Hoy en día utilizamos palabras y expresiones que describen realidades que estaban ocultas o simplemente no existían, como «Internet«, «Youtuber«, «Violencia de género«, «Género no binario«, «Selfie» o «Clic«.
Al mismo tiempo, estamos perdiendo vocabulario para conceptos que dejamos de utilizar , como «Enaguas«, «Miasma» o «Éter«, un avance por la cosa de dejar atrás ropas interiores incómodas o comodines pseudocientíficos.
Pero lo preocupante es la realidad que se nos está volviendo invisible porque compramos nuestra comida en el super y utilizamos GPS, calendarios y relojes. Ahora no miramos ni el cielo ni las estrellas, no nos fijamos en las nubes, en la dirección del viento, en los movimientos de las aves, no reconocemos sus cantos, los olores del bosque, los tipos de tierra, las distintas variedades de plantas, no nos fijamos demasiado en la estacionalidad de los alimentos. Nuestro vocabulario para describir nuestro entorno natural es muy limitado debido a que habilidades que antes eran esenciales para la vida diaria han sido reemplazadas por la tecnología y los supermercados.
Pero no quiero caer en la trampa del Mito del Buen Salvaje, que estoy escribiendo estas lineas en un portátil, muy calentito, bien alimentado y bien de salud en mi casa.
Que resulta que también hemos perdido vocabulario para describir los diferentes tipos de torturas o los diferentes tipos de esclavos que podías comprar en un mercado, como Ordalía (pruebas físicas para determinar la culpabilidad o inocencia de una persona, basadas en la idea de que Dios intervendría a favor del inocente), Estrappado (forma de tortura en la que una persona era colgada por las muñecas, atadas detrás de la espalda) o Quadroon (personas con un cuarto de sangre africana).
El lenguaje es un reflejo del tiempo en que se vive, y bien mirado, cualquier tiempo pasado no fue mejor.
