Sigue siendo mi pueblo

Hace un par de semanas escribí la entrada «Las maderas de mi pueblo». Estuve unos días allí por unos trámites que tenía que hacer, en mi empresa puedo trabajar en remoto, y tras las largas jornadas laborales salía a caminar para despejarme. El pueblo se me mostraba bullicioso, con bares y tiendas repletos, y el hecho de que caminara y caminara y apenas me encontrara conocidos o amigos me trajo a la memoria la paradoja del barco de Teseo, al que le cambian las maderas y se llega a un punto en el que no se sabe si es el mismo barco. La conclusión a la que llegué es que, aunque fuera diferente, todavía lo sentía como mi pueblo.

Escribí esa entrada el 25 de Octubre, ya de vuelta en mi casa, en Inglaterra. El 29 de octubre la DANA golpeó de forma cruel numerosos pueblos del levante español. Entre ellos el mío, Benetússer. Cogí el primer avión que pude para ayudar a mi familia y lo que me encontré es que todo ese bullicio y alegría que sentí solo unos días antes había sido arrasado por el agua y el barro. Una auténtica zona de guerra. Los bares y las tiendas han desaparecido, coches destrozados se encuentran desparramados por las calles y las plazas, los garages están inundados. Y lo peor, las vidas que se han perdido en la zona en la que me crié, no sólo Benetússer, también Alfafar, Sedaví, Massanassa, Catarroja, Paiporta…

Pero nuevas maderas reemplazarán las viejas, las que se ha llevado el agua. Estos pueblos se volverán a levantar, con más fuerza si cabe.

Con bullicio o con barro, todavía sigue siendo mi pueblo.

Fuerza, Valencia.