Hay títulos de libros que te atrapan antes de abrirlos. Aunque luego el libro no esté a la altura. Algunos de mis favoritos.
Libros
Una semana de reuniones sin sentido y encuentro el libro de David Graeber. ¿Soy yo también un vogón?
Desde muy arriba se pierde la humanidad. Quizá por eso ni Dios acierta con la perspectiva.
De joven la meditación me parecía cosa de flojos. Luego creces, y la gilipollez no se va del todo, pero aprendes.
Los mejores libros son los que cuentan lo que ya sabías, decía Orwell. Cuando leemos, queremos encontrarnos.
Rumiantes que luchan con los cuernos en ángulo para no hacerse daño. Orwell, 1984, y una actualidad estremecedora.
Según Matthew Syed, el futuro depende de la diversidad. Basta pasear por cualquier ciudad para tener esperanza.
Nos han contado que somos egoístas por naturaleza. La historia humana dice más bien lo contrario: cooperamos.
Unas 4.000 semanas de vida, y yo ya he pasado el ecuador. Toca elegir bien a qué dedicar el tiempo, y con quién.
Un diablo que visita Moscú, Poncio Pilatos y Mick Jagger. La novela de Bulgákov que acabó convertida en canción de los Rolling Stones.
«Un barco está más seguro en el puerto, pero no es para eso para lo que fue construido». Dicho en una cárcel, suena raro.
La novela favorita de Mary Shelley no fue Frankenstein, sino una historia apocalíptica que la crítica destrozó y que hoy se entiende mejor.
Una apuesta de Lord Byron en una villa junto al lago de Ginebra dio origen a Frankenstein y al primer relato de vampiros.
Un hotel a punto de cerrar, pasillos vacíos, la habitación 217. Así encontró Stephen King la inspiración para El resplandor.
Sócrates ya avisaba de que leer debilitaba la memoria. Conviene recordarlo antes de demonizar las pantallas.
Kundera mete en su novela un personaje que no influye en nada. Precisamente por eso le gusta.
EE. UU. ganó las batallas y perdió la guerra. Simon Sinek explica por qué: jugaba a otro juego.
Un libro que una amiga me regaló hace casi un cuarto de siglo me ha devuelto a mí mismo.
Imagina vivir sin espejos y verte la cara por primera vez a los cuarenta. Kundera lo resume: tu rostro no eres tú.
El libro de Aleksandr Duguin que estudia el ejército ruso parece la lista de tareas de Putin.