Gestionar la Complejidad

Photo by Startup Stock Photos on Pexels.com

Ninguno de nosotros espera que los albañiles que montan cocinas sean capaces de prepararte un plato exquisito para cenar, o que la mecánico que te arregla el coche sea la conductora más rápida de los alrededores, o que el operario que monta un juguete en una fábrica venga a jugar con el niño a casa. Aunque hayan albañiles que sean unos cocinillas, o mecánicos que sean fanáticos de la velocidad, u operarios de fábrica que tienen un don especial con los niños. En principio tenemos cocineros, pilotos y cuidadores infantiles para todas esas otras cosas. Esto es debido a la especialización, que ha hecho posible que las civilizaciones se hayan desarrollado y crecido en los últimos 10.000 años, y, vaya, que nos ha ido relativamente bien durante todo este tiempo (guerras, desigualdades e impacto ambiental aparte…).

El problema es que el nivel de complejidad de lo que nos rodea está incrementándose de forma exponencial en las últimas décadas, la tecnología está acelerando esa especialización, cada vez constreñida a espacios más específicos, a la vez que el número de componentes necesarios para que algo funcione se incrementa y se vuelven más opacos.

Pongamos el ejemplo de un reloj de pulsera. No hace tanto, alguien con el suficiente nivel de interés y paciencia podía desmontarlo, deducir como funcionaba, y volverlo a montar, debido a que eran objetos eminentemente físicos. Hoy en día esto no es posible, ya que los componentes electrónicos y de software que contienen provoca que muchos de sus elementos sean indescifrables para el inexperto. Y lo mismo puede decirse de el resto de productos que nos rodean, desde automóviles a lavadoras, pasando por playstations y microondas.

La cadena de dependencias para que algo funcione se convierte en especialmente compleja cuando de lo que hablamos no es de un producto sino de un sistema o un servicio con multiples componentes interactuando de forma coordinada. Por ejemplo, en esta época que nos ha tocado vivir, post-pandemia y con guerras de por medio, muchas empresas están sufriendo especialmente con sus cadenas logísticas y de fabricación. Todas andan locas tratando de entender el impacto de la falta de este o aquel componente en sus lineas de producción, perdidos en una intrincada red de sistemas, países y proveedores, notando la falta del conocimiento necesario para entender todo el proceso de principio a fin. Un sistema que ha ido creciendo de forma progresiva durante años en un entorno más estable, añadiendo componentes y complejidad, y ahora que las cosas vienen mal dadas se están dando cuenta de que se ha convertido en un proceso indomable.

Esta complejidad sigue creciendo de forma exponencial, lo que nos espera dentro de 20, 50 ó 100 años será mucho más enrevesado todavía. ¿Cómo vamos a ser capaces en ese futuro cercano de afrontarla?

No creo que exista una respuesta clara, la solución vendrá dada por una combinación de factores, pero una forma de afrontar estos desafíos será, quizás, que las empresas empiecen a crear un nuevo rol: el de los Gestores de la Complejidad, personas que controlen el nivel de abigarramiento de los sistemas, tratando de reducirlo cuando sea posible, asegurando que el conocimiento se mantiene, definiendo las reglas y capacidades organizativas necesarias para su funcionamiento, en un contexto de cambio y evolución permanente.

En cierto sentido en muchas empresas empiezan a haber roles de «Architectos» de esto y aquello, pero por ahora los veo más como «filósofos» con visiones parciales y poco prácticas de la complejidad que se supone tienen que afrontar. Así que aún tienen que evolucionar hasta merecer ese título tan poético de «Gestores de la Complejidad«.