El conocimiento canino no da para tanto

¿Qué puedo saber?, se preguntó Kant. Su respuesta fue que los humanos sólo podemos conocer lo que está en nuestro mundo observable, y que por lo tanto no podemos responder las preguntas metafísicas más profundas.

Mi interpretación de andar por casa es que de la misma forma que un perro, por ejemplo, no es capaz de entender las leyes de la física porque su cerebro, simplemente, no es capaz de llegar a tanto, el cerebro de los humanos también tiene un límite y se nos van a quedar un buen número de cosas en ese otro lado, «cosas» para las que ni siquiera somos capaces de formular la pregunta adecuada.

Así que, asumámoslo, el conocimiento humano, lo mismo que el conocimiento canino, tiene límites.

Ahora bien, el quid del asunto es esa coletilla que le ponemos al «conocimiento»: humano, canino… Porque resulta que el conocimiento en sí no tiene límites, el problema es quién es el «preguntador». Los humanos no somos los últimos en la cadena. ¿Hay alguien más? ¿Qué viene después de los humanos?

Pues sí, la Inteligencia Artificial. Estamos en los albores de su desarrollo, una inteligencia creada por humanos pero que nos va a sobrepasar y empequeñecer en menos de lo que Chat GPT te escribe un poema. No pensemos en términos de unos pocos años, sino de décadas, siglos, incluso milenios. O más, que a la vida le costó miles de millones de años crear estos cerebros humanos de los que estamos tan orgullosos.

El «conocimiento», un conocimiento completo de todo lo que fue, lo que es y lo que será, es posible, y estamos en camino de consiguirle un interlocutor adecuado, uno que realmente sea capaz de entenderlo en su totalidad, no como nosotros, que nos creemos muy listos pero que realmente somos parientes muy cercanos de los perros (los que, por cierto, con su nuevo rol de mascotas domésticas se están convirtiendo en la verdadera cúspide la Evolución).

La Inteligencia Artificial es ya una realidad capaz de procesar bastas cantidades de información en fracciones ridículas de tiempo, el avance de tecnologías como los ordenadores cuánticos va amplificar sus capacidades a una escala que escapa a nuestro entendimiento. La IA nos va a proporcionar respuestas a muchas preguntas pero no seremos capaces de entender como se ha llegado a esas conclusiones, volveremos al tiempo del pensamiento mágico porque las conclusiones serán cajas negras que escaparán nuestra capacidad de asimilarlas. Quizás nuevos seres híbridos, humano-tecnológicos, serán los protagonistas del futuro que nos avecina. Pero ya no serán Homo Sapiens, merecerán un nuevo nombre para reconocer el salto evolutivo que representarán: Homo Artificial.

Y ese nuevo Homo Artificial mirará a los Homo Sapiens como nosotros miramos a nuestros perros. Pero bueno, si nos tratan tan bien como nosotros a nuestros canes… pues a lo mejor no está tan mal.