El Teólogo Occam

La navaja de Occam es una herramienta conceptual que usamos mucho los escépticos. Viene a ser algo así como “si hay una explicación que requiere menos variables para explicar un mismo fenómeno, esta explicación es la más probable”.
Nunca me pregunté quien era este “Occam”, mi sorpresa ha sido descubrir, leyendo sobre algo diferente, que el bueno de “William de Occam” era un teólogo del siglo XIV.
Así que, fíjate, una herramienta utilizada por científicos y escépticos, conceptualizada por un teólogo…

Ventaja Religosa-Competitiva

Hace unos días fue el día de San Patricio y he visto un documental sobre este santo, patrón de los irlandeses, que impulsó el Cristianismo en aquella isla en el siglo V. 
El documental publicado en Netflix y producido desde algún grupo católico, es complaciente con la figura del santo, lo ensalza y no hay ni pizca de espíritu crítico, pero ayuda a entender el contexto de la época.
Irlanda está poblada por un mejunje de tribus paganas con querencia por lo salvaje. Al obispo Patricio llega con una misión personal para evangelizar a aquellas gentes. Él mismo fue esclavo años antes en ese territorio, cuando fue capturado en la isla de Bretaña por unos saqueadores irlandeses, lo que le permitió conocer aquella cultura y lengua antes de que pudiera escapar de allí.
Hay varios puntos que me llaman la atención, como las continuas llamadas de Dios que tiene el bueno de Patrick. Basándose en lo que él mismo dejo escrito, Dios mismo le indica que decisiones tomar o le anticipa lo que va a pasar. Entiendo que esto es seguramente una interpretación de sus propias acciones, en base a las firmes creencias que tiene, pero no puedo dejar de pensar en la posibilidad de inclinaciones esquizofrenicas…
Pero el punto que más me interesa en esta historia es más sociológico que psicológico: cómo se puede cambiar el sistema de creencias de un grupo a partir de la predicación. 
El punto de partida es la existencia de un “mercado de religiones” una expresión que leí en relación a la situación de la religión en Estados Unidos. Como español nacido en el siglo XX, es un concepto extraño, porque durante siglos el férreo control de la Iglesia Católica no ha permitido a las personas plantearse qué religión es la que más te interesa. “Católico-apostólico-y-romano”, y ya está. Pero Estados Unidos se originó como un refugio para minorías (cristianas) religiosas, y esa mentalidad ha perdurado hasta hoy en día, donde existen multitud de variantes del cristianismo, incluyendo muchas de su propia cosecha, como los mormones, pero también es normal que la gente profese otras religiones, desde el Islam al budismo, hasta la Cienciología.
El mundo anterior a las religiones monoteístas era un batiburrillo de dioses, espíritus y magias varias, con multitud de variantes locales, y con tendencia al sacrificio, a veces de animales, no pocas veces de humanos.
Y entonces llega el cristianismo y te lo simplifica. Un solo Dios. Bueno, más o menos, porque se liaron con lo de la Santísima Trinidad, seguramente por la inercia del politeísmo imperante hasta entonces. Pero de docenas de Dioses a quedarte entre 1 y 3, no está mal. Y no te exige sacrificios humanos (la historia de Abraham va sobre eso). Y parece que el tal Jesus dice cosas razonables…
Total, que los cristianos vendían un buen producto, para el contexto de la época, y esta fue seguramente una de las razones de su éxito. 
La cosa está en que, después de dos mil años, es normal, el producto se les ha quedado anticuado.

Creo, pero a mi manera

La necesidad de creer en un mundo sobrenatural que de sentido a nuestras vidas se puede manifestar de varias formas. Hay quien acepta los postulados de esta o aquella religión y se deja guiar por sus líderes, sus dogmas y sus normas. Otras personas desconfían de estas creencias organizadas, reconocen sus contradicciones, pero todavía sienten la necesidad de creer en “algo”, y de alguna forma sienten que tiene que haber algo allá fuera. 
Como ateo lo entiendo, porque el mundo es tan enrevesado y tan injusto, que entiendo la necesidad de creer que tiene que haber algo más que le de sentido a todo.
Es una pena que, realmente, ese éter no exista.

San Vicente, Rock Star

Estas Navidades nos pasamos por el Museo de Historia de Valencia. Una agradable sorpresa. Nunca había estado y nos pareció un sitio interesante y bien organizado. 
Pudimos disfrutar de una exposición temporal sobre San Vicente Ferrer, explicada a un pequeño grupo de personas por uno de los comisarios, un tipo fantástico, historiador entusiasmado con su trabajo que logró transmitir su pasión a todos nosotros.
Lo que descubrí es una historia totalmente desconocida para mí, la de un personaje que podría describirse como una estrella del rock del siglo XV.
En una época en la que no había televisiones, cines o internet para entretenerse, este charlatán embaucador utilizó sus historias del fin del mundo (decía que estaba a punto de llegar) para convocar a las masas en una gira que le llevó durante años por muchas ciudades de Castilla, Aragón, Francia, Italia, Países Bajos… Las personas influyentes de muchas ciudades le pagaban para que viniera a montar su “espectáculo”, ya que las masas que congregaba eran beneficiosas para las economías locales.
Su erudición, don de lenguas, capacidad de hablarle al pueblo con un lenguaje claro, lleno de metáforas y ejemplos, le convirtieron en la mayor celebridad del momento. En ese contexto adjudicarle milagros era inevitable, y se le atribuyeron muchos y muy disparatados. ¡Incluso fue capaz de regenerar un niño que había sido descuartizado y guisado por su madre! 
Todo un personaje, como se ve, y una oportunidad para entender otra época, para darnos cuenta de las diferencias y las similitudes con el mundo en el que vivimos.

Confesor Virtual

Las nuevas tecnologías tendrán aplicaciones inesperadas.
Como podría ser el caso de un Confesor Virtual. Le puedes llamar, contarle tus pecados, te escuchará, gracias a sus algoritmos de inteligencia artificial elegirá el tono más adecuado para hablarte, decidirá las penitencias que tendrás que afrontar para redimir tus pecados.
Le empresa que llegara a controlar algo así controlaría el mundo, ya que tendría acceso a todos los secretos más oscuros de las personas.
Quizás este fue el secreto del dominio de la Iglesia Católica todos estos años…

El Fin de Mundo: no lo veo como concepto

Nunca he entendido el miedo al Fin del Mundo, tal y como es entendido por las religiones.
Eso de que llegará un momento en que Dios dice “vale, hasta aquí hemos llegado, me habéis tocado tanto las pelotas que voy a cerrar la paraeta”. Y viene entonces lo del Armagedón ese, con sus fuegos y sus leches, y se acaba el mundo. 
Es en ese momento, se supone que empieza el Juicio Final. Pero, ¿y toda la gente que había muerto antes? ¿Fueron ya juzgados, o han estado esperando en una especie de Limbo? Puede ser, Dios es Dios y puede hacer lo que quiera.
El caso es que a todos nos llega nuestro particular “Fin del Mundo” cuando morimos, no hace falta esperar a que todo el planeta acabe al mismo tiempo. Por lo que no hace falta que temerle a esa supuesta hecatombe bíblica.
En fin, que qué más da, si soy ateo. Aunque, claro, este tipo de contradicciones son las que me convirtieron en ateo cuando era un chaval.

El peligro de rezar demasiado

A partir de 1315 el mal clima generó varios periodos de hambrunas. Para colmo, la Peste Negra apareció por aquellas fechas, provocando entre unas cosas y otras un descenso considerable de la población en Europa. Una Europa en la que la omnipresente Iglesia Católica (u Ortodoxa, según la zona) controlaba la vida espiritual de todos.
Así que todos a rezar, para ver si llueve, o deja de llover, o que la enfermedad se aleje. Pero, reza que te reza, la cosa no cambia, será que no hay cobertura, y esta actitud de “Dios pone, Dios quita”, con su consecuente dejadez, probablemente tampoco contribuyó a que nada mejorara.
Consecuencia: que mucha gente empezó a cuestionarse si estas cosas de iglesias, con estos procedimientos tan poco efectivos, tenían su aquel. Un cambio de percepción que para algunos historiadores fue el germen de los movimientos que unos 150 años después provocarían cismas en la Iglesia y cambios en las estructuras sociales.

Escuchar voces

En los últimos días he visto la mini serie “The 2 Popes” y la mayoría de los capítulos de la serie “The Messiah”. La primera interesante, la segunda un bodrio que sólo sigo por curiosidad.
En ambas historias encuentro la fábula de un Dios que se comunica con señales que no son fáciles de entender. Que si el Papa Francisco, cuando era joven y estaba dudando entre convertirse en cura o casarse con su novia (¡?), pasa por la puerta de una iglesia, decide entrar y entiende que Dios le está diciendo que se dedique a su negociado. Que si el Papa Benedicto XVI planea abdicar pero no sabe cómo evitar que su contrincante principal, el cardenal argentino que acabará siendo el Papa Francisco, sea su sucesor; pero entonces va y recibe una petición de este cardenal para jubilarse; el Benedicto, en lugar de decir “joer que potra, esta es la mía”, entiende que esta coincidencia en un mensaje de Dios, que le está proponiendo que es el argentino el que debería ser el nuevo Papa. Que si un supuesto Mesías encandila a todos con mensajes ambiguos y vacíos, y si no se entienden, pues será que Dios es misterioso y eso, que lo suyo es dejar de pensar y dejarse llevar, que lo de pensar tiene muy poco flow.
Qué bonito sería que algo así fuera verdad: un ente todopoderoso y bondadoso que cuida de nosotros, nos guía, nos da señales, que no pasa nada si no las entendemos, que él ya sabrá, que no nos preocupemos.
El problema que este cuento de hadas, que puede estar bien para embaucar a nuestros niños cuando les damos los regalos de Navidad, tiene efectos perversos en los adultos, porque se comportan como niños, dejando que ese otro ente, más adulto y sabio, tome las decisiones. Pero encima es una dejadez ilusoria, porque son ellos, a través de sus subconscientes, los que de verdad están tomando las decisiones. Así que, Papa Francisco, no fue Dios el que te dijo que dejaras a tu novia, fuiste tú mismo el que tomó la decisión, aunque no fuiste lo suficientemente valiente para reconocerlo.

Inteligencia Artificial, el nuevo Dios

Dios está en las últimas, la Ciencia y su vertiente práctica, están acabando con Él.

¿Seguro?

La esencia de Dios sigue ahí. Puede que no se trate de una persona barbuda que vive por allá arriba y crea mundos y dicta normas y manda plagas o diluvios. No, ahora se trata de otro tipo de Dios. Puede que no tenga un nombre concreto, pero está implicito en muchas de las cosas que nos rodean.

Una de esas manifestaciones se encuentra en las expecativas que tenemos por esos algoritmos que van a ser capaces de resolver lo que nosotros nos somos capaces de resolver. La “Inteligencia Artificial” tiene un vertiente mágica, es como un ente sobrenatural que viene y resuelve nuestros problemas, sin nosotros saber cómo, ni que nos fuera a importar. Machine Learning, Deep Learning… utiliza algunas de estas palabras y… “voilá”… problema resuelto. Esta actitud haca la Inteligencia Artificial está arraigada en nuestra psique, forma parte de nosotros, los Homo Sapiens, probablemente es incluso una de las razones de nuestro relativo éxito como especie.

Pero estaría bien corregir estas actitudes, evitar utilizar palabras mágicas para cubrir huecos en nuestros discursos. Si renunciamos a tratar de entender la lógica que hay detrás de la tecnología la estamos tratando como un Acto de Fe, empezamos a replicar algunos de los aspectos más incómodos de la Religión.

El Libro de Autoayuda por antonomasia

Las librerías tienen secciones enteras de libros de auto-ayuda, lo que implica que hay una necesidad clara en la sociedad y en las personas de buscar respuestas.

Una necesidad que siempre ha estado ahí, la Religión se ha ocupado de ello. De esta forma podemos entender a “La Biblia” como el libro de auto-ayuda más vendido de todos los tiempos.