Los pequeños gestos encauzan tu día y el de quienes te rodean. Efectos mariposa de andar por casa.
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Hace un siglo el problema eran las boñigas de caballo. Hoy, los patinetes en la acera. Las ciudades siguen cambiando.
Los mejores libros son los que cuentan lo que ya sabías, decía Orwell. Cuando leemos, queremos encontrarnos.
Rumiantes que luchan con los cuernos en ángulo para no hacerse daño. Orwell, 1984, y una actualidad estremecedora.
La rutina tiene mala fama, pero es la que da la calma necesaria para tejer palabras. Bienvenida de vuelta.
Según Matthew Syed, el futuro depende de la diversidad. Basta pasear por cualquier ciudad para tener esperanza.
La ciencia necesita probar lo que dice. La pseudociencia y las conspiraciones, no. Eso es competencia desleal.
Un hombre pelea con una puerta automática que no entiende. ¿Cuántas puertas así nos encontramos todos a diario?
Arriba es bueno, abajo es triste, lo cálido es amable. Y si estás bajo, muerde un lápiz.
Nos han contado que somos egoístas por naturaleza. La historia humana dice más bien lo contrario: cooperamos.
El lenguaje taurino es bellísimo. Lo que describe, no tanto. El lenguaje nunca es neutral.
Sabemos cómo morirá el Sol. Lo que no sabemos es si nos extinguiremos por tontos o nos iremos por listos.
Hortensia debería ser una ciudad italiana y las Almorranas, un archipiélago del Pacífico. Deslices del que puso nombres.
Lo importante casi nunca se planifica. Hay que salirse del camino, comerse los bordes y no tirar nada.
La realidad tiene demasiadas aristas. Por eso nos contamos historias con su planteamiento, nudo y moraleja.
Genes, familia, época: todos jugamos a una lotería que no elegimos. Mensaje para el que reparte los números.
Unas lagartijas que se reproducen sin machos pero todavía se acuerdan de lo bien que se lo pasaban sus antepasados.
Incoloro, inodoro, causa miles de muertes al año y está en todos los ríos. Es el agua, y la broma demuestra lo crédulos que somos.
El besugo que me como y yo tenemos un ancestro común. Eso explica muchas cosas, como la cantidad de humanos que se comportan como besugos.
Unas 4.000 semanas de vida, y yo ya he pasado el ecuador. Toca elegir bien a qué dedicar el tiempo, y con quién.