Tropezar en miles de piedras

Apenas llevamos un puñado de miles de años de Historia y sólo los últimos siglos con hechos bien documentados. Para antes de la escritura sólo tenemos la paciente labor detectivesca de los arqueólogos.

¿Cómo se verá la Historia desde un futuro más o menos lejano? Pongamos, el año 100.000, cuando la cantidad de hechos documentados sea enorme, tanto por los siglos cubiertos como por el detalle registrado. ¿Seremos capaces de ver los errores repetidos, la majadería de las diversas generaciones, seremos capaces de aprender de todo ello y mejorar en algo?

Selfies

Los espejos hoy en día son normales, estamos muy familiarizados con nuestra rostro, nos vemos todos los días en uno. Pero esto es algo relativamente reciente. Hasta la Edad Media eran muy rudimentarios y escasos, pero la tecnología relacionada con la creación de cristales evolucionó a partir del siglo XIII y el Renacimiento empezó a llenarse de autorretratos. ¿Qué mejor modelo que uno mismo?

Pero, ¿nos hemos pasado de frenada? ¿Nos miramos demasiado en el espejo?

El futuro de la guerra es el futuro del mundo

Ha sucedido repetidas veces a lo largo de la historia.

Aprendimos a lanzar piedras y empezamos a matar a distancia.

A la piedra le incorporamos un palo y la convertimos en una lanza, aumentando así su precisión, su maniobrabilidad y su potencia.

A alguien se el ocurrió utilizar otro palo y una cuerda para inventar un arco, y nuestro radio de acción se multiplicó. Por el camino extinguimos mamuts, grandes felinos, conquistamos territorios, arrasamos poblados.

Luego le vino el turno a los metales, cobre, primero, hierro después. Los que disponían de los secretos del hierro levantaron imperios y esclavizaron a los perdedores.

Tiempo después el gran salto evolutivo en la guerra fue la pólvora. Los cañones acabaron por convertir en inútiles las murallas que rodearon durante miles de años las ciudades. Los mosquetes empezaron a cambiar la lucha cuerpo a cuerpo por la muerte a distancia. Los rudimentarios mosquetes evolucionaron hasta ingenios que vomitan muerte a cientos de veces por minuto.

Al mismo tiempo la muerte empezó a venir por el aire, matar se convirtió en algo más distante y masivo.

La cumbre tecnológica en el arte de matar llegó con las bombas atómicas, acabar con toda una región apretando un botón a miles de kilómetros de distancia.

Las tecnologías militares han dado forma al mundo, el mundo es como es hoy debido en buena parte a las armas que han estado a disposición de los seres humanos en cada momento de su historia. Es cierto que la evolución exponencial en la capacidad de matar no está relacionada con el número de muertos. Hoy podemos matar mucho más y más eficientemente que en ningún momento de la Historia, pero como defiende Steve Pinker hoy muere menos gente por guerras que antes. De alguna forma también ha crecido de forma exponencial el lado positivo del concepto “civilización”. Sin embargo vivimos en un peligroso equilibrio, un sólo evento catastrófico puede arruinar las estadísticas, un “cisne negro” decisivo y mortal.

Una nueva generación de armas es una nueva vuelta de tuerca que va a transformar nuestras sociedades. La inteligencia artificial, imbuida en drones, en aviones autónomos y robot-soldados, algo que cada día que pasa es menos ciencia-ficción y más realidad. Es posible que estas armas vayan a tener un mayor impacto en el corto plazo que las armas nucleares, porque los escrúpulos para utilizarlos serán menos incómodos de evadir.

China, Rusia, Estados Unidos… quien domine estas nuevas tecnologías determinará el rumbo de los próximos cien años.

Actividades grupales

Hace años, siendo un adolescente, leí la novela “Sin novedad en el frente”, escrita por escritor alemán Erich Maria Remarque en los años 20. Cuenta el sinsentido de la Primera Guerra Mundial desde el punto de vista de un joven soldado alemán.

De esta novela quedan en mi memoria algunas escenas que me impactaron, como la del protagonista viajando en el tren para ver a su familia por unos días, por un permiso que le han dado, para volver luego otra vez a los horrores de la guerra de trincheras. Y otro de los momentos que recuerdo es cuando unos cuantos soldados se juntan para cagar juntos en el campo, mientras hablan y bromean.

¿Cagar juntos? En el mundo en el que vivimos hoy en día es algo bastante inusual, las casas de hoy proporcionan una intimidad en la que no es posible una cagada comunitaria, simplemente no tenemos letrinas pegadas una junto a otra. Pero en el pasado era diferente. El ejemplo más notorio son las letrinas romanas, lugar que invitaba a animadas conversaciones mientras la gente “enviaba sus faxes”.

Realmente no se sabe lo suficiente acerca de como se cagaba en el pasado, en parte porque hasta hace poco ha sido un tema que no atraía a los investigadores, temerosos de ser tratados con pitorreo en sus comunidades académicas. Dedicarte durante años a este tema frente a otros más prestigiosos requiere espaldas anchas, pero es un terreno “fértil” e inexplorado que acabará siendo tratado debidamente.

En todo caso, las infraestructuras que disponemos hoy en día para desahogarnos en la intimidad es algo reciente, durante la mayor parte de la historia de la humanidad se ha hecho como buenamente se ha podido y probablemente era una actividad más “social” de lo que es hoy en día.

Cosas del avance de la humanidad.

Esclavos

Todas las sociedades que han dejado atrás la fase de cazadores-recolectores han tenido una fase esclavista. Es algo común a los babilonios, los egipcios, los griegos, los chinos, los romanos, los aztecas, los mayas, ghaneses, etíopes, españoles, portugueses, ingleses…

Supongo que viene con el concepto de propiedad, una vez que éste aparece y no tienes el concepto de igualdad entre los seres humanos, “cosificas” a los enemigos, a los que parecen diferente a ti, y son candidatos a convertirse en propiedad.

Los afroamericanos sienten una esclavitud reciente, a través de historias orales en sus familias, de historia documentada y de las consecuencias que todavía hoy sufren. Una esclavitud que al estar basada en la raza es todavía “visible”.

Pero seguramente todos y cada uno de nosotros tenemos esclavos en nuestro árbol genealógico. La diferencia es la distancia en el tiempo, que no permite retener las historias orales, que no está documentada, que al no estar probablemente basada en la raza no es “visible” o a quedado diluida con el paso de las generaciones.

Efecto Mariposa Ibérica

La palabra España deriva de la romana “Hispania”, utilizada para referirse al la Península Ibérica, que a su vez procede de la palabra de origen griego Iberia.

Así que “España” debería referirse al conjunto de lo que hoy es España y Portugal (y si somos tiquismiquis, también Gibraltar). Hay que tener en cuenta que hasta el siglo XVII el concepto de “las Españas” incluía Portugal, y fue el hecho de que la mayor parte del territorio de la península correspondía al rey de Castilla y Aragón lo que acabó decantando la apropiación del término por parte del Estado que hoy tiene ese nombre.

Pero nos podíamos haber ahorrado esta confusión si un niño de casi dos años no se hubiera muerto de repente. Miguel de la Paz, se llamaba, hijo de Manuel I de Portugal y de Isabel, hija de los Reyes Católicos, heredero de todos los reinos de la Península Ibérica. En aquella época, hasta los niños que pertenecían a la realeza se morían cada dos por tres, aunque hubiera sido colmado de atenciones por la mismísima Reina Isabel.

Es un ejercicio interesante de historia-ficción, el imaginar que hubiera pasado si aquel niño no hubiera muerto. La legitimidad de ese infante hubiera sido mucho mayor que la que tuvieron los Austrias ochenta años después, cuando se unieron todas las coronas de la península durante 60 años. Quién sabe, quizás la unión ibérica hubiera perdurado, podría haber llegado al presente una “España” auténtica y plena, con sus tensiones independentistas, como las tenemos hoy con Cataluña o el País Vasco, pero unidos al fin y al cabo.

Un simple resfriado que acaba mal, un bebé de menos de dos años muere, y siglos de historia son re-ajustados. Es el ejemplo del efecto mariposa en la Historia.

Juego de Tronos

Hace poco leí el libro El Cid de Pérez Reverte, que lo muestra como lo que probablemente fue, un mercenario que luchaba en un tiempo en el que existían señores y sus dominios, no naciones, en los que la mayor parte de la gente no sabía leer un mapa, en los que sobrevivir era un gran logro.

Estos días estoy viendo una serie de televisión sobre El Cid, algo mejorable, pero que ayuda a visualizar aquella época. Un tiempo en el que todavía debía quedar una memoria borrosa del origen godo de la mayor parte de los nobles, en el que la guerra y la violencia eran habituales, en el que los intereses de poder y familiares eran más importantes que cualquier concepto identitario.

Y a pesar de todo, hay gente que considera que esas historias de “juego de tronos” dan sentido a una nación.  

¿Estamos en guerra o no?

En enero de 1919 las cosas estaban algo confusas para el Almirante Cowan. La Primera Guerra Mundial acababa de terminar apenas un par de meses antes, sus soldados tenían unas ganas locas de volverse para casa, pero el gobierno británico estaba preocupado por la situación en su antigua aliada, Rusia. El país más grande del mundo había caído en manos de los bolcheviques y se rindieron a los alemanes un año antes, lo que cabreó bastante a los aliados (británicos, franceses y americanos), así que los británicos decidieron invadir el norte de Rusia con el fin de recuperar las armas que les habían dado para luchar contra los alemanes y que no fueran utilizadas por los bolcheviques en la guerra civil que acababa de comenzar en ese país.

Pero los marineros de sus barcos, como hemos dicho, estaban ya hasta el gorro de tanta geopolítica y empezaron a amotinarse, un poquito por aquí, otro poquito por allá. Eso de amotinarse, en tiempo de guerra, tiene como castigo la pena de muerte. Pero, ¿estaban en guerra? Formalmente, lo que se dice formalmente, no se había declarado ninguna guerra, así que el Almirante Cowan contactó con el Almirantazgo, que a su vez contactó con el gobierno británico, con el fin que aclararle la situación: ¿estamos en guerra con los Rusos? La respuesta fue algo así como que “sí, las fuerzas bajo su mando deberían considerarse en guerra”, lo que clarificó la pena que había que imponer a los cinco líderes del motín: pena de muerte. Aunque luego fue conmutada por cinco años en prisión.

Si es que cuando se aclaran las cosas…

Paralelismos

La película “Selma” cuenta la historia de Martin Luther King y las marchas de 1965 en aquella ciudad de Alabama en defensa del derecho de los votos de la comunidad negra.

La película es de 2014 y me imagino a los líderes del independentismo catalán viendo esa película, inspirados por ella, sintiéndose unos Martin Luther King de principios del siglo XXI, luchando por una injusticia al nivel de la que sufría la comunidad negra 50 años antes.

Me los imagino imaginando eso, porque imaginar es gratis y uno puede poner en su cabeza cualquier cosa, por descabellada que sea.

Porque no, el sufrimiento real de la comunidad negra de Estados Unidos no es comparable al sufrimiento imaginado por los independentistas, un sufrimiento que no cuadra con los niveles de desarrollo, de bienestar, de riqueza de Cataluña. Sí, buscaron el enfrentamiento y la torpeza del Gobierno de España del momento les regaló algunas imágenes deplorables el 1 de Octubre de 2017, pero los independentistas olvidan que ellos intentaron imponer su idea a la mitad de la población de su propia región, comportándose moralmente como los blancos sureños que atacaron a los manifestantes del puente de Selma en 1965.

Sobre clarividencia

Douglas Haig fue el líder del ejército británico en la Primera Guerra Mundial, una guerra en la que murieron unos 750.000 británicos, el doble de bajas que las que sufrió este país en la Segunda Guerra Mundial.

Cuando murió, en 1928, fue enterrado con honores, con cientos de miles de personas en las calles, con todo un país considerándolo un héroe.

Pero a partir de los 60 la visión de muchos historiadores es que fue un general con una mentalidad anticuada, que no supo entender lo suficientemente rápido como la tecnología estaba cambiando las guerras, y como consecuencia fue el culpable de carnicerías que causaron un número demasiado grande de bajas innecesarias.

Otros historiadores le defienden, diciendo que el punto de vista anterior es demasiado simplista, que hay que entender al personaje en el contexto de su tiempo, que en realidad el ejército británico evolucionó durante la guerra y esos avances son los que permitieron finalmente ganarla.

Los dos puntos de vista tienen algo de razón, un ejemplo de como es fácil ver “a toro pasado” los errores de otros, pero al mismo tiempo hay que ser una persona excepcional para entender tu presente y hacia dónde evoluciona.

¿O es que vemos con clarividencia el futuro que nos espera desde nuestro presente, aquí y ahora?