Juegos infinitos

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«Señor McNamara, usted no ha leído nunca un libro de historia. Si lo hubiera hecho se habría dado cuenta de que no eramos peones de los chinos o los rusos. ¿No se había dado cuenta que hemos estado luchando contra los chinos durante 1.000 años? Estamos luchando por nuestra independencia, y lo haremos hasta que caiga el último hombre. Y no nos pararán ni los bombardeos ni cualquiera presión que Estados Unidos quiera ejercer contra nosotros«.

Esto se lo dijo el ministro de asuntos exteriores de Vietnam a Robert McNamara, el Eecretario de Estado de Estados Unidos. Y, efectivamente, a pesar de que los norteamericanos no perdieron ni una sola de las grandes batallas, los que acabaron ganando la guerra fueron los vietnamitas.

Es uno de los ejemplos que pone el autor Simon Sinek en su libro «El Juego Infinito«, en el que diferencia los juegos «finitos», como el baloncesto o el ajedrez, en los que hay unas reglas claras y un final con sus vencedores y vencidos, de los juegos «infinitos», juegos permanentes en los que ni las reglas ni los resultados están claros, como la gestión de una empresa y la propia vida.

Una diferenciación que merece la pena tenerla en cuenta, con el fin de reconocer en cada momento a que estamos jugando.