¿Soy algo más que un loro que repite los mantras de su tiempo? Una reflexión sobre la fiebre de la IA, con final escrito por ella misma.
Tecnología
En uno de los futuros posibles seremos las mascotas de la IA. Y es de los más benevolentes.
Antes había que buscar el vinilo. Ahora basta un clic, y quizá por eso la canción vale menos.
Ganamos «selfie» y perdemos «enaguas». Lo que el vocabulario que nace y muere dice del tiempo en que vivimos.
«Este amigo no te conviene». «Vende». «Vota a…». Cómo sería una sociedad con un Pepito Grillo de IA susurrándonos al oído.
Un anciano nacido en 1900 tenía claro el gran invento de su siglo: la bombilla. Sus efectos colaterales lo cambiaron todo.
El niño ochentero soñaba con coches voladores para el año 2000. Llegaron las pantallas, la polarización y el autotune.
«Pepe, ponme una cervecita». El robot doméstico llegará, y lo que nos venderá será no sentirnos solos.
Neveras con cerveza fresquita, antibióticos, música a un clic. Y aun así nos cuesta ser felices.
Hace un siglo el problema eran las boñigas de caballo. Hoy, los patinetes en la acera. Las ciudades siguen cambiando.
Un hombre pelea con una puerta automática que no entiende. ¿Cuántas puertas así nos encontramos todos a diario?
Un iPhone sin batería, una piedra para afilar una lanza y la selva amazónica. ¿Qué vale más para sobrevivir?
La palabra algoritmo viene de un matemático de Bagdad. Hoy los algoritmos deciden qué vemos y qué compramos.
Ya no sacamos vírgenes para que llueva, pero casi nadie entiende cómo funciona su móvil. ¿Pensamiento racional o mágico?
El espejo de Blancanieves es Zoom y el genio de la lámpara, Amazon Prime. Cuentos del mundo, la tecnología os ha comido la tostada.
Diez personas en una terraza, cada una con su móvil, escuchando a Mozart o leyendo a Galdós a través del aire. Es magia, digo.
Con el móvil puedo recorrer años de mi vida en fotos. Hasta 2004. Antes de eso, mis recuerdos están en cajas en casa de mis padres.
Sin Cyrano AR, el sistema de realidad aumentada, no hubiera pasado de la primera cita. Con él, todo fue perfecto. Quizá demasiado.
Mapa en mano, te pasas una calle, los niños asustados detrás… Google Maps habrá salvado más parejas que muchos terapeutas.
Una IA que sabe de tus temas favoritos, usa el tono justo y te cuenta los chistes que más gracia te hacen. ¿Quién querrá hablar con humanos?