El Horizonte

Mi padre es de una pequeña aldea de la serranía que se extiende al sur de la provincia de Albacete, montañas que marcan la frontera física con Andalucía.

De me pequeño, me cuenta, miraba el horizonte y se preguntaba que había más allá. Eran los años 40 del siglo XX, en la aldea no había suministro eléctrico, las mujeres lavaban la ropa en lavaderos junto al río, en la carretera que pasaba junto al pueblo los niños jugaban a fútbol, de vez en cuando tenían que parar para dejar pasar a los pocos coches o camiones que circulaban por ella. Había una escuela en la aldea, con un profesor para todos los niños, apenas les daba para aprender a leer y escribir.

Siempre he dicho que la infancia de mis padres se parece más a la de un niño de la Edad Media que a la mía. Y esta referencia tan cercana a una vida más simple creo que me ayuda a poner en entredicho algunas ideas. Por ejemplo, el nacionalismo.

Me imagino a una persona del siglo, por ejemplo, XVI, en esas mismas montañas. No sabe ni leer ni escribir, sabe de cosas como Flandes, América, Santander o Galicia, unos sitios más lejos que otros, pero no sabría ponerlos en un mapa porque no ha visto nunca un mapa, o si lo ha visto no sabe como interpretarlo. Esta persona ya tiene bastante con preocuparse de las cosechas y del estado de ánimo del señor que controla la región en la que vive.

¿Se siente esa persona “española”? O en otros lugares, ¿”francés”, “portugués” o incluso “catalán”?

Yo creo que no.