Mind upgrade

Hace un tiempo, viajando en tren, observé como una persona de unos 70 años tuvo dificultades para entender el mecanismo que abría y cerraba la puerta que comunicaba un vagón con otro. Se cerraba de forma automática una vez que te alejabas gracias a un sensor de movimiento. Como el hombre no lo sabía, trataba de cerrarla a la fuerza, pero al acercarse… ¡la muy puñetera volvía a abrirse! Cuando se daba por vencido se alejaba, el mecanismo activaba el cierre automático y el hombre, al darse cuenta de que, de forma lenta, se iba cerrando, se acercaba otra vez para ayudar a que se cerrara. Pero, claro, al detectar movimiento, el sensor mandaba a la puerta abrirse otra vez… Y así, el pobre hombre, tratando de cerrarla, alejándose, acercándose… Una situación algo cómica, la verdad, hasta que algunos de nosotros le indicamos que lo que tenía que hacer era olvidarse de la puerta. Ésta persona no entendía aquel endiablado mecanismo, era algo tan alejado a sus experiencias que no entendía lo que estaba pasando.

Pero, ¿con cuántas de situaciones similares nos enfrentamos todos nosotros en nuestro día a día? Tal vez no son tan cómicas o evidentes, pero la complejidad del mundo que nos rodea, su continua evolución, nos expone a muchas situaciones para las que, probablemente, nuestros cerebros no estén tampoco adecuadamente equipados.