo sería una película rodada en la Castilla de 1493: quienes son los buenos y los malos, qué temas tratan, cómo se describen las relaciones amorosas, cómo se describen las diferencias sociales, religiosas o raciales, qué es lo que consideran gracioso… Verlo hoy en día nos produciría una mezcla de sensaciones que se encontrarían entre lo cómico y lo embarazoso.

Como en cierto sentido es ver hoy en día ciertas escenas de películas de los años 30, o 60, o incluso de películas de hace apenas veinte años. Escenas que chirrían por planteamientos que normalizan abusos de género, raciales, religiosos, o que justifican violencias gratuitas. Porque la ética de hoy no es la del pasado, ni será la del futuro. Desde el presente es muy difícil distinguir lo que será obvio un día no tan lejano, ver en que nos estamos equivocando.

Libros de historia del futuro

Elon Musk ha acelerado el desarrollo del coche eléctrico en todas las empresas automovilísticas gracias a Tesla; tiene una empresa de cohetes espaciales con planes muy creíbles para colonizar Marte, y a través de otra de sus empresas, Neurolink, tarde o temprano revolucionará el mundo con los implantes cerebrales que están desarrollando.

Un tipo que, para bien o para mal, destacará en los libros de historia futuros. Creo que para bien.

Las fuerzas ocultas que dirigen la Historia

Una nueva serie documental en Netflix, Amend, revisa la historia de Estados Unidos, en su primer capítulo Abraham Lincoln es mirado con otros ojos.

Lincoln, uno de los Dioses del Olimpo para un país con sólo historia reciente, no queda bien parado cuando se le mira con una lupa. Lo que le importaba de verdad era la Unión, no los esclavos, no consideraba a los negros como iguales, pensaba que la mejor solución tras ganar la guerra sería mandar a los esclavos liberados a una colonia en Centroamérica, si al final firmó la liberación de los esclavos fue más por tacticismos bélicos que por convicciones humanitarias…

Total, que a ese símbolo con aura de santo resulta que le huelen mucho los pies. Pero, claro, es que nació en 1809 en Kentucky, y lo normal para gente de aquella generación y aquellos lares es que le huelan los pies. Y el problema más que lo que realmente pensaba es la idealización que se ha hecho de él durante 150 años.

Tenemos que recordar que las cosas suceden no porque se sigue un plan maestro en el que los objetivos están claros y los que dirigen el cotarro son unos clarividentes, benignos o malignos. Las cosas suceden por inercia, los protagonistas están ahí por sus circunstancias más que por su valía, a cada acción le sigue una reacción, el egoísmo es una de las fuerzas más importantes en el devenir de la historia, siendo otra de las fuerzas la estupidez.

Así que no idealicemos demasiado las cosas.