Happy, la elefanta del Bronx, se reconoce en el espejo. Yo, a mi edad, ya no. Igual pido que me reconozcan como elefanta.
Autor: Sergio Rozalén
Un reverendo que murió sin saber que sus fórmulas, quizá pensadas para calcular milagros, acabarían recomendándote películas.
Si la confusión es un orden que no se entiende, ¿cómo llamamos al desorden que creemos entender?
¿Cuánto vale este cuerpo serrano? Las aseguradoras, esos cupidos incomprendidos que ponen ceros al cariño.
Una nave perdida, unas mentes digitales y 25.000 años por delante para aprenderlo todo.
Hoy se puede nacer años después de haber sido concebido. Lleva la idea un poco más lejos y acabas pensando en meteoritos.
De los romanos a esta parte, ¿y si los verdaderos reyes del mambo siempre fueron los fontaneros?
Antes había una escupidera en cada bar. Las sociedades cambian, y pueden elegir tener menos inmundicia y menos tontería.
Ellos cruzaron el Pacífico en canoa leyendo nubes y olas; nosotros ponemos el GPS para ir al súper.
Las injurias no fosilizan bien, pero alguien tuvo que soltar el primer «¡Gilipollas!» de la historia.
Desde la razón no se entiende el apoyo a la monarquía británica. Y ese es justo el error: es pura emoción.
Fui yo el que le echó a la calle. Y él, entre lágrimas, me dijo que aquello merecía una canción.
Quizá la batalla eterna entre el bien y el mal sea en realidad una batalla entre tontos y «enteraos».
Un día WhatsApp empezó a mostrar mensajes de hace cinco años. Y el que contestaba era yo.
Psicópata y caníbal, sí, pero qué bien cocinaba el tío. Un matrimonio ante un dilema moral muy suyo.
Vallecas, 1987. Un porro, un cuesco y una lección de relatividad que ni el mismísimo «Insistein».
Una vidente virtual lee la mano a sus clientes. Y alguien en Kampala vigila lo que dice.
Todos somos Truman y, a la vez, actores secundarios en el show de los demás.
Es todopoderoso, perfecto, lo sabe todo y te ama. Pero, de alguna forma, necesita tu dinero.
Hay normas que tuvieron sentido hace siglos. La Segunda Enmienda, como algunos versículos del Deuteronomio, quizá ya no.