Una apuesta de Lord Byron en una villa junto al lago de Ginebra dio origen a Frankenstein y al primer relato de vampiros.
Archivo de Categoría: Opinión
El destino es como esas caras que vemos en las nubes o en las tostadas. Y que no exista es, en realidad, una liberación.
«Verde que te quiero verde, verde viento, verdes ranas…». Detrás de cada obra maestra hay un amigo que dijo «dale otra vuelta».
Mapa en mano, te pasas una calle, los niños asustados detrás… Google Maps habrá salvado más parejas que muchos terapeutas.
Una IA que sabe de tus temas favoritos, usa el tono justo y te cuenta los chistes que más gracia te hacen. ¿Quién querrá hablar con humanos?
Antes podías desmontar un reloj y entender cómo funcionaba. Hoy ni las empresas entienden sus propias cadenas de suministro.
Un hotel a punto de cerrar, pasillos vacíos, la habitación 217. Así encontró Stephen King la inspiración para El resplandor.
El horizonte, por definición, es inalcanzable. Y eso está bien.
Lleno el depósito para ir a trabajar y, por unos minutos, mantengo caliente la piscina de la mansión de un golfista.
Happy, la elefanta del Bronx, se reconoce en el espejo. Yo, a mi edad, ya no. Igual pido que me reconozcan como elefanta.
Si la confusión es un orden que no se entiende, ¿cómo llamamos al desorden que creemos entender?
¿Cuánto vale este cuerpo serrano? Las aseguradoras, esos cupidos incomprendidos que ponen ceros al cariño.
Hoy se puede nacer años después de haber sido concebido. Lleva la idea un poco más lejos y acabas pensando en meteoritos.
De los romanos a esta parte, ¿y si los verdaderos reyes del mambo siempre fueron los fontaneros?
Antes había una escupidera en cada bar. Las sociedades cambian, y pueden elegir tener menos inmundicia y menos tontería.
Ellos cruzaron el Pacífico en canoa leyendo nubes y olas; nosotros ponemos el GPS para ir al súper.
Las injurias no fosilizan bien, pero alguien tuvo que soltar el primer «¡Gilipollas!» de la historia.
Desde la razón no se entiende el apoyo a la monarquía británica. Y ese es justo el error: es pura emoción.
Quizá la batalla eterna entre el bien y el mal sea en realidad una batalla entre tontos y «enteraos».
Todos somos Truman y, a la vez, actores secundarios en el show de los demás.