Todos somos Truman y, a la vez, actores secundarios en el show de los demás.
Psicología
Por cada padre con un plan que triunfa hay otros diez que fracasan. Esas no son películas.
A los 12 años, Henry Miller vio a una madre abrazar a su hijo y no daba crédito. ¿Las madres hacen eso?
Sin agua duramos tres días y sin aire dos minutos. ¿Y qué personas son como el aire que respiramos?
¿Puede ser racista una persona ciega? Parece que sí, porque el racismo no está en los ojos.
Quince años acusando a inocentes por un error informático. Y al frente, una CEO que también era sacerdote.
Henry Ford tenía razón con lo del pensamiento positivo. Pero sin pasarse de frenada, pequeño saltamontes.
El juicio a Eichmann cambió cómo vemos el Holocausto. Y se logró con alguna que otra irregularidad.
La báscula, la cuenta, los pasos, las calorías… ¿Cómo vivía la gente antes sin tanto número?
El mismo optimismo tozudo que nos hizo perseguir gacelas durante horas podría estar detrás de las crisis financieras.
El paso del tiempo es una cabronada: lo que ganas por un lado, lo pierdes por otro.
Una máquina de la verdad en cada móvil. Una sociedad sin mentiras. No suena bien, ¿verdad?
Pensaba que todos habíamos sentido alguna vez que vivimos en El show de Truman. Al parecer no.
Nadie esperaba que el cómico estuviera a la altura. Nuestro pasado no siempre predice cómo responderemos.
Cómo reconocer a un charlatán por su discurso. Y, sobre todo, cómo reconocerlo en nosotros mismos.
Tenemos satélites y análisis de ADN, pero seguimos tocando madera. La racionalidad es una máscara.
Si un algoritmo sabe en marzo lo que regalarás en Navidad, quizá tu libertad de criterio sea más bien un espejismo.
La memoria no es una película francesa de los 70: es un tráiler vertiginoso de 20 segundos.
En cada cruce dejamos atrás otros yos. Al final, lo único que nos queda es el camino que hemos andado.
Imagina vivir sin espejos y verte la cara por primera vez a los cuarenta. Kundera lo resume: tu rostro no eres tú.